
A pesar de su título, el libro se acerca a nuestros días y, por paradoja, señala la inexistencia de una música original cubana, en el sentido de aborigen.
Como es sabido, la isla fue despoblada de naturales y repoblada por blancos y negros, principalmente.
En ese sentido, el origen se da a cada paso. Evora examina ordenadamente las fuentes españolas y africanas de la trasculturación y el mulataje cultural cubano, con su rica secuela de danzas y canciones.
Las fuentes negras son complejas y la organización de los bozales en cabildos obliga a buscar sus raíces en el continente de origen.
Pero no menos compleja es la traslación española de música culta y popular, en sus distintas vertientes. A medida que estudia épocas y tendencias,
Evora va encontrando nombres de personas y objetos musicales, desde una partitura hasta la multitud de instrumentos de pulsación y percusión que alimentan los distintos conjuntos del caso.
Llega, por fin, la eclosión mestiza y culterana del siglo XIX, cuyos ejemplares más refinados alcanzan a nuestros días, a escoger entre Ernesto Lecuona, Amadeo Roldan o Alejandro García Caturla.
Viñetas, ejemplos literarios, oportunas biografías, evocaciones de ambientes típicos (bailes de santería, teatros de sainete y revista, tinglados de danzón) amenizan el informado recorrido, de modo que el lector curioso puede internarse en él sin cargar las alforjas y el que busque el dato puntual, habrá de hallarlo con facilidad.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos
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