
Agua, Eduardo Berti, Tusquets Editores, Barcelona, 1998, 238 pp.
Conocido guionista y realizador de documentales televisivos, Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) cuenta en su haber con un libro de relatos, Los pájaros (1994) y varios textos de asunto periodístico.
La nómina de obras queda ahora enriquecida con su primera novela.
En ella podemos apreciar un acertado uso del lenguaje y un tono sostenido a lo largo del relato.
Por otro lado, el título afianza el valor simbólico del agua en la trama, pues aparte de ser apellido del protagonista, el agua puede extender epidemias, conducir la electricidad y también, si afinamos la metáfora, disminuir la fuerza de un sublimado, aligerando su poder corrosivo.
Hay, sin duda, algo de todo ello en la obra de Berti, pero ampliemos el marco para entender mejor este espacio de simulaciones.
Como veremos, el narrador de Agua va ligando secretas simpatías.
La acción se inicia en la primavera de 1920, cuando Luis Agua, gestor de una empresa de alumbrado, contribuye a iluminar, en un doble sentido, el pueblo portugués de Vila Natal.
Aquí todo respira decadencia, de modo que a Luis le basta sacar de su valija el equipo de demostración para persuadir al auditorio de las cualidades del alumbrado eléctrico.
y con segura penetración, también es capaz de sacar a la luz aquello que oculta el revestimiento social, una vez cogido el hilo de los secretos.
Sin recelo que le cohíba, Agua inicia su comercio en el castillo que preside la comarca.
Esta mansión sirve de refugio a la viuda Antunes Coelho y es asimismo su celda, pues hasta que ella no vuelva a casarse carece de pertenencias, por decisión testamentaria del finado, quien lega al nuevo esposo la mayor parte de su fortuna.
Siguiendo el sentido práctico, la viuda escoge por marido al joven Pedro Broyz –un acierto de personaje doliente–, pero le impone unas condiciones de las que se estilan en las intrigas del romanticismo sombrío.
Para que nada falte a la conjura, se interponen figuras como el aviador Alfredo Acevedo, un anticuario de nombre Míster Roger y Fray Teresino, tronante contra la causa eléctrica defendida por Agua.
Como un estribillo, el religioso repite que Dios no desea una noche iluminada, y ese apagamiento del progreso, sumado a la penitencia impuesta por un brote de cólera, insinúan los tributos y obediencias del mundo ficcional urdido en el libro.
Modelando estos materiales ha conseguido Berti una novela serena que, junto al fmo análisis de los personajes y el reflejo de sus latencias, destaca por la sensualidad del clima obtenido, muy en consonancia con el discurso que arropa.
También es digna de subrayarse la prosa nítida, condensada, sin concesión a la desmesura.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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