
La industria editorial argentina, la más importante de la lengua en la década de 1940, se origina a partir del exilio español provocado por la guerra civil.
Antes de esta dolorosa circunstancia, la edición corría a cargo de libreros que fungían de editores o de cooperativas de escritores que allegaban fondos para promover sus obras. Aparte, desde luego, el Estado y sus organismos tenían su producción especializada.
En 1937, Espasa-Calpe funda su Colección Austral, heredera de los libros de bolsillo de la Colección Universal.
Quien la organiza es Gonzalo Losada, el cual, al año siguiente, inaugura la casa que lleva su nombre.
Seis décadas de trabajo la han convertido en uno de los sellos con mayor tradición y difusión en el ámbito de nuestra lengua.
La Argentina estaba saliendo, por entonces, de los efectos de la Gran Depresión y su economía apuntaba hacia un buen horizonte.
España se destrozaba en una guerra fratricida que empujaba a numerosos profesionales al destierro. En el ramo editorial, especialmente el centrado en Buenos Aires, los españoles trasterrados tuvieron un papel decisivo. Fueron españolas, en su origen, empresas como Emecé, Sudamericana, la mencionada Losada, Santiago Rueda, Bajel y otras.
En Losada, la plana mayor era igualmente española: Guillermo de Torre se encargaba de la literatura, Lorenzo Luzuriaga de la pedagogía, Luis Jiménez de Asúa del derecho y Amado Alonso de la lingüística.
Corrían aquellos buenos tiempos en los que las editoras de libros mantenían colecciones de poesía y de teatro, hoy casi universalmente extinguidas.
Por precios módicos, siete pesos el volumen simple y diez pesos el doble, la Colección Contemporánea divulgaba la literatura de nuestra lengua, en buena parte nutrida con la obra de los exiliados, además de ponernos en contacto con un panorama actualizado de las foráneas. Muchos españoles recordarán que, en las trastiendas donde se conseguían libros prohibidos por la censura dictatorial, el pie de imprenta de Losada era frecuente.
Hoy los signos históricos se han invertido. La prosperidad española es coetánea de la crisis argentina. Losada se ha instalado en Madrid y Oviedo por los oficios de un hombre de empresa, José Juan Fernández Reguera, bajo la dirección editorial de Carlos Ortega y Ruth Zauner en la relación con los medios. Se propone reeditar parte del catálogo histórico disponible e incorporar inéditos.
Si ayer el puente se tendió desde el Viejo al Nuevo Mundo, hoy se reconstruye en dirección inversa. En cualquier caso, una tarea de cooperación e integración culturales, amplía lecturas, ensancha la inacabable tarea de descifrar el mundo.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos
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