Corría el mes de agosto de 1964 cuando Ian Fleming dejaba este mundo. La causa: una dolencia cardiaca exacerbada por una vida de excesos relacionados con el alcohol y el tabaco.
Quedaban para la posteridad once novelas y una antología de relatos protagonizadas por el agente 007, amén de otros títulos sin vinculación alguna con James Bond, a los que se unieron póstumamente una novela y una nueva antología protagonizadas por el espía.
A finales de los años cincuenta, el éxito de la serie literaria permitió a su creador abandonar la profesión periodística y dedicarse a llevar una vida de diletante como escritor. Un éxito de crítica, no sólo de ventas, que cosechó las alabanzas de Noel Coward, Cyril Connolly o Raymond Chandler.
Sin embargo, esto no era nada comparado con lo que se avecinaba.
En 1962 James Bond se había convertido en un fenómeno de masas internacional gracias a la incipiente franquicia cinematográfica. Tras el estreno de 007 contra el Dr. No (1962) llegó Desde Rusia con amor (1963). Goldfinger (1964) se estrenó en septiembre de 1964, un mes después de la muerte de Fleming.
Así pues, no es de extrañar que en estas circunstancias, los herederos del escritor tuviesen deseos de obtener un mayor beneficio y se planteasen la opción de buscar autores que continuasen las aventuras literarias de 007.
Agrupados en torno a Glidrose Productions (Ian Fleming Publications en la actualidad), la compañía poseedora de las obras del autor, decidieron contratar a diversos autores que rotasen en la redacción de las nuevas entregas de la saga Bond.
Sin embargo, sus identidades quedarían ocultas bajo un seudónimo corporativo: Robert Markham.
Hay que aclarar, no obstante, que la posición de los herederos no era unánime al respecto: Peter Fleming, hermano del finado, era el mayor defensor de la empresa; en el lado opuesto se encontraba Ann, la viuda de Fleming, cuyos reparos se centraban en que se pudiese desvirtuar la creación de su esposo. No obstante, esto suena un tanto hipócrita cuando es bien sabido que calificaba como pornografía las novelas de Bond.
Existe otra versión, más mundana, sobre la verdadera razón de tal reticencia: la exposición del legado de Fleming a hipotéticas batallas legales de las que saliese perjudicado. Tal temor se remonta a la demanda que Kevin McClory le ganó a Fleming sobre la novela Operación Trueno (1961), basado en un guión redactado a medias que no llegó a materializarse, y que permitió a McClory hacerse con ciertos derechos cinematográficos y la propiedad de ciertos personajes y elementos.
La primera comisión le fue encomendada en 1966 a Geoffrey Jenkins, escritor de éxito en la época y antiguo protegido de Fleming durante sus días de periodista. La obra, titulada Per fine ounce, fue rechazada por Glidrose por considerar que su calidad literaria no estaba a la altura requerida. Hoy se la considera una obra perdida, ya que la compañía devolvió el manuscrito a Jenkins para evitar hipotéticas complicaciones legales, y sus herederos sólo conservan unas dieciocho páginas de las cerca de cuatrocientas originales.
Al parecer, su trama giraba en torno al contrabando de oro o diamantes en Sudáfrica.
No fue hasta dos años más tarde, en 1968, cuando por fin se materializó el primer Bond post-Fleming: El Coronel Sun (Colonel Sun). Oculto bajo el nom de plume de Robert Markham se encontraba el escritor Kingsley Amis, considerado por la crítica como uno de los grandes novelistas británicos de la segunda mitad del siglo XX, además de ser un sincero admirador de las novelas de Fleming.
La relación literaria de Amis con 007 se remontaba tiempo atrás; lector apasionado de literatura popular, en especial de la ciencia ficción, elaboró diversos ensayos sobre la materia entre los que se cuentan dos en torno a la figura de James Bond: The James Bond Dossier (1965) y The Book of Bond (1965), este último en clave de humor.
También se ha especulado sobre el hipotético papel que Amis habría desempañado en la finalización de El hombre de la pistola de oro, la novela póstuma de 007 que Fleming dejó inacabada al morir.
Glidrose se puso en contacto con diversos escritores para completar el manuscrito inconcluso, entre quienes se contaba Amis, aunque sigue siendo un enigma cómo se terminó de refinar el original.
La suerte de Jim fue la obra que elevó a Amis a la cúspide del Olimpo literario en 1954, tanto en lo que se refiere a la crítica como a las ventas.
En 1967, trece años más tarde y con una turbulenta vida personal a la espalda y una situación profesional que no le iba a la zaga, aceptó la oferta de Glidrose para escribir una nueva aventura de James Bond por la nada despreciable suma de diez mil libras.
En tal decisión se conjugan el trabajo puramente alimenticio y el genuino amor por el personaje. Cabría calificar como natural la decisión de Glidrose: Amis podía ser considerado como alguien cercano a la casa, tanto por los contactos previos como por los ensayos del escritor entorno a 007.
El Coronel Sun vio la luz en 1968 y obtuvo una tibia recepción: las ventas fueron moderadas y pese a que los críticos no fueron negativos, no acogieron la novela con gran entusiasmo. (En España se editó en 1969. Fue el número 50 de la Colección Alcotán, publicada por Plaza & Janés)
La trama se inicia con el secuestro de M, el jefe del servicio secreto británico, y la pesquisa de 007 en pos de su localización y rescate. El asunto culmina en el enfrentamiento a tres bandas entre un trío de potencias.
Amis recurre a los ingredientes habituales de Fleming: localizaciones exóticas, mujeres incapaces de resistir el poder de seducción de Bond, villanos sádicos y físicamente grotescos y grandes dosis de acción y suspense. Todo ello regado con ingentes cantidades de alcohol.
Un punto a favor de El Coronel Sun es que, temáticamente, esta ligada a los primeros Bond de Fleming, y capta totalmente el espíritu del 007 más genuino. La trama tiene como telón de fondo la Guerra Fría, el sordo enfrentamiento entre agencias secretas de distintos países, elementos ajenos a los archivillanos, las organizaciones supercriminales y los artefactos hipertecnológicos inverosímiles.
Si antes les mencionaba la reticencia de Ann Fleming ante la publicación de nuevas novelas de 007, esta pasó a convertirse en abierto rechazo cuando supo que sería Amis el autor elegido, a quien consideraba “un oportunista de izquierdas”. “Amis revestirá a Jim [en referencia al protagonista de la novela mencionada anteriormente] con las ropas de Bond. (…) Tendremos a un Bond simplón y pequeño burgués (…) que terminará como Philby vendiendo su país a Spectra”, fueron algunas de las perlas que dedicó la desaforada viuda al autor que recogía el testigo de su difunto esposo.
Por cierto, estos comentarios estaban contenidos en una reseña de El Coronel Sun que el periódico The Sunday Telegraph le había solicitado. Finalmente, no vio la luz, por temor a que Amis demandase a la publicación por libelo.
Respecto al calificativo de “oportunista”, no juzgaré la dimensión moral de Amis, aunque Ann Fleming no iba errada respecto a la filiación política del escritor: estuvo afiliado al partido comunista durante la brutal tiranía estalinista. De hecho, el propio autor se autocalificó de “lacayo de la Komintern” años más tarde.
No obstante, Amis había abandonado las tesis comunistas en 1956, tras la el cruento aplastamiento soviético del intento de Hungría de abandonar el bloque socialista e iniciar su andadura hacia la democracia. Inició una transición que, pasando por la socialdemocracia, terminó en la adopción de una ideología conservadora y anticomunista.
En este sentido, es recomendable la lectura de Koba el Temible, escrito por su hijo Martin Amis, donde se refiere a las veleidades comunistas de su padre, como parte de un enorme fresco que retrata la infinita barbarie de Stalin.
Es posible que el cúmulo de exabruptos vertidos sobre Amis por Ann Fleming ayudase a mitigar las tensiones de la buena señora, aunque también es probable que encontrase el máximo alivio en el hecho de que no apareciese ninguna novela de Bond durante el resto de su existencia. Falleció en 1981, año en que John Gardner retomaba las andanzas literarias de 007.
No obstante, Amis intentó seguir vinculado a 007: por un lado, propuso a Glidrose dos proyectos literarios más, de los que pocos de talles se conocen, y que no llegaron a realizarse. El primero era una nueva novela cuya trama transcurriría en México y el segundo, una historia donde un Bond septuagenario volvía del retiro para encargarse de una última misión.
Por otro lado, el autor intentó que su novela fuera llevada al cine por Eon Productions, la productora de la exitosa franquicia cinematográfica, hecho que dio pie a un desagradable episodio.
Al parecer, Harry Saltzman, copropietario de los derechos cinematográficos junto a Cubby Broccoli, tenía El Coronel Sun en su lista negra. El motivo de esto era una venganza personal del productor contra Glidrose, tras rechazar la publicación de Per fine ounce, ya que había patrocinado la publicación del malogrado proyecto de Geoffrey Jenkins.
Amis llegó a ver cómo El Coronel Sun fue adaptada al cómic, seriada en el diario Daily Express entre diciembre de 1969 y agosto de 1970, con guión de Jim Lawrence y arte de Yaroslav Horak.
El Coronel Sun, la que puede considerarse como la mejor novela de 007 ajena a la pluma de Ian Fleming, se quedó en una simple rara avis del panorama literario. Su publicación abrió un hiato de trece años hasta la aparición de una nueva novela de James Bond.
Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.
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