
El mundo iluminado, Ángeles Mastretta, Alfaguara, Madrid, 1999, 204 pp.
Dentro de la diversidad de estilos defendida por la escritora mexicana Ángeles Mastretta (Puebla de los Ángeles, 1949).
El mundo iluminado nos reclama en la tentativa de localizar otro refugio para la evocación, el azar y la euforia, un refugio que de nuevo consiente la liberación de imágenes cautivas, al igual que sucedía en el volumen recopilatorio Puerto libre (El País/Aguilar, 1994).
En esta ocasión, Mastretta demuestra un sentido muy vivo del encanto a la hora de hilvanar una colección de piezas catalogables en espacios tan heterogéneos como la prosa poética, el artículo y el relato.
Tomando el título del discurso que pronunció por la obtención del Premio de Novela Rómulo Gallegos en 1997, su nueva entrega roza en ocasiones la mitología del spleen para inmediatamente regenerarse con un gesto de optimismo, lo bastante cálido como para que los lectores participen de su nervio, dondequiera que miren.
Al redactar sus notas, el destino incurable de la narradora desemboca en el lugar de la literatura: «Nos dedicamos a escribir un día con miedo y otro con esperanza como quien camina con placer por el borde de un precipicio. Ayudados por la imaginación y la memoria, por nuestros deseos y nuestra urgencia de hacer creíble la quimera.
No imagino un quehacer más pródigo que éste con el que di como si no me quedara otro remedio ».
Para captar de un modo apropiado lo que Ángeles Mastretta se esmera en exponer mediante su confidencia, sólo hay que atender las múltiples cadencias de su imaginación, puesta en movimento por lo cotidiano y sus anhelos más íntimos.
Proliferan en estas páginas retratos a pluma de figuras familiares, construidos con un manejo inventivo del lenguaje y algún que otro detalle de asombro en los contenidos.
En este orden, Emilia Sauri, el personaje central de Mal de amores (Alfaguara, 1996), resuelve un modo de soñar la novela en uno de los pasajes.
Surge asimismo la ocasión de invocar a Jane Austen y basta un diálogo casero para comprender qué tendrá en común Luis Miguel, estrella pop, y Julio Cortázar, creador de mandos.
Con otro tono, el compañero ideal se tiñe de nostalgias al evocar a Renato Leduc o a Marcello Mastroianni, y puestos a distribuir rasgos galantes, el perro Gioco sigue los versos de Quevedo en su recuperación sentimental e incluso Pedro Infante suscita el desvarío y la mirada singular.
De primera impresión, El mundo iluminado está vertebrado por un modo de explorar el caleidoscopio interior que deja traslucir el misterio de nuestras percepciones y su secuencia espectral.
Quien sintonice con la tranquila lucidez de su escritura, hallará en este volumen un arsenal de situaciones pretéritas, escenas de sosiego dominical, viajes y no pocos temores creativos, por lo demás nunca triviales.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
29 días atrás
29 días atrás
133 días atrás
164 días atrás
2677 días atrás
5599 días atrás
3043 días atrás
5235 días atrás
4870 días atrás
5235 días atrás
4870 días atrás
4139 días atrás












































































