Elegía a Gutenberg. El futuro de la lectura en la era electrónica, Sven Birkerts, traducción de Daniel Manzanares, Alianza, Madrid, 1999
El profesor Birkers, crítico literario norteamericano, ha comprobado que sus alumnos no pueden ya leer a Henry James.
Lo hallan arcaico, de periodos demasiado largos, excesivamente analítico, poco lineal en sus exposiciones, despectivo para el lector desde su altura irónica.
Educados por el videojuego, la televisión y el compacto interactivo, estos jóvenes nacidos hacia 1970 son impenetrables a la literatura.
Los mensajes se han reducido para ellos a información, es decir, justamente, a aquello que la literatura como tal nunca ha hecho.
Ya Alvin Keman en 1990 sostuvo que la literatura había muerto.
Quizá simplificó la fórmula y, en rigor, quiso decir que había perimido la institución social de la lectura literaria.
Literatura habrá mientras alguien la escriba, contestaría Perogrullo.
Pero el enfoque kemaniano que recoge Birkerts es otro: «La literatura y los valores humanos que asociamos con ella han sido despreciados y han resurgido en una forma degradada. No se han extinguido, pues nuestra cultura siempre necesitará aparentar que los tiene en cuenta, pero han sido convertidos en algo seguro, nostálgico e irrelevante».
En compensación, el mundo académico emprendió, sobre todo a partir de los años sesenta, una suerte de cruzada de hiperlectura, acumulando sobre los textos unas densas metodologías de lectura que acabaron sofocando el texto mismo y poniéndolo también al margen, por el camino contrario al anterior.
Paradójicamente, por exceso se consigue lo mismo que por defecto: que un alumno de literatura se aleje de la lectura literaria, el único lugar donde la literatura existe (existe, no es: discurre, vive, se repristina, hace como si empezara de nuevo).
No por novedoso sino por consabido, precisamente, el libro sobre los libros de Birkerts nos renueva en nuestra melancólica contemplación finisecular: nos alejamos de la galaxia Gutenberg a medida que nos acercamos a las galaxias de esa conjetura, el cosmos.
Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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