Nadie, hasta la publicación de En busca del tiempo perdido, había conseguido establecer una relación tan directa, tan íntima y personal, entre lector y novela; y nadie que haya escrito después ha podido liberarse de la influencia de esa nueva manera de concebir el arte de novelar que debemos a Marcel Proust.
«Sodoma y Gomorra» (Sodome et Gomorrhe I-II, Gallimard, 1921-1922) es el cuarto volumen de la serie que abren «Por el camino de Swann», «A la sombra de las muchachas en flor» y «El mundo de Guermantes» y completan, por este orden, «La prisionera», «La fugitiva» y «El tiempo recobrado».
"¿Quién narra la Recherche? –escribe Blas Matamoro– La pregunta es clave para descifrar la «realidad» de la novela, ya que ésta se constituye a partir del recuerdo (y su crítica) del sujeto que narra.
No «sabemos» del mundo más de lo que él mismo dice.
El vehículo informativo del lector es su primera persona.
Desaparece el ojo divino y cósmico del narrador decimonónico, que todo lo sabe, lo ve y lo comprende, y que llega a los lugares oportunos en los momentos necesarios para hacemos saber lo que hace falta.
Se ha quebrado la óptica absolutista del narrador clásico y debemos reducirnos a lo que nos dice un solo «personaje» de la novela, el agujero del calidoscopio por el cual vemos cómo las piezas evolucionan sin poder salir de un recinto limitado por espejos, al ritmo de los movimientos que la memoria del narrador imprime al tubo.
Percibir y recordar –dos tareas fuertemente pasivas– son los hechos que protagonizan la vida de este héroe extenuado que es el narrador proustiano.
Su espesor psicológico parece adelgazarse en cuanto sea po sible, para que el espectáculo objetivo del mundo pase a través de su rememoración, casi sin alteraciones.
Para facilitar este desarrollo, Proust ha dotado a su narrante con algunos rasgos de carácter que tornan verosímil la narración de la Recherche, una sucesión de innumerables hechos mínimos.
El narrador es un burgués que vive de rentas, enfermo, improductivo, ávido de fantásticos prestigios sociales, mitómano del recuerdo, y de las cosas y las personas distantes.
Depende de su familia y de sus servidores para el menor desplazamiento por el mundo.
Su pasividad y falta de intervención práctica en él, convierten la realidad exterior en un espectáculo.
Todo pasa de largo, sin que el narrador pueda, apenas, condicionar el curso de los hechos.
El mundo es un tesoro que se gasta, una fiesta que transcurre hacia su final inexorable, una obra de arte que se contempla con cierta fruición, pero que se deteriora y decae.
La gente envejece y muere.
Una ideología decadente, ya que no una estética decadente, soporta el transcurso de la narración: somos invitados a una función que tiene una duración limitada y cuyos elementos se estropean con el decurso del tiempo.
Perdemos cuanto hemos tenido, y sólo nos queda la posibilidad de recuperado imaginariamente".
Ficha editorial
En busca del tiempo perdido. 4. Sodoma y Gomorra
Marcel Proust (Autor)
Consuelo Berges (Traductora)
Colección: El libro de bolsillo
Bibliotecas de autor: Biblioteca Proust
11 x 17,5 cm.
648 Páginas
Rústica Fresado
I.S.B.N.: 978-84-206-3366-4
Código: 3460573
12,98 IVA no incluido
13,50 IVA incluido
Junio 1998
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto (nota editorial) © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.
29 días atrás
29 días atrás
150 días atrás
150 días atrás
1232 días atrás
2296 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás
2295 días atrás












































































