
Fragmentos de un diario desconocido, Noni Benegas, Sociedad de Cultura Valle–Inclán de Ferrol, Fundación Caixa Galicia, 2004, 84 pp.
Lo que en su poemario reúne la escritora bonaerense queda escalonado en varias etapas.
Es, a un tiempo, minucioso recuerdo y formulación filosófica, mucho más rica de elementos.
A nadie se le oculta que Benegas quiere desentrañar en sus versos uno de los misterios más agudos de la poesía, un enigma a cuyo origen resulta incómodo remontarse: el gozo y fecundidad de lo inefable, cuyo eje se desplaza con la fulmínea revelación de la palabra ("A veces temo esta soledad/que se proyecta en palabras/dictadas como del hueco de un escenario/hueras también en su ampulosidad").
Ordenadas en forma de diario, estas poesías informan sobre la conducta de su autora.
A menudo, ofrecen una guía de imperativos legible en clave biográfica.
El linaje familiar –matrilineal– es causa suficiente y sugiere lecturas de reacción afectiva. Como es obvio, aquí se habla de un diario entre comillas.
Es verdad que de él cabe extraer una síntesis y un recuento, pero se nos escamotean las fechas y las circunstancias.
No obstante, pese a esta imposibilidad de verificación empírica, el verso funciona como una secuela –un tipo de inferencia– que admite un desarrollo regularizado por temas.
Hay tres asuntos fundamentales que condicionan la verdad de la autora: la belleza literaria como ideal que puede ser alcanzado, la imposibilidad de una historia distinta a la que ya ha sido y el amor que se halla en la completa reciprocidad con el otro (madre, amante).
El verso, y las interpretaciones que cabe dar del mismo, permiten expresar las exigencias de una vida en tránsito ("Palabras como objetos numerados de una mudanza/que en algún sitio debo armar").
Lejos de ser invocada para declarar principios de estabilidad o determinismo, como lo serían la esperanza, la rutina o el compromiso, la poesía sirve en este caso para probar que la inquietud es un argumento pragmático ("No puedo alzarme/quiero armarme/para la soledad fecunda/no me busquen/no me dañen/ni me pidan/dejadme en mi terreno herido").
A su modo peculiar, las tensiones y fisuras entre poesía y realidad biográfica se resuelven por medio de metáforas: un agujero angelical (Pizarnik) o un callejón sin salida, donde toda posibilidad se agota, lo posible se hurta y 10 imposible causa estragos (Bataille ).
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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