| Índice de Artículos |
|---|
| Historia de los cuentos de hadas |
| Teoría de los cuentos de hadas |
| El cuento de hadas en España |
| Todas las páginas |
El cuento de hadas en España
En definitiva, todo el pasado de los cuentos maravillosos, surgido de la tradición oral, nos sitúa frente a esa encrucijada mítica. Mucho más tangible es el pasado editorial del género, pues su establecimiento en los dominios de la imprenta tiene fecha y responsables.
Al igual que sucedió con algunas de las antologías que reunieron lo más granado de esta fórmula narrativa, las publicaciones periódicas infantiles se generalizaron por Europa a lo largo del siglo XVIII.
«Y he aquí que, de pronto —escribe Carmen Bravo-Villasante—, se produce el magno acontecimiento en España. Todas estas tentativas cultas en torno a la literatura infantil, como son las fábulas de Iriarte y Samaniego y las colecciones de lecturas amenas traducidas han servido para algo».
Nos dice doña Carmen que en 1798 llega a los lectores el primer periódico infantil español: la Gaceta de los niños o principios generales de moral, ciencias y artes, acomodados a la inteligencia de la primera edad. Fueron sus responsables don José y don Bernabé Canga Argüelles, y la primera tirada se realizó en Madrid, en la imprenta de Sancha. Cada cuadernillo constaba de 32 páginas de tamaño octavo y su contenido, con carácter ilustrado —nos hallamos en el Siglo de las Luces—, adaptaba al gusto contemporáneo el acervo que venimos comentando.
El prodigioso viaje que nos lleva desde el cuento de hadas hasta la literatura infantil propiamente dicha está lleno de enigmas. Sin embargo, en lo tocante a nuestra lengua, el arte se hermana con las tradiciones. En el caso concreto de la América Hispana, la leyenda recobra su importancia y el cuento esconde los tesoros de las civilizaciones precolombinas.
«Cuando, además —insiste Bravo-Villasante—, tras cada parcela de literatura se transparenta el tesoro indígena, entonces el encanto es superior. Es como si a través del español se nos descubriesen otras culturas brillantes como piedras preciosas. El fulgor literario nos arrastra a edades remotas, a las canteras de la leyenda, al cerro Potosí de la imaginación».
Por supuesto, ese rasgo legendario sobre el que vengo insistiendo también distingue la literatura inspirada en los cuentos tradicionales ibéricos.
Como magistral conocedora de las creaciones literarias destinadas a la infancia, Bravo-Villasante contradijo al filósofo italiano Benedetto Croce cuando éste, «en nombre del arte puro, afirmaba que el arte para los niños no será jamás verdadero arte, porque en las obras infantiles hay elementos extraestéticos».
Y es que, al decir de la ensayista, Croce «olvidaba que en otras obras de arte también los hay. Todo género puede ser impuro por sus cualidades extraliterarias».
Por eso, al calor de esta cita, animo a los lectores adultos a que se acerquen de nuevo a los cuentos de hadas, sobre todo cuando éstos han sido transcritos o refundidos por autores de talento.
Ilustraciones: Arthur Rackham. The fairies have their tiffs with the birds. Ilustración del libro Peter Pan in Kensington Gardens, de J.M. Barrie. Warwick Goble. La Bella y la Bestia (1913).
28 días atrás
29 días atrás
57 días atrás
106 días atrás
152 días atrás
126 días atrás
126 días atrás
126 días atrás
157 días atrás
157 días atrás
157 días atrás
286 días atrás
291 días atrás












































































