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Historia del libro electrónico - Caprichos tecnológicos

Índice de Artículos
Historia del libro electrónico
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Caprichos tecnológicos
Avances y retornos
Las dimensiones del negocio
Predicciones y dilemas
Cuestión de derechos
Todas las páginas


Caprichos tecnológicos

El tamaño del Rocket eBook, equivalente al de un libro de bolsillo, concentraba una tecnología muy notable. Al igual que un ordenador, permitía ajustar el tipo y tamaño de la letra, avanzar o retroceder por el texto y diseñar marcadores y notas. Además de una considerable capacidad de almacenamiento, el aparato incluía un dispositivo de recarga, mediante el cual añadir nuevos títulos a su depósito digital. Divergente en diseño, el SoftBook Reader, de la firma SoftBook Press, apareció por las mismas fechas, ofreciendo un repertorio de empleo similar al del Rocket eBook.

La novedad de ambos modelos era evidente. Hasta ese momento, para leer un libro archivado en una computadora era preciso imprimirlo previamente.

Gracias a las dos primeras variantes del libro electrónico, el lector podía sustituir el papel por la pantalla del nuevo dispositivo portátil. Por otro lado, según explica Sánchez Ventero, “estos aparatos disponen de un módem para conectarse a Internet o a un centro servidor de libros, donde el cliente puede mantener su cuenta sin necesidad de disponer de espacio en el propio dispositivo. En cierto sentido, es como poseer una biblioteca privada y accesible, pero totalmente virtual”.

En enero de 2000, la compañía Gemstar-TV Guide International se hizo con las empresas NuvoMedia y SoftBook, formando el consorcio Gemstar eBook Group Limited. Un posterior acuerdo con Thomson Multimedia sirvió de preludio al lanzamiento industrial de las mencionadas patentes de libro electrónico.

Así y todo, en los meses que siguieron a esta alianza, otras corporaciones se sumaron a la competencia, inmersas en un mercado nuevo, donde prácticamente todo podía ocurrir. Vistas así las cosas, era de suponer que nuevas mejoras y enmiendas irían perfeccionando los prototipos con el fin de situarlos en el colofón tecnológico.

Si observa el catálogo de los últimos cinco años, el curioso dispone de los siguientes dispositivos de lectura electrónica: el REB1100, de RCA, diseñado como la segunda generación del Rocket eBook; el REB1200, también fabricado por RCA, esta vez a partir del SoftBook Reader; y el eBookman, cuya patente pertenece a la empresa Franklin Electronic Publishers. En las siguientes líneas de dicha lista, figuran los modelos GoReader, Palm PDAs, Handspring Visor, Compaq iPac H3600 Series, Hewlett Packard Jornada 540 Pocket PC Series, Casio Cassiopeia E-125, Casio EM500 Series Cytale y Korea eBook.

Ni que decir tiene que esta historia tecnológica no ha llegado aún a un punto satisfactorio. En 2003, los sabios de la compañía Hewlett-Packard, bajo las órdenes de Anthony Sowden, crearon otro dispositivo, esta vez muy similar a un libro convencional: un centímetro de ancho y medio kilogramo de peso, con una pantalla de alta resolución que permite pasar las páginas.

Estas declaraciones de Sowden a la BBC dejan claras las premisas del proyecto: “Lo primero que hicimos –explica– fue reconsiderar por qué los libros electrónicos no han tenido mucho éxito. Nos preguntamos qué tenía que hacer un libro electrónico. Así que, en lugar de tomar una pequeña computadora y transformarla en un libro, comenzamos con un libro y le hicimos una versión electrónica”.

En el mencionado prototipo cabían unas diez novelas de alrededor de doscientas páginas cada una. Decir esto y quedar fuera de ritmo viene a ser la misma cosa, porque el desarrollo digital hará que una biblioteca entera se comprima en este tipo de artilugios.

Sorprende que, con estos avances, haya quien se plantee el camino inverso. Así, Internet Bookmobile, de Brewster Kahle, permite transformar un libro digital en un volumen de papel, encuadernado en diez minutos por el precio de un dólar. El sueño del editor casero queda así definitivamente resuelto.



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