
¿Invento o realidad? La generación española de 1898, José Luis Bernal Muñoz, preliminar de Pío Caro Baroja, Pre-textos, Valencia, 1996, 167 págs.
El término «generación de 1898» ha venido suscitando polémicas desde que Ortega y Gasset lo empleara por vez primera en febrero de 1913.
Obras bien conocidas, como La invención del 98 y otros ensayos (Gredos, Madrid, 1969), de Ricardo Gullón, han contribuido a marcar distancias en esa controversia.
El estudioso José Luis Bernal Muñoz se propone ahora terciar en el inacabado debate con un punto de vista tributario del método histórico de las generaciones.
Recogiendo las reflexiones de Ortega, Mannhein y Petersen, entre otros, no sólo apunta todas las posibilidades de ese método, sino que lo aplica meticulosamente al fenómeno literario que presta título a la obra.
Aun reconociendo que no escasean motivos para considerar a los noventayochistas como una manifestación del modernismo, Bernal cree posible demostrar que esa generación existió como tal.
Para el autor, es necesario entenderla como una unidad generacional, integrada por «individuos que afrontan su circunstancia histórica común con determinadas características homogéneas, pero manteniendo posiciones personales diferentes y a menudo radicalmente opuestas» (p. 87).
Las conclusiones vienen justificadas por la aplicación de los factores recogidos por el método clásico de Julius Petersen: herencia, fecha de nacimiento, elementos educativos, comunidad personal, experiencia de la generación, el guía, lenguaje de la generación y anquilosamiento de la vieja generación.
Interesa tener en cuenta que los resortes del mecanismo generacionista cuentan en este caso con un defensor excelentemente documentado, que resuelve con habilidad las dificultades conceptuales del asunto, abundando en todos aquellos extremos que pueden ser objeto de duda.
Por lo demás, en modo alguno se descubre en el libro la intención de manifestar exclusivamente una doctrina científica, pues queda abierto un diálogo provechoso que recibirá nuevas voces.
Hay aquí planteado, aparte del debate entre los saberes especializados y los interdisciplinares, un motivo de reflexión del todo actual.
En cierto sentido, como diría un semiólogo, bastante de performativo hay en la moderna lectura de aquella generación.
Ese espíritu del 98, tantas veces mal invocado por políticos y periodistas de hoy, corre el riesgo de quedar simplificado en una profecía autocumplidora; un diagnóstico tan concluyente que acaba por hacerse realidad.
Es su complejidad, la diversidad de sus fuentes y conclusiones, aquello que el libro de Bernal sugiere y lo que, más allá de objetivos comunes, engrandece a sus figuras.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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