“La experiencia literaria y otros ensayos”, de Alfonso Reyes (Monterrey 1889–México DF 1959), recoge cartas, ensayos, artículos y apuntes de uno de los grandes narradores, críticos y ensayistas iberoamericanos del siglo XX.
Doctor Honoris Causa por La Sorbona, cultivó todos los géneros literarios con talento, teniendo la admiración confesa de Paz, Fuentes, Pacheco, Gómez de la Serna, Ortega o Neruda, entre otros.
Ensayos como La experiencia literaria o Discurso para Virgilio, ensayo político sobre la reforma del Estado también están presentes en este libro.
Con este nuevo volumen, “La experiencia literaria y otros ensayos”, de la Colección Obra Fundamental de la Fundación Banco Santander, se recupera la figura del diplomático, escritor, ensayista y crítico mexicano en el cincuenta aniversario de su muerte.
Una figura de la que Octavio Paz confesaba que “su amor al lenguaje, a sus problemas y a sus misterios, es algo más que un ejemplo: es un milagro”.
Se cumple además el setenta aniversario de la creación del Colegio de México, institución en la que el escritor, por derecho propio, tuvo un papel privilegiado en este centro de acogida de la intelectualidad española tras la Guerra Civil en 1939, sirviendo de apoyo a figuras como Cernuda, José Gaos, Max Aub, entre otros muchos.
En palabras del prologuista y antólogo de la obra, Jordi Gracia, “el exilio entendió muy bien la labor esencial de Reyes desde 1939: reencarnar en México lo que la guerra había devastado y reencarnar como fuera posible las actividades de una élite intelectual en tierra mexicana”.
Organizador de la revista Índice junto a Juan Ramón Jiménez, escritor de una página de historia y geografía para El Sol, y colaborador de La Revista de Occidente desde 1923 por indicación de Ortega, al igual que con Azaña para La pluma, y más tarde, con Los Cuadernos de la Plata en Buenos Aires publicando obras de Borges –que diría refiriéndose a Reyes para la revista Life en 1968, “el mejor prosista de la lengua española del este y del otro lado del Atlántico sigue siendo Reyes”–, Güiraldes o Molinari, entre otros.
En España no pervive la figura del Reyes escritor y ensayista, “a pesar de que algunos de los autores más relevantes del ámbito hispánico han sido deudores explícitos de su magisterio o colaboración”, y nos habla Gracia de La región más transparente de Carlos Fuentes, cuyo título es uno de los textos más famosos de Reyes, por poner un ejemplo.
De este modo, La experiencia literaria y otros ensayos recupera a un escritor que fue no sólo amigo y platicador junto a Azorín, Gómez de la Serna, Salinas, Ortega y tuvo como maestro a Eugenio D’Ors, sino que su “relevancia en México sólo sería comparable a la de Ortega en España”.
Reyes realizó además labor de traductor de Chesterton, de los clásicos griegos, siendo en palabras de George Steiner, amateur en su acepción más antigua, no un crítico, sino alguien que complementa la universalidad y el ecumenismo del amor y la simpatía.
Esta antología, de la que Gracia afirma que no aspira a ser un microcosmos de su obra sino un armazón en tornos a tres ejes: — Su vinculación intelectual y biográfica con la Generación del 27 como crítico, escritor y personaje de esa vida literaria: México, Madrid de la que dice Reyes fue “una etapa central de mi vida, un peso definitivo en mi conciencia”; luego París, las cartas a Ureña, apuntes sobre Azorín, los Cartones de Madrid, o los textos dedicados a Garcilaso, el París cubista, Montaigne y la mujer, Espronceda, Ortega y Gasset, Juan Ramón o la Residencia de Estudiantes, entre otros textos arman este apartado inicial.
Su papel también de repensador en Iberoamérica con Discurso por Virgilio, A vuelta de correo o Notas sobre la inteligencia americana.
Su exploración de La experiencia literaria, ensayo recogido aquí en sus partes más sabrosas o El deslinde, acercamiento a la teoría literaria.
Es sin duda una tarea inagotable acercarse a un autor tan vasto, prolífico y de tal ambición intelectual, sin fronteras, como dice Jordi Gracia, “un humanista luminoso y capaz de poner en práctica ensayos espléndidos de una nueva narrativa de vanguardia con una formación y gusto netamente clásicos”.
Reyes es un escritor sobradamente conocido, al que figuras como José Emilio Pacheco elogian no ya su herencia civil sino una escritura por la que “podemos conocer el mundo, pensar el mundo, explicarnos el mundo.
Una prosa siempre en movimiento que nunca se detiene y jamás se estanca y es y será siempre modelo inimitable de precisión, concisión, suavidad y en primer término naturalidad” o el propio Carlos Fuentes cuando afirma de él, “me enseñó que la cultura tenía una sonrisa: que la tradición intelectual del mundo entero era nuestra por derecho propio y que la literatura mexicana era importante por ser literatura y no por ser mexicana”.
Para Jordi Gracia, es sin embargo, probablemente el diario aún inexplorado de Reyes, el lugar en el que se oculta la dimensión más impresionante del escritor, que perdió a su padre, el general Reyes –a raíz de la contrarrevolución contra Madero en México–, aún joven, y que, como reconoce el propio escritor, tiene algo que ver en ese “fondo de irremediable melancolía que es mi vida, y que nadie conoce”.
En opinión de Gracia, es esta intimidad de Reyes entre tantísimas páginas escritas “la que está vedada, y deliberadamente amputada”, aunque en este diario inédito afloren muchas de las relaciones entre literatura y vida.
Como dijo el propio Reyes, “en suma: deje cada uno vivir al otro y, por su parte, procure hacer bien lo que tiene entre manos”.
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