
Las novelas decadentistas de Enrique Gómez Carrillo, Nellie Bauzá Echevarría, Pliegos, Madrid, 1999, 190 pp.
A propósito del cronista guatemalteco decía Cansinos Asséns que todas sus virtudes de escritor son virtudes francesas, «desde ese aire adormecido y desdeñoso, que nos trae el testigo de alguien que se ha sumergido en los mares de ajenjo de Verlaine y ha probado el sabor de los paraísos artificiales, ese aire que ya tiene un encanto antiguo en la nueva literatura francesa, robusta y fuerte, hasta su sintaxis, que consentiría en traducirle al francés sin cambiar una vírgula».
Autor al que no son ajenos el momento estremecido y la ceremonia púrpura, Gómez Carrillo liga las vicisitudes del decadentismo con un adverbio de contemporaneidad, y en ese gesto, animado por tan fecunda contradicción, proporciona una serie de crónicas llenas de fervor estético, donde se manifiestan con mayor claridad sus influencias literarias, definidas en el despertar común de Lorrain, Villiers de l'Isle Adan, Barres, Huysmans y otros creadores de expresión fuliginosa.
Por lo demás, fácil es reconocer ese talante en su biografía, rica en elementos impresionistas, tan agitada que puede reservar las mayores sorpresas, desde los amoríos de folletín a los viajes exóticos de tradición finisecular.
No escasean los estudiosos de la crónica sentimental a lo Gómez Carrillo, pero faltan análisis atentos de su obra novelística, una obra quizá menor, aunque también luminosa y, cómo no, felizmente sensual y mundana.
Con seguro oficio académico, Nellie Bauzá estudia tres piezas del novelista –Del amor, del dolor y del vicio (1898), Bohemia sentimental (1899) y Maravillas (1899)–, examinando de paso las relaciones de esta trilogía inmoral con la novela modernista hispanoamericana, el discurso erótico finisecular y los elementos básicos de la iconografía fin-de-siècle.
En su búsqueda de los temas recurrentes, el volumen se ajusta con encillez al propósito divulgativo y traza un plano esencial del mundo humano y literario que rodeó al novelista.
Sin embargo, en cuanto a este panorama, es lícita una reserva, pues la autora propone un abigarrado mosaico de opiniones ajenas donde alterna citas imprescindibles –tales son los casos de Mario Praz y Hans Hinterhauser– con otra peor elegidas, cuando no claramente superfluas e innecesarias para construir su atractivo proyecto.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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