No despertéis a los muertos
En Francia es donde la figura del vampiro se asentó con mayor fuerza y donde mayor éxito obtuvo. Charles Nodier y Alexandre Dumas padre, por citar a dos conocidos literatos, escribieron sendas adaptaciones teatrales de la creación de Polidori, que gozaron de gran éxito y popularidad. Los dos cultivaron el tema del vampirismo en otros momentos de su carrera literaria.
En Infernaliana, deliciosa recopilación de breves narraciones sobrenaturales, Nodier recoge varios relatos de vampiros de distinta procedencia: narraciones populares, documentos oficiales u obras literarias ajenas. Uno de ellos es el antes mencionado caso de Arnold Paole. Además, Nodier es autor de una secuela del relato de Polidori, un pastiche firmado con el nom de guerre de Cyprien Bérard.
Algunos autores señalan otra obra como el relato seminal del género vampírico: No despertéis a los muertos. Se desconoce la identidad de su autor y siempre fue atribuido al alemán Ludwig Tieck. Sin embargo, la introducción al relato que figura en la antología Vampiria se asegura que el autor es Ernst Raupach, y se fija la fecha de publicación original en 1823, cuatro años después de que Polidori escribiera su obra.
En cualquier caso, el autor germano coincide con el inglés en que sitúa al personaje central lejos del patrón de las leyendas de Europa oriental.
No despertéis a los muertos narra cómo Walter, mediante el concurso de un hechicero, resucita a su fallecida esposa con el fin de volver a gozar del amor físico. Sin embargo, la resucitada Brunilda precisa de sangre para poder mantener su nueva vitalidad. Tras diezmar a los lugareños y a su servidumbre, acaba con los hijos de Walter, nacidos de un segundo matrimonio, y luego comienza a desangrar a su enamorado.
Éste la descubre durante uno sus cacerías nocturnas, y huye a pedir ayuda al hechicero. El brujo le reprocha que ya le advirtió sobre los riesgos de la resurrección, y después le dice que el método para matar al vampiro es clavarle una daga en el corazón. Debe hacerlo en una noche de luna nueva, cuando carece de poder. También le avisa: si vuelve a recordarla con cariño alguna vez, ella volverá para condenarle.
Esa misma noche Walter acaba con Brunilda. Tiempo después, conoce a una misteriosa dama con la que contrae matrimonio. Sin embargo, la noche de bodas ésta se transforma en una gigantesca serpiente, cuyo abrazo constrictor le causa la muerte. Al tiempo, una voz atronadora resuena en la estancia: No despertéis a los muertos.
Ya ven que la intención de Walter es volver a gozar de los placeres de la carne con su amada, de los que la muerte le ha privado, aunque esto le cueste la vida y el alma. He aquí dos constantes del romanticismo: la rebeldía frente al orden natural y la pasión irrefrenable. Por cierto, habrán caído en la cuenta de que la vampira no corresponde a Walter. Ella es consciente, cuando él quede exangüe, habrá otros hombres con los que saciarse.
Dato interesante: el autor, sea Tieck o Ernst Raupach, crea a un ser que evita la luz diurna, y establece su debilidad en las noches de luna llena.












































































