
Pasión por la trama, Sergio Pitol, Ediciones Era, México D.F., 1998, 204 pp.
La dialéctica establecida entre lector y literato se articula en la obra de Sergio Pitol (Veracruz, 1933) con una coherencia inapelable.
Colonizada por la memoria más íntima, su escritura viene a fijar un rasero individual, el Rosebud cifrado en su trineo.
Para verificar y asentar esta imagen, su Pasión por la trama se organiza como una miscelánea de ensayos, pero también como una propuesta de diálogo que supera el género, engañoso y aun cegador, y subvierte con lo imprevisible todo aquello que suponemos codificado.
De alguna forma, este Pitol ensayista es, o quiere ser, un director que no encierra la obra en un orden bloqueado, y prefiere modular los niveles de lectura.
Todo apunta hacia la especulación más deleitable, allí donde se alternan certezas y excentricidad, el sosiego en la forma de contar y la inquietud más estimulante en los contenidos.
Porque el relator, linterna en mano, ilumina el corredor literario en sus rincones más oblicuos y el desenfoque revela lo huidizo de toda certidumbre.
Fiesta de máscaras que proclama su libertad de lector y analista, esta Pasión por la trama, al igual que la ópera Don Giovanni cuya glosa inicia el volumen, refleja el cambio, los desdoblamientos y las resonancias que toda fantasía seductora pretende.
Y Pitol seduce, guardándose mucho de aclarar cómo, en esta construcción de su memoria libresca, rebosante de saberes laterales.
Es por eso necesario advertir que, cuando afina cada juicio, le importa además el costado próximo y acalorado de Benjamin, Calvino, Tabucchi, Monsiváis, Chéjov, Nabokov y los demás nombres trazados en su temario.
Hemos apuntado, no más que esbozadamente, cómo el inconformista Pitol escapa de las falsillas.
De hecho, parece organizar su retablo de acuerdo con el fugitivo escenario autobiográfico.
Literatura entendida como forma de enriquecer la experiencia, pero también como espejo de fantasmas, prueba de la imposible y tentadora autotrascendencia del escritor.
Por otro lado hemos de añadir que tales presencias, desde su movimiento inaugural, delatan una impecable carpintería literaria, una capacidad para contar precisa, llena de sugerencias a partir de ese centro de gravedad.
En la medida en que este libro sigue el curso de anteriores entregas de la ensayística de Sergio Pitol, también reclama la opción de disponer su gama diferencial en el ciclo.
Pues bien, aquello que confiere a Pasión por la trama su intensidad peculiar es que, evocador de inquietudes bien asentadas, el gusto electivo por la excentricidad se propone como una posibilidad de prodigio y descubrimiento.
Tabucchi, protagonista del tercer bloque de ensayos, ha escrito a propósito de Pitol que su lectura «presupone una constante desconfianza hacia nuestra presunta capacidad de descifrar los enigmas de la vida (...). Porque el lector apresurado, que subestime la naturaleza que fundamenta el equívoco en las novelas de Pitol, corre el riesgo de equivocarse ».
Dicho queda en el prólogo a Tríptico de carnaval (Anagrama, 1999), donde se recogen tres novelas del escritor mexicano.
Y algo similar nos deparan los artículos aquí reunidos, a veces tan desconcertantes como una cinta de Moebius por la cual vamos transitando intuitivamente, sin saber a ciencia cierta si rozamos el interior o el exterior del bucle.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
29 días atrás
29 días atrás
133 días atrás
164 días atrás
2677 días atrás
5599 días atrás
3043 días atrás
5235 días atrás
4870 días atrás
5235 días atrás
4870 días atrás
4139 días atrás












































































