
Durante unas cuatro décadas, Manuel Alvar permaneció ligado a la institución que sucesivamente funcionó bajo los rótulos de Instituto de Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana y Agencia Española de Cooperación Internacional.
Concretamente, la revista Cuadernos Hispanoamericanos lo contó entre sus colaboradores y publicó diecisiete de sus trabajos de varia orientación (lingüística, crítica literaria, filosofía, ficción) a partir del número 136 que corresponde a abril de 1961, donde apareció «El problema de la fe en Unamuno».
Sin duda, la actividad alvariana de mayor repercusión personal ha sido la de Secretario Técnico de OFINES (Oficina Internacional para la Información y la Observación del Español), fundada conforme a la Cuarta Resolución del Congreso de Instituciones Hispánicas y que fue conducida, en su origen, por Manuel Criado del Val.
Entre las tareas asignadas a dicha Oficina figuran: informar sobre la actual situación del español, relacionarse con los centros de enseñanza de la lengua en todo el mundo, hacer un relevo de las personas dedicadas a dicha enseñanza, elaborar un atlas lingüístico del español y estudiar su situación en zonas especiales y fronterizas con otras lenguas, en particular el Magreb, los sitios de habla sefardí y Filipinas.
A tales efectos, cada cuatro años, la Oficina convocaba una reunión internacional cuyo tema permanente era «Presente y futuro de la lengua española».
Por su vocación multidisciplinaria y sus incontables relaciones con las esferas académicas vinculadas a ella, Manuel Alvar consiguió dar especial relieve a los cursos anuales que la Oficina organizaba desde su sede madrileña.
Transcurrían entre enero y junio reuniendo a veinticinco becarios entre españoles e hispanoamericanos.
Recibían clases dictadas por dos profesores semanales, cuya lista sería fatigoso reproducir, pero que pueden ser evaluados por algunos ejemplos: lingüistas españoles (Antonio Quilis, Gregorio Salvador), lingüistas de otros países europeos (Bernard Pottier, Eugenio Coseriu), lingüistas americanos (Humberto López Morales), historiadores (José Antonio Maravall), escritores (Carlos Bousoño, Félix Grande), críticos literarios (Dámaso Alonso, Ricardo Gullón, Rodolfo Borello).
Los seis mejores alumnos eran favorecidos con un cursillo complementario, que tenía lugar en Málaga durante seis semanas del verano y que se montaba con la colaboración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CESIC) y el aporte de instituciones locales del gobierno y la banca.
También funcionaba en el ámbito de la Oficina una Escuela de Investigación Lingüística y Literaria, destinada a trabajos de pesquisa puntual y monográfica acerca de las materias del caso.
Los cursos se dictaron anualmente entre 1965 y 1992.
A punto de convocarse el número XXVIII, la institución decidió suspender las actividades de OFINES.
De algún modo relacionada con las actividades que acabo de reseñar está la publicación de la revista Español Actual, que apareció bajo la dirección de Alvar entre 1963 y 1991, con frecuencia semestral y algunos números monográficos.
Bajo distintas denominaciones institucionales y siempre con el sello de Ediciones Cultura Hispánica, la casa dio a conocer los siguientes libros de Manuel Alvar:
Americanismos en la obra de Bernal Díaz del Castillo, 1990.
Antigua, con fotografías de Daniel Gluckmann y textos de Manuel Alvar, Luis Morales Chua y Luis Luján Muñoz, 1991.
Atlas lingüístico de Hispanoamérica, en colaboración con Antonio Quilis, 1984.
Colectánea lexicográfica, 200l.
Encuestas fonéticas en el suroccidente de Guatemala, 1980.
El español en Paraguay (en colaboración con Jairo García y otros), 200l.
El español en Venezuela (en colaboración con Florentino Paredes), 200l.
La Serena, fotografías de Vicente Llamazares y textos de Manuel Alvar y Gonzalo Ampuero Brito, 1991.
Léxico del mestizaje en Hispanoamérica, 1987.
Norma lingüística sevillana y español de América, 1990.
Nuevo México, con fotografías de Juan Costa, 200l.
Los otros cronistas de Indias, 1996.
A pesar de su formación científica como lingüista, la obra de Alvar apunta más al habla que a la lengua, por aceptar el vocabulario que Amado Alonso adjudica a su traducción del Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure.
Alvar se interesó por la lengua que vive en el habla, por la diversidad fonética, semántica y lexical del español en España y, especialmente, en América, que es donde habita la mayoría de sus hablantes.
Recorrió incontables paisajes y paisanajes en busca de informantes que le permitieran satisfacer una de sus más fuertes fascinaciones: advertir la unidad de la lengua en la proliferación de las hablas y los dialectos.
De ahí su importante conexión con los dialectólogos americanos y las instituciones como las academias de la lengua o de letras con dedicación a la lengua que se ocupan de esta indetenible e inabarcable diversidad del español, tan extendido en la geografía y la demografía americanas.
Indetenible e inabarcable como todo lo vivo y, en el caso de nuestra lengua, en constante ampliación de superficies y poblaciones.
Objetivo y cortés, Manuel Alvar daba sitio, en el trato cotidiano que con él tuvimos quienes trabajábamos contemporáneamente en la casa, a cierta cordialidad amistosa.
Sus alumnos, colegas y compañeros de tareas lo recordamos como le gustaba definirse a él mismo, un aragonés grave capaz de divertirse – baste recorrer la fina socarronería de sus relatos y poemas – como un maño jotero en las fiestas de su pueblo.
Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
45 días atrás
150 días atrás
235 días atrás
268 días atrás
3773 días atrás
5600 días atrás
1948 días atrás
644 días atrás
2107 días atrás
646 días atrás
646 días atrás
1742 días atrás












































































