Signos de descomposición, Norberto Luis Romero, Valdemar, Madrid, 1997, 205 pp.
Con la publicación de Signos de descomposición, la editorial Valdemar nos acerca la primera novela de Norberto Luis Romero (Córdoba, 1949), autor de origen argentino dedicado hasta el momento a la práctica del relato breve.
Para abarcar el propósito encerrado en este libro, basta un sencillo apunte: asistimos al relato en primera persona de un ensimismamiento enfermizo, el de un personaje que apacigua su dolor con los recuerdos y doma su carne con maltratos.
Su madre agonizante y el intruso, sobre quienes proyecta sus obsesiones, cierran con él un triángulo de hostilidad neurótica y desarmonía interna, conflicto a tres bandas que abre paso a otro desvelo en el narrador, esta vez ligado a su naturaleza física: la certeza de contener una tenia en su paquete intestinal.
En Signos de descomposición, el infranqueable retiro, la dejadez indolente del protagonista dibujan los caminos de su decadencia física y mental, distorsionan la percepción que él tiene de sus adentros y también distorsionan su escritura, a la manera de un retrato casi velado, donde lo nítido y lo impreciso se yuxtaponen sobre el papel fotográfico.
Esta ambivalencia hace que el autor explore territorios donde la certeza pierde pie, y cede paso a lo aberrante, en particular cuando se instala en la figura central el delirio solitario y su espíritu resbala incontrolable.
Este narrador que idea Romero con tanto talento vive aferrado a una serie de fantasías de la excreción cuyo indicio más rotundo es la tenia. Perturbado, sobreestima las cualidades del parásito y observa su evolución como un martirio, pero también como si esa criatura fuese un fruto preciado.
La raíz psicogénica de ese delirio se hace evidente desde las primeras páginas de la novela.
De hecho, el autor nos comunica, por boca de su personaje principal, el alucinante placer de la reclusión en un entorno de podredumbre, cuyo fermento continuo identifica el drama íntimo que consume por fuera y por dentro al protagonista, sometido a la inestabilidad de su cuerpo y, aún peor, a las fluctuaciones de su demencia.
Las más notables cualidades de esta novela tienen que ver con su coherente y eficaz modo de exteriorizar el desahogo de un ser atormentado, furtivo, pero por encima de todo con la construcción de una atmósfera extraña y cautivante.
Con estos Signos de descomposición, Romero prueba ser un narrador de calidad, a quien habrá que seguir con interés en sus futuras creaciones.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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