
Sistemas de escritura, Geoffrey Sampson, traducción de Patricia Willson, Gedisa, Barcelona, 1997, 329 págs.
Un año después de su publicación en portugués (Ática, Sáo Paulo, 1996), aparece la edición en castellano de Writing systems (1985), un manual de provechosa lectura para quienes desean aproximarse a la escritura a través de los métodos de la lingüística moderna.
En él, Geoffrey Sampson establece una tipología de los distintos sistemas de escritura existentes, describe su evolución e incluso llega a plantearse cuestiones de orden psicosociológico al respecto.
Hay que decir que es en la segunda actividad donde el investigador revela una mayor solvencia.
Entiende que la lingüística de la escritura permite desandar el camino hasta llegar cerca del origen, y así lo pretende, fijando el punto de partida en las inscripciones sumerias.
Le interesa dilucidar el grado de eficacia de los sistemas, sus condicionamientos sociales y políticos, sus variaciones en función del tiempo y la dispersión geográfica; lo cual nos lleva al razonamiento teórico que sirve de clave al proceso: caso de no considerar la escritura como un fenómeno general, fijando la atención sólo en el subtipo segmental de escritura fonográfica, es lícito suponer una teoría monogenética en la que el alfabeto semítico resulta el antepasado de casi todas las escrituras alfabéticas.
Pero no queda limitado el desarrollo del tema al entorno occidental.
Más interesante si cabe es lo referido acerca de tres formas de escritura orientales: el han'gul coreano, el chino y el japonés.
Estudioso desde hace años de estos tres sistemas, Sampson provee una excelente guía de iniciación, útil para un primer acercamiento al complejo mundo de los ideogramas asiáticos.
La escritura coreana es fonográfica, a semejanza de la familia sernítica, mientras que el sistema chino es logográfico.
Más complejo es el caso del japonés, pues hemos de hablar de un sistema mixto, en el que concurren dos silabarios –katakana y hiragana– y un desbordante conjunto de kanjis o ideogramas.
La lectura de estos últimos es básica para descubrir su significado, pues muchos tienen idéntica pronunciación; sólo la diferente disposición de los trazos permite entender de qué se habla realmente.
Semejante complejidad es aliviada en Occidente por sistemas de transcripción como el Hepburn, útiles para incorporar vocablos chinos y nipones a nuestra escritura.
No es ésta la única vez que el autor, profesor en la Escuela de Ciencias Cognitivas e Informática de la Universidad de Sussex, ha abordado esta complicada materia.
Notables artículos como «Chinese script and the diversity of writing systems» (Linguistics n.32, 1994) prueban que la experiencia investigadora de Sampson sigue un curso que, a buen seguro, aportará nuevas e interesantes novedades en este tipo de estudios.
Copyright © Guzmán Urrero. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Reservados todos los derechos.
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