Cómo triunfar en Hollywood
Desde los años setenta, una de sus fuentes de ingresos más importantes son los derechos de adaptación cinematográfica de sus novelas. A decir verdad, la relación de Stephen King con el cine ha sido muy estrecha: además de firmar algunos guiones, ha probado suerte en el campo de la dirección.
Así, en medio del alborotado panorama cinematográfico del Nuevo Hollywood surgió Carrie (1976), de Brian de Palma, que surtió casi idéntico efecto entre el público que la novela homónima en que se basaba.
El efectismo de la cinta encantó a los espectadores, y convirtió de la noche a la mañana la obra de King en materia apetecible para esos agentes de las productoras especializados en adquirir derechos de autor.
La siguiente novela en la lista era considerada por su autor como una imitación del Drácula de Bram Stoker, pero eso no impidió que se convirtiese finalmente en una modélica teleserie, El misterio de Salem's Lot (1978). El cineasta Tobe Hooper, conocido por su película La matanza de Texas (1974), fue el hombre elegido para dirigir este proyecto.
King vivió el estreno de El resplandor (1980) como su definitiva consolidación, debido en gran medida al hecho de que el director responsable de llevar al celuloide su novela fue nada menos que Stanley Kubrick.
Christine (1983) fue dirigida por John Carpenter a partir de un guión de Bill Philips que resume lo mejor del texto de King. Esta historia de un coche asesino con vida propia coincide ese año en las pantallas con otra adaptación de una novela del escritor, Cujo (1983), realizada por Lewis Teague.
Ambos filmes ponen de manifiesto que King está de moda. Su nombre aparece citado en multitud de artículos y un gran número de seguidores tratan de imitar su estilo literario.
La zona muerta (1983), de David Cronenberg, consigue recuperar el tono de buena calidad requerido por los escritos de King en su transposición cinematográfica. Este largometraje, protagonizado por Christopher Walken, Brooke Adams y Martin Sheen, incluye importantes variaciones respecto a la obra original, quizás la principal la propia definición de "zona muerta", más cercana a una ilusión psíquica en la cinta que en el libro, donde, como es costumbre en King, priman los elementos parapsicológicos.
Títulos como Los chicos del maíz (1984), Ojos de fuego (1984), Miedo azul (1985) y Los ojos del gato (1985) sumen en la mediocridad a los escritos de King.
Ya no parecen interesados por su obra los cineastas de prestigio, sino más bien los principiantes o los profesionales de segunda fila que, apoyándose en un presupuesto menguado, pretenden sacar adelante un negocio basado casi exclusivamente en el nombre del escritor.
Sólo Rob Reiner tiene en cuenta sus posibilidades artísticas en el melodrama Cuenta conmigo (1986), inspirado en el relato El cuerpo. Los tiempos en que realizadores como George A. Romero recurrían a King para proyectos como Creepshow (1982) parecen haber quedado lejos.
No es casual la intención del escritor de tomar las riendas como director en La rebelión de las máquinas (1987), genuino catálogo de las pasiones de su realizador.
Tras el estreno de Perseguido (1987), traslación de una de las novelas de ciencia-ficción firmadas por King con el sobrenombre de Richard Bachman y realizada a mayor gloria de Arnold Schwarzenegger, el escritor recobra el éxito en las pantallas con El cementerio viviente (1988), dirigida por Mary Lambert.
Al igual que la novela en que se inspira, esta película recorre la vertiente más comercial del terror, basándose en un grato efectismo y en las consabidas referencias a la adolescencia.
Con el fin de recuperar su prestigio en Hollywood, King aplaude la idea de que su amigo Rob Reiner lleve al cine Misery (1990). El resultado no puede ser más satisfactorio. La protagonista, Kathy Bates, obtiene el Oscar de la Academia, un galardón que, en el fondo, King siente como suyo.
Por desgracia, el siguiente título de la filmografía de King, Sonámbulos (1992), de Mick Garris, es tan mediocre como El cementerio viviente 2 (1992), de Mary Lambert, lo que pone de nuevo en entredicho el nombre del escritor.
El formato televisivo, como demuestran los ochos capítulos de la serie Años dorados (1993) o la miniserie The Stand, parece más adecuado para estrenar las nuevas adaptaciones de sus obras.
Por fortuna, las nuevas adaptaciones de su obra consiguen elevar el listón. Quedarán en la memoria del público títulos tan memorables como La milla verde (1999), de Frank Darabont, 1408 (2007), de Mikael Håfström, y La niebla (2007), también de Darabont.












































































