Decálogo del terror
No es la primera vez que se habla de ella, pero por su evidente interés, vale la pena terminar este recorrido con la lista de los que Stephen King considera sus diez miedos principales.
Comienza el inventario por el primer miedo, el miedo a la oscuridad, que nace de las pesadillas infantiles y de las noches de insomnio.
El miedo a las cosas pulposas, segundo temor de la lista, resulta tan personal como poco generalizado, y es propio de los fanáticos de la literatura fantástica.
El tercero, el miedo a la deformidad, a buen seguro es todo un homenaje a La parada de los monstruos.
Cuarto, la ofidiofobia, un miedo del Medio Oeste, con la promesa del veneno tras la música de un cascabel.
Quinto, el miedo a las ratas, un temor tan clásico en el género que resulta obvio.
El sexto es la claustrofobia, el miedo a los espacios cerrados, un espanto que crece bajo tierra.
Séptimo miedo, los insectos, tan amenazadores en las películas de gigantismo de los años cincuenta.
Octavo, la Dama Blanca, la Muerte, la mayor incógnita de toda existencia.
El noveno horror es la paranoia, el miedo a los demás, con los ojos de un posible asesino clavados en la espalda.
Llegamos al décimo temor, y junto a King, sentimos miedo de alguien, quién sabe por qué y desde cuándo. Seguramente éste sea el miedo más sutil de todos.












































































