
En cierto modo, la obra poética de Federico Muelas (1910-1974) consuma un proceso de identificación con la tierra donde nació y murió, Cuenca, descrita en sus versos y prosas como el espacio sentimental que siempre le llenó de ánimo.«Decir Federico Muelas —escribe Raúl Torres— es decir Cuenca. Hablar con Federico Muelas es, con respecto a Cuenca, aprender cosas de tres generaciones; de la pasada, de la que nos encontramos en la actualidad y de la que ciertamente llegará un día» (Cuenca, corazón, San Fernando de Henares, Editorial Bitácora, 1990, p. 163).
La verdad sea dicha: aunque Federico Muelas se libró a sus impulsos evocativos en el bello paisaje de Cuenca, conviene advertir que las calidades creativas de este escritor y periodista rebasan el panorama conquense y hacen de él uno de los integrantes más memorables de la llamada Generación de 1936.
Como tantos escritores, siguió los cursos de Derecho para luego desentenderse de esta disciplina. Sin duda, le fueron de mayor provecho los estudios de Farmacia, que le permitieron instalarse como boticario en Madrid.
El deseo de escribir actuó como impulsor de nuevas tentativas: organizó tertulias literarias, fundó revistas y dotó de un sentido libresco a su actividad como periodista.
Firmó un ensayo, Sorpresa España (1962) y se aproximó a los lectores infantiles con El niño que tenía un vidrio verde (1976).
No obstante, el grueso de su producción lo componen poemarios al estilo de Aurora de voces altas (1934), Entre tu vida y mi sueño (1934), Pliegos de cordel (1936), Temblor (1941), Apenas esto. Antología 1934-1959 (1959), Rodando en tu silencio (1964), Los villancicos de mi catedral (1967) y Cuenca en volandas (1967).
Como guionista, Muelas siguió un camino profesional —el del cinematógrafo— que previamente habían tomado otros literatos de su entorno. En 1954 diseñó el argumento del filme Llegaron siete muchachas, cuyo libreto escribió el propio realizador, Domingo Viladomat.
El poeta participó asimismo en Farmacia de guardia (1958), de Clemente Pamplona, redactando el guión junto a éste y Jesús Vasallo. Volvió a reunirse con el citado director a la hora de filmar Don José, Pepe y Pepito (1959), según la obra homónima de Juan Ignacio Luca de Tena. En este caso, el equipo de guionistas lo formaban Muelas, Vasallo, Pamplona, Francisco Abad y Miguel Mezquiriz.
Otra adaptación suya, dirigida en este caso por Rafael J. Salvia, fue Nacido para la música (1959), película inspirada en la obra El último concierto, de Jesús Vasallo y Francisco Abad Ojuel. A las órdenes de Enrique Carreras, nuestro guionista escribió El sexto sentido (1960), Héroes de blanco (1961) y La mujer de tu prójimo (1962).
Posteriormente, redactó los diálogos de Abuelita Charlestón (1961), de Xavier Setó, Perro golfo (1961), de Domingo Viladomat, y Camino de la verdad (1967), de Agustín Navarro Cano.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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