
Son las 11 y 39. Caperucita viene a las doce. El lobo ya ha destrozado todo un armario lleno de camisones de la abuelita. Suda a causa del agobio, pero debe disfrazarse. De lo contrario, no podrá sorprender a la niña... La escena pertenece al libro Le petit Chaperon Rouge. La scène de la chemise de nuit, de Jean-Luc Buquet, cuya imagen de portada antecede estas líneas. Por desgracia, aún no está publicado en español. Pero ello no debe desanimar a nadie: es un volumen ilustrado, donde el texto es escaso y la fuerza de la historia recae en sus dibujos.
El lobo no ha dejado nunca de estar presente en la historia de la humanidad y de su cultura, si bien casi siempre ha recibido un mal trato y su naturaleza suele ser calificada de manera peyorativa. Si nos limitamos a la cultura occidental, la mitología romana, con esa loba como madre adoptiva de Rómulo y Remo, ofrece uno de los pocos ejemplos antiguos en los que el lobo no es un animal despreciable.
Como sinónimo de alimaña, desempeña reiteradamente en el terreno de lo supersticioso el papel de ente maligno. Esta inmerecida fama pronto lo transformó en uno de los monstruos favoritos con los que asustar a los niños. Así, en los cuentos infantiles pasó a convertirse en uno de sus indiscutibles y más temibles villanos.
La imagen del “terrible lobo feroz” ha quedado grabada en el imaginario de los cuentos clásicos, sobre todo gracias a Caperucita roja, cuya parodia nos presenta ahora Jean-Luc Buquet.
En la literatura infantil moderna, el lobo continúa siendo un personaje central; principalmente en el álbum ilustrado destinado a niños de entre 3 y 6 años. Pero, por fortuna, el rol del lobo ha cambiado mucho y su faceta de terrible y feroz también (Algo de lo que yo me alegro doblemente, no sólo porque creo que los lobos merecen mucho más, sino porque nunca he soportado a Caperucita).
La figura del lobo feroz se mantiene en las adaptaciones de los cuentos clásicos (Grimm, Perrault…), pero hoy por hoy tienen más éxito los lobos que abandonan su papel de malvados y se convierten en criaturas amigables, o buscando un lado más cómico, en objetos de burla.
En el primer caso, disponemos de ejemplos destacables del lobo pacífico en dos cuentos extraordinarios, ¡El lobo ha vuelto! y El lobo sentimental, ambos de Geoffroy de Pennart, editados por la editorial Corimbo.
Como personaje cómico, el lobo también aparece en numerosos cuentos ilustrados. Mi favorito, junto con los dos libros más conocidos de Mario Ramos, es este Le petit Chaperon Rouge. La scène de la chemise de nuit, de Jean-Luc Buquet.
Por desgracia, aún no está publicado en castellano. Con todo, se trata de un libro donde el texto es escaso y la fuerza de la historia recae en sus dibujos.
A través de las ilustraciones, el autor desarrolla una idea descabellada y original a un tiempo: el episodio contrarreloj (de las 10 h. a las 12 h.), en el que el lobo feroz, tras zamparse a la abuelita, ha de ponerse uno de sus camisones para hacerse pasar por ella ante su nieta, Caperucita Roja.
¿Alguna vez han pensado en cómo un lobo puede vestirse con un camisón de abuelita? Pues la cosa puede ser difícil y muy divertida, como nos muestra Buquet.
Si quieren pasar un buen rato no pierdan la oportunidad de ojear este libro. Además, su estética y la surrealista idea que recrea es bien apreciada por un público adulto.
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