
Hay un tipo de libros infantiles que no es puramente narrativo, y que aporta al niño información desde una perspectiva lúdica.
Me refiero a los libros que llamamos de buscar y encontrar, ya sea detalles, ya sea errores o personajes, dentro de las fotos o de las ilustraciones.
Cuando cito esa variedad de publicaciones, probablemente a ustedes les venga a la memoria la serie ¿Dónde está Wally?, creada a mediados de los ochenta por Martin Handford.
Pese a que dicho título es el más famoso dentro de esta modalidad, hay muchos otros de interés equiparable o superior.
En todo caso, todos cumplen el mismo cometido: fomentar la capacidad de concentración de los pequeños lectores.
Martin Handford publicó el primer volumen de la serie ¿Dónde está Wally? (Where’s Wally) en 1987.
Como suele suceder con las franquicias infantiles, el personaje creado por Handford –un excursionista miope y sonriente– cambió de nombre en las diversas traducciones del libro original.
Le llamaron Waldo en Estados Unidos, Charlie en Francia y Walter en Alemania.
Desde luego, tuvo más nombres en otros lugares (la edición se llevó a cabo en 28 países), pero quédense con esta idea: su fama fue tal que, aparte de convertirse en referencia cultural, muy pronto dio lugar a videojuegos, muñecos e incluso un programa de televisión, lanzado por la CBS en 1991.
Entre los títulos publicados por Handford destaco, por este orden ¿Dónde está Wally? (Where's Wally?, 1987), ¿Dónde está Wally ahora? (Where's Wally Now?, 1988), ¿Dónde está Wally? El viaje fantástico (Where's Wally? 3: The Fantastic Journey, 1989), Where's Wally? The Ultimate Fun Book (1990), Where's Wally? The Magnificent Poster Book (1991), ¿Dónde está Wally? En Hollywood (Where's Wally? In Hollywood, 1993), ¿Dónde está Wally? El libro mágico (Where's Wally? The Wonder Book, 1997) y por último, ¿Dónde está Wally? ¡A la caza del cuadro escondido! (Where's Wally? The Great Picture Hunt, 2006).
En España, todos estos libros, destinados esencialmente a niños mayores de cinco años, están comercializados por el sello que posee los derechos de la franquicia, Ediciones B.
a serie de Wally opta por una técnica sencilla para desarrollar su objetivo.
A saber: cada página presenta una muchedumbre ingente, dibujada con mil detalles.
Los colores son muy intensos, especialmente el rojo (no hay que olvidar que Wally siempre viste gorrito y jersey a rayas blancas y rojas).
Este bombardeo visual pretende confundirnos al máximo.
De ese modo, la búsqueda de Wally, oculto en medio de ese gentío, se convierte en algo desafiante.
Créanme: a veces, en esta búsqueda, la emoción deriva hacia el más puro agobio.
Como sucede con los puzzles sumamente complicados, el estrés sólo es liberado cuando damos con Wally, oculto entre un sinnúmero de personajes.
En este sentido, la minuciosidad del autor llega a tal nivel, que a veces tarda casi dos meses en completar una de sus láminas.
Pese a su éxito comercial, creo que la serie tiene claras limitaciones.
Al igual que ocurre con otros libro-juegos, el usuario se limita a buscar los detalles que la obra le impone.
Además, ésta pierde gran parte de su gracia cuando uno llega a ese clímax derivado de localizar al personaje de marras.
En todo caso, si nos detenemos en esta fórmula editorial, hay ejemplos más gratificantes que el de Wally, un personaje que acaba siendo un tanto bobalicón para mi gusto.
Con esa idea, les hablaré de otras obras infantiles dedicadas a ese fin de buscar y encontrar mucho mejor elaboradas, y sobre todo, de una calidad estética superior.
Tal es el caso de los títulos que forman la colección Miremos…, de la editorial La Galera.
Tienen sus hojas en cartoné, ya que se destinan sobre todo prelectores de entre dos y tres años.
Abarcan apenas diez páginas, y cuentan con los dibujos de la ya clásica ilustradora catalana Roser Capdevilla.
Estas ilustraciones son reflejo de situaciones cotidianas (la vida en la ciudad, la compra en el hipermercado…), y sirven de hilo narrativo.
Como es lógico si pensamos en sus destinatarios, los libros carecen de texto.
Las mismas características –y unas ilustraciones igual de bien cuidadas– presentan los Libros de las estaciones de Rotraut Susanne Berner, publicados por la editorial Anaya.
Se trata de una serie de cuatro títulos (Otoño, Invierno, Primavera y Verano).
Cada uno tiene unas dieciséis páginas en cartoné, lo que asegura mayor durabilidad, pues van dirigidos a críos de entre dos y cinco años.
Como sucedía en la colección Miremos…, los libros de Berner carecen de texto, aunque ella ha optado por un formato superior para representar sus historias (las dimensiones de cada página son de 26 x 34 cm.).
También aquí se presentan situaciones cotidianas, llenas de detalles que deben ser señalados por los más pequeños.
Las escenas de cada libro vienen condicionadas por los cambios estacionales, pero presentan los mismos personajes y lugares a lo largo de toda la serie.
Muy similar en cuanto a su técnica narrativa, tamaño y material, es Mi gran libro de las imágenes, de Ali Mitgutsch, publicado por la editorial La Galera y dirigido también a niños de entre dos y cinco años.
Este clásico autor recrea en su libro imágenes cotidianas, salpicadas de mil pormenores.
Cabe destacar que sus ilustraciones son muy representativas, con un toque infantil algo retro.
En fechas recientes, la editorial Molino ha publicado otro título de este mismo autor, Mi gran libro de los piratas, con un formato y unas características muy similares al anterior, si bien resulta más indicado para niños de tres a siete años (Niños que, a buen seguro, disfrutarán de esta espléndida creación).
Otra novedad, esta vez lanzada por el sello Kókinos, es La vuelta al mundo de Muk en bicicleta, de Marc Boutavant. Sin duda, también en este caso estamos ante todo un acierto editorial.
El de Boutavant es un libro lleno de estupendas ilustraciones.
Su protagonista, el aventurero Muk, recorre el mundo y nos enseña variadísimas costumbres y curiosidades.
Todos los personajes son simpáticos animalillos antropomórficos.
La vuelta al mundo de Muk en bicicleta es un volumen más indicado para niños cuya edad oscile entre los cuatro y los cinco años.
Sus páginas son de papel e incluye algunas pegatinas. Todos estos libros que les recomiendo para los más pequeños se diferencian de la serie Wally por dos principales motivos.
Primero: en ningún momento indican al lector qué detalle ha de buscar dentro de las ilustraciones.
Para niños de entre tres y cinco años, hay otros libros que sí señalan elementos concretos a buscar dentro de ese maremágnum que suelen ser las láminas.
Por cierto, hay uno muy recomendable por sus exquisitas ilustraciones y por su bello texto, Imagina todo un mundo de animales, de Alison Lester (editorial Molino).
Más convencionales y menos atractivos son los pertenecientes a la colección Busca y encuentra, de la editorial SM.
Y segundo: al no indicar nada concreto que buscar, el libro se convierte en un tablero de juego más amplio, sólo limitado por la imaginación del niño o el adulto.
Obviamente, en este caso se hace más necesaria la figura de un mayor interactuando con el crío a la hora de orientar la lectura.
Les hablo de libros para edades tempranas (dos a seis años), en las que el niño necesita ser guiado para convertirse en un lector curioso e independiente.
Por su dimensión lúdica, estas obras propician una relación más estrecha entre niños y mayores.
Evidentemente, ese vínculo irá mitigándose conforme los libros se indiquen para un niño de seis años en adelante, con mayor independencia como lector (No hay que olvidar que los pequeños suelen aprender a leer a partir de los cinco años dentro de los ciclos educativos actuales).
Pese a que sean demandados, y en algunos casos aconsejables, en mi opinión los libros de este tipo para niños mayores (de seis a nueve años) son menos creativos y sus ilustraciones más pobres.
Además, tienden a reforzar su contenido documental o didáctico.
Así, nos encontramos con textos en los que hay que encontrar determinado animal, determinado dato o error histórico… Son muchas las series de esta naturaleza que se publican actualmente.
Por ejemplo, la colección 1001 cosas que buscar, de la editorial Usborne, la colección Busca y encuentra, de la editorial Susaeta, o la reciente Busca y observa, de la editorial Macmillan (que cuenta con dos títulos, Gente y lugares del pasado y Gente y lugares de hoy).
También dispone de dos títulos la colección ¿Dónde está el error?, de la editorial San Pablo, un sello que publica otros libros de búsqueda más dificultosos, en la línea de los misterios a resolver, con entregas tan sugerentes como Enigmas en todos los pisos.
Ciertamente, el de busca y encuentra no es el subgénero más destacable de la literatura infantil, pero resulta indudable que merece un respeto.
¿Quién no se ha divertido buscando y encontrando? Pues bien: si alguno de ustedes no lo ha hecho, se lo recomiendo como pasatiempo, tanto individual como colectivo.
Y esto último, por cierto, suele ser aún más entretenido.
¿Dónde está Wally? ¡A la caza del cuadro escondido! © Martin Handford, Ediciones B, 2006.
El libro del invierno © Rotraut Susanne Berner, Anaya, 2004. Reservados todos los derechos.
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