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"El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry

El principitoCuando se desata la Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry combate como piloto de reconocimiento y, tras la caída de Francia, se instala en Nueva York. En la gran ciudad norteamericana escribe Piloto de guerra (1942), fruto de sus experiencias durante la contienda, y El Principito (1943), cuento infantil de gran originalidad que lo hizo universalmente famoso y que se ha convertido en uno de los fenómenos literarios más importantes de este siglo.

"A los treinta y seis años de edad –escribe Blas Matamoro– sus experiencias de fundamento se encuentran cumplidas, salvo la final: la conversión del aviador, entre pionero y aventurero, en combatiente.

La Segunda Guerra Mundial le ofrecerá esta oportunidad unos años más tarde. El piloto de la Aeropostal Latécoère se transformará en piloto de guerra.

Antoine Jean–Baptiste–Marie–Roger de Saint–Exupéry nace, en el seno de una familia de la nobleza limusina, el 29 de junio de 1900, en el número 2 de la Plaza Bellecour, Lyon. Es el tercer hijo ––el primero de los varones– del conde Jean–Marie de Saint– Exupéry, inspector de seguros. Su madre, Marie de Fonscolombe, pertenece a una antigua familia de la Provenza.

El matrimonio tuvo cinco hijos, por este orden: Magdalaine, Simone –mayores que Antoine– y Francois y Gabrielle, menores que él. Antoine sólo tenía cuatro años al morir su padre y era un niño alegre, aunque no demasiado extrovertido, robusto, travieso e imaginativo (se dice que, ya a los seis años, alternaba el escribir versos con la mecánica). Hasta los diez años su vida transcurrirá en la campiña francesa, en un paisaje que él luego recordará una y otra vez, en Saínt–Maurice–de–Remens, en el Ain, cerca de Ambérieu, finca de una tía suya, madame de Tricaud, y en el castillo de la Mole (Var), de su abuela materna.

Algunos afirman que allí, en esos ambientes evocados, nacerá El Principito.

Antoine está marcado por el origen para varios de sus destinos: una actitud aristocrática ante la vida y, sobremanera, ante el trabajo; un desdén piadoso por los "hombres" (también de sesgo aristocrático); la necesidad de lo excepcional, del protagonismo, del límite, del "ponerse a prueba" y descollar, como alguien que e siente en la cúspide de la sociedad. De nuevo: la aristocracia. Él no es, ni será, un noble hecho y derecho. Nunca usará su título nobiliario.

Por una parte, porque el peso social de la nobleza en la Francia del siglo xx es mínimo.

Por otra, porque su mundo no es el de los prestigios simbólicos de la aristocracia francesa tradicional, como la ha visto Proust, por ejemplo.

Ni viejos palacios en el Faubourg Saint Germain, ni escudos en los dinteles, ni vitrales en las iglesias de pueblo, ni veleidades de encerramiento, exclusivismo, distinción, como la duquesa de Guermantes. Saint–Exupéry es un noble de segunda fila, provinciano, recóndito.

Le quedan de la nobleza el arraigo y, tal vez, una parte del escenario: los jardines y los pabellones donde pasa su infancia. Todo más simbólico que efectivo.

Después, tendrá que ganarse la vida trabajando, disimulando que trabaja, reprimiendo su asco ante la producción, esa inquietud de burgueses, esa ocupación de plebeyos.

Otra raíz limusina y provincial permanecerá en su mente durante el resto de su vida: la fascinación aldeana.

El mundo, para él, es un mundo de grandes espacios desiertos donde prosperan pequeñas poblaciones, o chozas aisladas de campesinos reconcentrados y solitarios.

Tanto el oasis africano, como la población de pioneros en la América del Sur atraen su mirada fascinada. Su modelo es la Francia tradicional: unas casas viejas y mohosas, agrupadas en torno a un campanario inmemorial.

Los prados con ovejas y pastores y un castillo a lo lejos, seguro, desdeñoso, solitario él también.

En 1939–1940 (es invierno) dibuja, con negligencia, una imagen que vale por un autor.retrato: montado en una nube, un adolescente sobrevuela el mundo.

Este es un gran prado con casas campesinas de pisos, techos de dos aguas, rodeadas por caminos donde crecen árboles y discurren unos carneros.

(...) A Saint–Exupéry no le gusta ninguna parte de la Tierra donde deba aterrizar. Sólo lo encantan los paisajes que ve desde lejos, como el desierto, el mar o la cordillera de los Andes. Íntimamente, se considera un ser ajeno aí planeta, un paseante de otro astro, como lo será su personaje protagónico en El Principito.

(...) De 1935 data su célebre y fallido viaje de París a Saigón, ida y vuelta, que termina con un aterrizaje forzoso, de noche, en el desierto de Libia, a 200 kilómetros de El Cairo.

El hecho será admirablemente evocado en Tierra de los hombres y servirá de base a uno de los episodios de El Principito.

En el vuelo es acompañado por el mecánico Prévot. Pocos minutos antes de caer en un punto indiscernible de las arenas líbicas, le ha servido café y cigarrillos. Al salir despedidos y salvando la vida por milagro, sólo saben que están en un lugar del desierto.

La luz del día los aproxima a la terrible realidad: ni una brizna de hierba a la vista.

Los depósitos de aceite, agua y nafta han sido agujereados por el choque del avión, y la arena se ha tragado todos los líquidos. Las reservas son irrisorias: medio litro de café, un cuarto de vino blanco, unas uvas, una naranja. Si decidieran caminar por el desierto para intentar una llegada al mar, la aldea más próxima o un bosquecillo, tendrían provisiones para cinco horas (...) También el Principito del relato homónimo es un personaje vinculado a la altura y a la soledad, a la nobleza y a la distancia respecto a la tierra.

Su astro de origen, un asteroide no mayor que una casa, es un microcosmos que deambula por el espacio sideral y donde caben volcanes, flores, árboles de baobab, etc.

Un pequeño mundo autosuficiente. Al acercarse a la tierra, siente extrañeza. Ese planeta no es el suyo. Los habitantes del mismo, los hombres, no son de su raza. (...) En un diálogo con la serpiente (no insistamos en las simbologías, pero un código cultural puede llevarnos a interpretar la serpiente como significando el saber mundano), el Principito insiste en considerar a los hombres como terceros y ajenos

(...) Ni el Caíd ni el pequeño príncipe son seres de nuestra Tierra. La Tierra es de los hombres. Las alturas, de los nobles. Pero éstos, los nobles, sienten una irresistible curiosidad por aquéllos. Por su soledad, por sus angustias, por sus guerras. (...) El Principito será su espejo póstumo: el niño aristocrático, dotado de un pequeño planeta propio, pero, a la vez, completamente solo. Tanto que, cuando toca el suelo de la tierra humana, la ve desértica".

Sobre el autor

Antoine de Saint-Exupéry nace en Lyón el 29 de junio de 1900 en el seno de una antigua familia aristocrática. Tras recibir educación en diversos colegios religiosos, al término de sus estudios secundarios intenta entrar en la Escuela Naval, pero no aprueba los exámenes de ingreso.

En 1920 cumple el servicio militar en la Fuerza Aérea, y a partir de entonces la aviación se convierte en la gran pasión de su vida. Su primer cuento ve la luz en 1926, el mismo año en que comienza su carrera de piloto en la compañía Latécoère.

Poco después es destinado a Cabo Juby, donde escribe su primera novela, Correo del sur (1928).

De África se traslada a Suramérica con el encargo de establecer nuevas líneas comerciales. Allí concluye Vuelo nocturno, que se publica en 1931 con enorme éxito y obtiene el premio Fémina.

A partir de 1935, Saint-Exupéry trabaja como corresponsal de los periódicos Intransigeant y Paris Soir en Rusia y España, y con su avión Simoun participa en diversos raids como el París-Saigón y el Nueva York-Tierra del Fuego.

Todos estos recuerdos, acumulados en diez años de vida aventurera, los vuelca en su novela Tierra de hombres (1939).

A los pocos meses, durante la Segunda Guerra Mundial, combate como piloto de reconocimiento y, tras la caída de Francia, se instala en Nueva York, donde escribe Piloto de guerra (1942) y El Principito (1943). En breve se reincorpora al servicio activo en el norte de África, donde escribe una obra de reflexiones filosóficas y políticas titulada Ciudadela, que sería publicada póstumamente (1948).

El 31 de julio de 1944, Antoine de Saint-Exupéry despega de un campo de aviación de Córcega para cumplir una misión de la que no regresaría jamás.

Ficha editorial

El Principito

Antoine de Saint-Exupéry

Colección: Antoine de Saint-Exupéry

Título original: Le Petit Prince

Traducción: Bonifacio del Carril

ISBN: 978-84-7888-629-6

Núm. pags.: 96

Tipo edición: Tapa dura

PVP: 16,00 €

Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Copyright del texto (nota editorial) © Ediciones Salamandra. Reservados todos los derechos.


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