Vuelo nocturno es la epopeya de aquellos pioneros de la aviación que ofrendaron sus vidas en aras de la «acción» y del progreso. Saint-Exupéry, que conocía por experiencia propia lo narrado, consiguió trasmitir al relato la fuerza y el calor de lo vivido, en un estilo conciso, pero épico y lírico a la vez.
De los tres pilotos que surcan los mares de la noche por el cielo de Sudamérica, uno de ellos, perdido en una tempestad de nieve y fuego, no volverá.
Entre tanto, Rivière, el creador de los vuelos nocturnos, un personaje duro e inflexible, empieza a preguntarse por el sentido de su vida y de su obra, hasta tomar una decisión que parece «inhumana» por «inexpresable».
El argumento de Vuelo nocturno tiene fuertes elementos autobiográficos. Tercer hijo del conde Jean de Saint-Exupéry, Antoine vivió una experiencia que habría de marcarle cuando, a los doce años, conoció a Jules Védrines, famoso piloto de la aviación.
Con la Primera Guerra Mundial, su madre le envió a un colegio de Suiza donde descubrió la vocación poética.
Fracasa en los estudios superiores. Obtuvo el título de piloto y, pese a un grave accidente que lo relega a un provisional trabajo burocrático, combinará literatura y aviación en títulos como El aviador, Tierra de hombres o El principito.
"Por fin –escribe Blas Matamoro–, Saint-Exupéry se decide por la narrativa. Escribe cuentos y Adrienne Monnier, directora de la revista El navío de plata ("Le navire d'argent"), da a conocer su relato El aviador en 1926.
Es un esbozo de Correo del Sur, que será, a su vez, un esbozo de Vuelo nocturno, su primer suceso de librería, premio Fémina de 1931, y sigue, ya definitivamente, aferrado a su carrera de piloto, huyendo de su patria, de sus amigos, de su madre, del escenario de sus libros, es decir las librerías, redacciones y mentideros de París.
Cuando sale de la milicia, en 1921, las opciones de trabajo, como hemos visto, son pobres. Queda la solución militar, enrolarse como voluntario y partir a Marruecos o a la China. Los horizontes lejanos lo seducen. La guerra, no.
Tienta el gris trabajo de ciudad. También lo hemos visto.
En 1926 entra a trabajar en la empresa de aviación Latecoere. Al año siguiente se vincula con los pioneros de la especialidad: Vacher, Jean Mermoz, Guillaumet, Estienne y Lescrivain. Su vida no difiere demasiado de la de sus compañeros, si no llegara la literatura a dotada de una aureola reflexiva.
El trabajador del aire, con sus manías de solitario aristocratizante, escribe, rompiendo la vieja tradición del hombre de letras francés.
No es un humanista, ni un erudito, ni un político que toma la pluma (o la máquina de escribir). Es un hombre de acción que se sienta a contar sus experiencias y a trascenderías, como símbolos de un mundo que entrevé fugaz y fragmentariamente.
Es el tiempo de los escritores aventureros, militantes, vagabundos. Morand, Malraux, Kessel.
La línea Latecoére cumple el servicio de Toulouse a Dakar y de ésta a Casablanca, pasando por España. Es su primer contacto con un país a cuya guerra asistirá diez años después. (...) A pesar de su imponencia, no es un temerario desde el punto de vista físico. Teme sufrir accidentes, sobre todo quemaduras. Ve con horror que alguno de sus compañeros ha quedado inutilizado en las manos por estos eventos. También teme a caer preso de los moros y morir degollado. Gajes del oficio. Un oficio ideal para un misántropo, frecuentemente, también, misógino.
A veces escribe, y sus alegrías son, sobre todo, volver a sus vuelos y encontrarse con los camaradas del campo de aviación. Con ellos, vive intensos momentos de viril camaradería, bebiendo vino y tendiéndose al sol, sobre el césped. Sigue escribiendo, como queda dicho.
En 1923, mientras comienza sus colaboraciones en Le Matin, empieza a redactar la ya citada novela Correo del Sur. Asciende en la empresa. En 1927 lo designan jefe de la base aérea de Cap–Juby, en el Marruecos español, entonces en plena agitación guerrera contra los insurrectos moros. La base funciona protegida por un viejo fuerte, llamado La Casa del Mar, que sirve, al mismo tiempo, de penitenciaría. Allí lleva una vida aún más solitaria.
La define como "monástica" y la vecindad del desierto enfatiza esta comparación.
Hay mucho de monje en el alma de Saint–Exupéry, de modo que no es difícil imaginar que se encuentra en su mundo. Un mundo de privaciones, ascetismo y rigor, como corresponde a los auténticos monjes. Pero no todo es halagüeño.
Es muy gráfico describiendo su situación cuando le escribe a su cuñado Pierre Agay, en 1927: "Me aburro como una virgen." (...) El tema de la extrañeza del mundo y la no inclusión en la humanidad remite a otro, también característico en Saint–Exupéry:: la fuga. Vale la pena desbrozar el doble sentido de esta palabra. Fuga es huida, a la vez que búsqueda. Se huye de alguna parte y se huye hacia alguna otra parte. (...) Jacques Bernis, el héroe de Correo del Sur, compara la casa de Genevieve, su amante, con un navío. Dentro de la vieja metáfora de la vida como viaje, el navío connota la superficie líquida de la: tierra, un viaje pegado al planeta, con una velocidad que resulta menor a la del avión. Jacques Bernis hace su itinerario por el aire más velozmente".
Ficha editorial
Vuelo nocturno
ISBN: 978-84-667-2639-9
Nº páginas: 144
Precio: 8,50
Formato: 13,8 x 20
Edad: A partir de 12 años
Etapa: E.S.O. y Bachillerato
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto (nota editorial) © Anaya Infantil y Juvenil. Reservados todos los derechos.
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