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"A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin", de Enrique Jardiel Poncela

A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles ChaplinEl subtítulo de este libro, Un humorista español en Hollywood, resume lo mucho que el lector puede encontrar en él: un panorama de la Meca del Cine y de otras capitales norteamericanas, enriquecido con anécdotas, sofisticadas ocurrencias y aforismos de lo más atrevido.

Por decirlo de otra manera, nos hallamos ante una obra que, en estos tiempos de risa fácil y sal gorda, nos recuerda que hubo un tiempo –ay– en el que las palabras humor, elegancia y genialidad podían ir juntas en la misma frase.

En Exceso de equipaje (1943), donde reúne su obra dispersa publicada desde 1922 y del cual se han extraído los textos de A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin, Jardiel aclara que el cine «es la síntesis llevada ya a un extremo delirante [...] Por ello, imaginar, y sobre todo escribir para el cine –para hacer buen cine se entiende–, es un oficio absolutamente nuevo, que hay que aprender y que no aprendido, sólo puede llevar, o al mal cine, o al fracaso rotundo.»

Ese mismo desafío le permitió reflejar en su comedia más áspera, El amor sólo dura dos mil metros, el modo en que un adaptador, según las necesidades del momento, puede traicionar un texto a la hora de convertirlo en carcasa cinematográfica. Dado que Jardiel se encargó repetidamente de dicho menester, y que también su repertorio fue llevado a la gran pantalla por otros directores, el lector encontrará en el libro que nos ocupa una disculpa ideal para revisar algunos títulos memorables de la Edad Dorada de Hollywood.

Obviamente, Jardiel no sólo habla del oficio de hacer películas. Le interesan los restaurantes, el ambiente de la calle, los teatros y otros tantos detalles que definen ciudades como Chicago, Los Ángeles y Nueva York. Con todo, el cinéfilo quedará literalmente embelesado ante su relato, precisamente porque describe Hollywood durante uno de los periodos más fecundos de esa ciudad mítica.

Por si ello no bastara, el libro nos regala una estupenda colección de fotografías e ilustraciones.

Jardiel Poncela, cinéfilo

No es raro que Jardiel manifieste muy pronto su simpatía por el cine. Según consta en los catálogos de producción, ese acercamiento al séptimo arte tiene una fecha: 16 de diciembre de 1927. Es entonces cuando se proyecta en la sala Tomás Bretón, de Salamanca, una producción muda de la compañía Cosmos Film que lleva por título ¡Es mi hombre! (1927), y cuyos genéricos anuncian la identidad del realizador, el cinéfilo y erudito Carlos Fernández Cuenca, y la del guionista y redactor de intertítulos, Jardiel Poncela, quien halló en esta comedia de Arniches un apropiado registro a la hora de trabajar para el cine.

Si bien parece probado que el director y su libretista –admiradores de Harry Langdon, de Lubitsch y de Chaplin– discreparon a la hora de adaptar el sainete arnichesco, ambos debieron de hallar en Varieté (1925), de E.A. Dupont una referencia idónea. Así lo dice Luis Fernández Colorado, quien destaca cómo la apuesta de ¡Es mi hombre! «pasaba por dotar a las secuencias de un ritmo más dinámico, aligerando la sólida estructura del precedente teatral y reduciendo al mínimo la presencia de rótulos.»

En vísperas del estreno en el Teatro Lara de Una noche de primavera sin sueño, Jardiel pudo aplicar a ¡Es mi hombre! su fertilidad de inventiva como guionista primerizo, y los buenos resultados le llevaron a sugerir el argumento de Se ha fugado un preso (1933), filme escrito y dirigido por Benito Perojo en los Estudios Orphea Film.

Edgar Neville le propuso un papel en su Falso noticiario (1933) y coordinó su traslado a Hollywood, para rodar allí las versiones hispánicas de los éxitos norteamericanos.

Rumbo a Hollywood

Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville y José López Rubio forman un trío de auténticos genios, no ya por sus grandísimas cualidades en el campo del teatro y la narrativa, sino por un selectivo talante a la hora de volcar obras propias y ajenas al lenguaje cinematográfico. Un lenguaje de orden popular, con un núcleo de evocaciones feriales –la esencia de verbena, por llamarla como Giménez Caballero–, cuya originalidad conceptual los atrajo desde fecha muy temprana, al igual que sucedió con otros colegas y amigos, caso de Miguel Mihura y Antonio de Lara “Tono”.

Esta generación de humoristas y comediógrafos, paralela a la del 27, coincidió en lecturas, poses, juegos y asimismo en otros detalles no exentos de importancia. Veamos ahora por qué.

López Rubio inició su amistad con Jardiel Poncela durante el otoño de 1919, cuando ambos ocuparon las aulas del Instituto de San Isidro. Otra coincidencia: los dos jóvenes ingresaron a un mismo tiempo en la redacción de Buen Humor (1921), una revista que también se benefició del talento de Neville, junto a quien asimismo participaron en la tertulia radiofónica del gran maestre de su orden, Ramón Gómez de la Serna.

Cumplido este ciclo formativo, los tres figuran entre los colaboradores de Gutiérrez (1927) y poco después, hacia 1930, volvemos a encontrarlos entre los dialoguistas que viajaron a Hollywood cuando la inexistencia del doblaje favoreció el fenómeno de las llamadas versiones lingüísticas, esto es, réplicas de cintas norteamericanas, rodadas en los mismos decorados y con similar planificación, si bien con un elenco hispanoparlante, para de ese modo atender la demanda de dicho mercado.

Puesto a describir tan peregrina iniciativa –rehacer la misma película en otro idioma–, López Rubio, entre otras cosas, dice: "Los productores extranjeros necesitaron autores españoles para ganar mercado a sus producciones, y ofrecieron tanto contratos muy aceptables como la posibilidad de manejar un nuevo juguete. Los humoristas del 27, que estaban en la edad de probarlo todo, cedieron a la seducción que aquella aventura. Cuatro de ellos –Neville, Tono, Jardiel y el que esto os dice– fueron contratados a Hollywood. [...] Se matricularon, digo, en aquel espejismo como a una nueva asignatura. Hicieron sus guiones, sus diálogos y sus realizaciones, con diversas fortunas, hasta acabar por aburrirse del Cine, afortunadamente, por no haber conseguido en el Cine lo que creyeron, lo que esperaban o porque lo conseguido no les bastaba. Y se pasaron a la Tierra de Promisión, el Teatro, con sus afiladas armas y la experiencia de sus bagajes".

Tanto en la Metro-Goldwyn-Mayer como en la Fox Film Corporation, los tres escritores contribuyeron al esfuerzo adaptador, aun a pesar de la injerencia de los técnicos locales, no siempre acertados en sus decisiones.

Acaso por desmarcarse de categorías nacionales, el sello estadounidense de las llamadas "versiones lingüísticas" quedó difuminado gracias al tesón de los españoles, quienes, como veremos más adelante, consiguieron registrar en el celuloide obras literarias que fueron urdidas originalmente en nuestro idioma.

Florentino Hernández Girbal, testigo privilegiado de semejante proyecto y buen amigo de las gentes del 27, me ofreció un preciso retrato de dicho esfuerzo en una de las entrevistas que le hice sobre este asunto: "En parte, las filmaciones se llevaron a cabo en Joinville, no lejos de París, y sobre todo en Hollywood, adonde se trasladó un buen número de profesionales hispanos, todos ellos dispuestos a intervenir en las versiones castellanas de los éxitos del momento. [...] En España, quien se hizo cargo de coordinar aquel tinglado fue mi buen amigo Edgar Neville: él mismo condujo hasta California a escritores como López Rubio, Ugarte y Jardiel Poncela. Decidamente, era un tipo formidable. Recuerdo haber ido a visitarle en los Estudios CEA, y también cuando filmaba en Aranjuez. Por fortuna para él, tuvo mucho trabajo en Hollywood e hizo buenas películas allá: un anticipo de los filmes que luego escribió y rodó en España con una adecuada base literaria. Además, tuvo la oportunidad de hacerse amigo de grandes estrellas americanas, como Douglas Fairbanks y Charles Chaplin. Aparte de Edgar, otro amigo mío que fue a Hollywood fue Jardiel Poncela. Durante su aventura californiana, Enrique tuvo la ocasión de hacer más de lo que hizo nadie, pues pudo rodar una obra suya, Angelina o El honor de un brigadier. No obstante, aunque tuvo ese privilegio de adaptar su pieza teatral, a él no le resultaba grata la idea de filmar versiones dobles, triples o cuádruples de la misma película".

Angelina o el honor de un brigadier

Entre septiembre de 1932 y mayo de 1933, Enrique Jardiel Poncela adaptó en nuestro idioma los guiones de El beso redentor (1932), Seis horas de vida (1932) y El rey de los gitanos (1933).

García de Dueñas detalla otras colaboraciones de Jardiel en este proyecto hispanohablante: figura como actor y dialoguista en dos producciones supervisadas por Martínez Sierra y escritas por López Rubio, Primavera en otoño (1933), de Eugene Forde, y Una viuda romántica (1933), de Louis King .

También fue dialoguista y autor de las letras de las canciones de La melodía prohibida (1933), de Frank Strayer.

De nuevo en España, la compañía Fox Movietone lo contrató para que trabajase como adaptador en los estudios parisinos de Billancourt. En septiembre de 1934 preparó la serie de seis cintas que lleva por título Celuloides rancios, y que consiste en un ciclo de melodramas mudos (1903-1908), desbordantes de efectos, a los cuales añadió muy divertidos comentarios . Por una significativa coincidencia, esta burla de los mecanismos y lances folletinescos puede relacionarse con un proyecto teatral que había estrenado poco antes: Angelina o el honor de un brigadier, en el escenario del Teatro Infanta Isabel desde el 2 de marzo de 1934.

En julio de ese año vuelve a Hollywood, donde continuará hasta abril de 1935. Allí escribe junto a Miguel de Zárraga los diálogos en español de Nada más que una mujer (1934), de Harry Lachman, y también participa en el libreto de ¡Asegure a su mujer! (1934), a cargo de Lewis Seiler.

Angelina o el honor de un brigadier

Gracias a las gestiones de Moore, uno de los directivos del estudio, entre noviembre y diciembre de 1934 comienza a escribir las estrofas de Angelina o el honor de un brigadier (1935), trasunto cinematográfico de la comedia citada, muy distinto a aquélla en cuanto a su versificación y ritmo interno. Va a ser el 16 de enero de 1935 cuando Louis King dé la primera vuelta de manivela en su rodaje, acompañado en ese quehacer por Jardiel y por actores tan meritorios como José Crespo, Juan Torena y Rosita Díaz Gimeno. Sin duda, el resultado fue magnífico, y a juicio del orgulloso autor «este film es, de entre la producción española, lo mejor que se ha hecho en Hollywood .»

Sin duda, la fase creativa de Angelina merece un sondeo un poco más profundo. Dice Jardiel que la idea surgió en 1931, cuando se preparaba para escribir Margarita, Armando y su padre. La relectura de La dama de las camelias le condujo a descubrir en el drama de Dumas motivos de exuberante comicidad. Bajo ese influjo, resolvió idear una comedia conforme a la manera de hacer de los dramaturgos del XIX.

"La manera de hacer –dice– me la brindaron con su tierna ridiculez Eugenio Sellés y Leopoldo Cano, y en El nudo gordiano y La Pasionaria hallé tal cúmulo de sugestiones, que ya ninguna otra obra de la época, de las releídas después, me añadió ni una más. Singularmente La Pasionaria puede considerarse como el alcaloide de aquel género, ido ya –por desgracia para los empresarios de compañías cómicas–, amasado con cursilería, efectismos, versificación infame y conflictos estúpidos, de una estupidez emocionante".

Jardiel junto a Julio Peña, Rosita Díaz, José Crespo y Juan Torena

Uno de los rasgos predominantes en la versión hispano-estadounidense es la cuidadísima dirección artística –el mismo Jardiel supervisó los decorados, el mobiliario e incluso el vestuario–. Por otro lado, al margen de otros detalles técnicos , conviene destacar que algunas de las modificaciones del argumento –por ejemplo, la muerte de su protagonista, Germán– contribuyen a equilibrar el relato fílmico. En suma, ninguna otra adaptación del teatro jardielesco alcanzará a ésta en cuanto a gracia y talento, y aunque el escritor continúa durante varios años vinculado al cinematógrafo, el desinterés con relación a éste va dominar poco a poco su estado de ánimo.

En 1936 resuelve adaptar otra de sus obras en Usted tiene ojos de mujer fatal (1936), de Juan Parellada, filme que protagonizan Ramón de Sentmenat, Hilda Moreno y Félix de Pomés, y cuyo estreno se celebra en el Cine Alhambra, de Zaragoza, el 30 de marzo de 1939. Su siguiente guión adaptado sirve de fundamento a Las cinco advertencias de Satanás (1937), de Isidro Socías, que llega a la pantalla de un cine barcelonés, el Urquinaona, el 17 de enero de 1938.

Contemporánea de estas dos producciones con linaje teatral es la serie de cortometrajes de diez minutos que el comediógrafo dirige junto a Luis Marquina en los Estudios CEA de Madrid. Si bien las filman en San Sebastián entre 1938 y 1939, estas películas breves toman su argumento de relatos publicados por el autor entre 1926 y 1928 en las páginas de Buen Humor y Gutiérrez. A no dudarlo, ese perfil humorístico queda de manifiesto en los rótulos con que se introduce el ciclo: Letreros típicos, Definiciones, Un anuncio y cinco cartas y El fakir Rodríguez.

La Guerra Civil

Caricatura de Enrique Jardiel PoncelaLa guerra le abre a Jardiel un destino completamente nuevo. En marzo de 1937 abandona Madrid y parte con su familia a Barcelona, donde obtiene un falso contrato con la compañía de Lola Membrives. De ese modo, viaja a Buenos Aires, y allá pronuncia varias conferencias en Radio Rivadavia . Asimismo, escribe la adaptación al cine de su comedia Margarita, Armando y su padre, la cual había sido estrenada en el madrileño Teatro de la Comedia el 17 de abril de 1931, encabezando el reparto Milagros Leal .

Al igual que su fundamento escénico, el largometraje Margarita, Armando y su padre (1939), de Francisco Mugica, bromea con los giros argumentales de La dama de las camelias. Pero si en la novela y el drama de Dumas el romance entre Armand Duval y Marguerite Gautier es contrariado por el padre del amante y aún más por la tuberculosis, en la obra de Jardiel el tedio es la medida que actúa como antídoto del amor.

Conociendo esa clave paródica, la elección de Mecha Ortiz para el papel protagónico se explica con el slogan que hizo de ella la «Greta Garbo argentina». Téngase en cuenta que el filme Margarita Gautier (Camille, 1936), dirigido por George Cukor y protagonizado por la Garbo, ya triunfaba en los cines de medio mundo.

Para mayor coincidencia, el actor Florencio Parravicini, quien acompañó a Mecha en Los muchachos de antes no usaban gomina (1937), de Manuel Romero, y en Melgarejo (1937), de Luis Moglia Barth, encabeza con ella este reparto del que también forman parte Ernesto Requén, Pedro Quartucci y Alita Román. En lo que concierne al proceso de adaptación propiamente dicho, citamos acá las palabras de la intérprete principal:

"Cuando llegó Mugica de Europa –dice Mecha Ortiz–, se encontró con todo planeado y tuvo el delicado gesto de llamarme para ratificar si yo aceptaba ser dirigida por él. [...] Lo cierto es que entre Mugica y Jardiel Poncela adaptaron el guión, sacaron los excesos farsescos que tenía la comedia, le cambiaron el final y suavizaron algunas cosas, acordes al temperamento de Mugica y al cine que le gustaba y quería hacer. Luego completaron el encuadre y Jardiel Poncela partió, renunciando a la supervisión, confesando confiar ampliamente en el director. [...] Recuerdo con mucha gracia las recomendaciones que el Nene Mugica le hacía a Parravicini cada vez que empezábamos a filmar. No agregue una sola palabra. Ni una letra. Piense que el libro es nada menos que de Jardiel Poncela” .

El plagio de Noel Coward

Menos respeto hay en el plagio del que fue objeto otra conocida pieza de Jardiel, Un marido de ida y vuelta, en cartel desde octubre de 1939. Un año después de su presentación, el británico Noel Coward adaptó la trama a su estilo –por otra parte tan admirable– y el resultado fue la obra Blithe Spirit (Un espíritu burlón). Añadamos que David Lean se hizo cargo de su adaptación cinematográfica en 1945, con Rex Harrison en el papel principal. Con todo, hay quienes defienden a Coward espigando el detalle de otro antecedente: la comedia Heaven Can Wait, del norteamericano Harry Segall, puesta en imágenes por Alexander Hall bajo el título Here Comes Mr. Jordan en 1941. Resumiendo: una vez descartada la originalidad, toda influencia es cuestionable.

Para compensar este turbio pleito, Jardiel dirige en 1940 una producción para Grafofilm, Mauricio o una víctima del vicio, con la ayuda de los operadores Alfonso Nieva y Francisco Centol. En realidad se trata de un remontaje doblado de la película muda La cortina verde (1916), que a su vez era el planteamiento fílmico de una obra de Julio Dantás.

Tiempo de adaptaciones

Poco después, llega hasta los espectadores la versión de uno de los mayores éxitos teatrales de nuestro autor, Los ladrones somos gente honrada (1942), planificada por Ignacio F. Iquino, con Manuel Luna y Amparo Rivelles en cabecera del reparto. Esta joven actriz es además la protagonista de Eloísa está debajo de un almendro (1943), una producción de Cifesa que dirige Rafael Gil a partir del libreto de la obra homónima, estrenada el 24 de mayo de 1940 en el Teatro de la Comedia.

Sabido es que la presencia del cine en esta pieza se expresa en una forma muy estudiada, sobre todo en la primera escena: aquélla que tiene lugar en el salón de un cinematógrafo de barrio .

A excepción de tres largometrajes –Los habitantes de la casa deshabitada (1946), dirigida por Gonzalo Delgrás, Eloísa está debajo de un almendro (1943), obra de Rafael Gil, y Los ladrones somos gente honrada (1956), de Pedro López Ramírez–, la posterior filmografía jardielesca, aunque verdaderamente fecunda, en modo alguno muestra el sello del comediógrafo. Es peligroso asomarse al exterior (1943), de Alejandro Ulloa, es una débil adaptación de la pieza homónima, puesta en escena el 29 de septiembre de 1942 en el Teatro de la Comedia.

Aunque muy dignamente fabricadas, tampoco logran mostrar un gran ingenio películas como Un marido de ida y vuelta (1957), de Luis Lucia, Fantasmas en la casa (1958), de Pedro López Ramírez, Tú y yo somos tres (1961), de Rafael Gil, Las cinco advertencias de Satanás (1969), de José Luis Merino, y Un adulterio decente (1969), de Rafael Gil.

Más atrevidas en su concepción, Las siete vidas del gato (1970) y Blanca por fuera, Rosa por dentro (1971), de Pedro Lazaga, sucumben al gusto de la época con sus apuntes de picardía, más llenos de calor, pero no alcanzan el soplo humorístico que fuera de desear.

Nota editorial

Entre 1932 y 1935, Enrique Jardiel Poncela viajó en dos ocasiones a Hollywood, contratado como guionista por los estudios de la Fox Film Corporation. Allí también logró rodar, con un equipo técnico totalmente norteamericano, la película en verso Angelina o el honor de un brigadier, basada en una de sus grandes comedias.

Su experiencia en Los Ángeles, ciudad que él sitúa a 40 kilómetros del Océano Pacífico y a 30 de Charles Chaplin, es el núcleo central de este libro, que comienza en una estación de ferrocarril de París y acaba en un teatrode Madrid, de la mano de la actriz Catalina Bárcena.

El ingenio y el poderoso sentido del humor de Jardiel, que constantemente roza el absurdo y el surrealismo, convierten su aventura norteamericana en un relato apasionante sobre un mundo que a él le parece a medio construir pero que le fascina: los rascacielos de Nueva York —«la ciudad menos parecida a Madrid que más se parece a Madrid»—, la atmósfera mafiosa de Chicago, las palmeras de California… De cada sitio se lleva un posavasos, la carta del menú, una postal con la que ilustrar el texto. A todo ese material documental, esta edición prologada por su hija Evangelina añade numerosas fotografías del paso de Jardiel por Hollywood, como particular homenaje a su memoria.

Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901- 1952) es uno de los grandes renovadores de la novela y el teatro de humor. Tras publicar Amor se escribe sin hache (1929), viajó en dos ocasiones a Hollywood como guionista de la Fox, donde llegó a rodar en verso la película Angelina o el honor de un brigadier, experiencia que acabaría recogiendo en artículos y finalmente en un libro.

Miembro del grupo literario bautizado por José López Rubio como «La otra generación del 27», del que también forman parte Edgar Neville y Miguel Mihura, es autor de novelas como ¡Espérame en Siberia, vida mía! (1930), Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (1931), La «tournée» de Dios (1932), Novísimas aventuras de Sherlock Holmes y Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull, aunque su mayor popularidad la obtuvo en el teatro con comedias que suscitaron fuertes polémicas al ser estrenadas: Usted tiene ojos de mujer fatal (1933), Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936), Eloísa está debajo de un almendro (1940), Los ladrones somos gente honrada (1941)…

Ficha editorial

A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin. Un humorista español en Hollywood

Enrique Jardiel Poncela

Colección : Literatura Rey Lear

Prólogo: Evangelina Jardiel Poncela

Páginas: 168

Formato: 15,5 x 23,5 Rústica con cuadernillos cosidos al hilo

Precio: 15,95 €

ISBN-13: 978-84-92403-57-8

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de nota editorial e imagen de la portada © Rey Lear. Reservados todos los derechos.


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