Amadís de Gaula

Amadís de GaulaNos aproximaremos a este clásico a través de una exhibición que resumía casi todo lo que interesa conocer en torno al caballero Amadís y sus andanzas literarias. La muestra Amadís de Gaula, 1508: quinientos años de libros de caballerías, organizada por la Biblioteca Nacional de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), dio cuenta de los orígenes, el contenido y la difusión de uno de los géneros más influyentes de todo el Renacimiento y el Barroco: el de los libros de caballerías.

Gracias a esta exposición, que permaneció abierta desde el 9 de octubre de 2008 hasta el 18 de enero 2009, pudimos conocer en profundidad la historia de la literatura caballeresca y la de su máximo exponente, el paladín Amadís de Gaula.

La edición más antigua del Amadís de Gaula que ha llegado hasta nosotros es la de Zaragoza de 1508, aunque, según nos dice Salvador Bernabéu Albert, “se sospecha que hubo una anterior, actualmente perdida. G.S. Williams [en “The Amadís Question”, Revue Hispanique, vol. XXI, 1909, p. 155] ha barajado la fecha de 1496. En la que ha llegado hasta nosotros de 1508, el Amadís se compone de cuatro libros, en los que hay que remarcar algunas diferencias que se agudizan en el quinto libro, esto es, en las Sergas de Esplandián. (…) El Amadís primitivo tuvo una gran popularidad en los siglos XIV y XV, pero nada comparable a la gran difusión europea y mundial que tuvo la refundición de Montalvo y la continuación original, las Sergas” (Estudio introductorio, Las Sergas de Esplandián, Doce Calles, Instituto de Cultura de Baja California, 1998, p. XIX).

¿Qué raíces literarias tiene la obra de Montalvo? ¿Y cuál es el contexto social y literario en el que nace su caballero imaginario? En la guía didáctica publicada por la Biblioteca Nacional con ocasión de esta muestra, esa doble curiosidad quedaba satisfecha.

Amadís de Gaula

Además de los vínculos existentes entre el Amadís y los roman artúricos medievales –leemos en la citada guía– la obra se relaciona con uno de los géneros en prosa más importantes del siglo XV: la historia.

En tanto que relación de unos hechos, el texto de Montalvo tiene mucho que ver con los repertorios biográficos de grandes nobles y reyes, y con la narración de sucesos de un reinado. El escritor no puede prescindir de este parentesco, aunque para ilustrar el tipo de las “historias dignas de crédito” retroceda hasta el latino Tito Livio. Por otra parte, reconoce Montalvo que el relato biográfico que puede realizar de la trayectoria heroica de Amadís puede resentirse por el carácter fabuloso de sus hazañas, de forma que tendría mucho que ver con las “historias de afición”, tales como aquellas que están inspiradas en la leyenda de Troya.

En un intento por dignificar la naturaleza de su “historia fingida”, Montalvo le añade como elemento enriquecedor su vocación moralizante.

La figura del caballero literario –tomamos la cita de la guía didáctica– es el resultado de una soberana idealización. Algo muy distinto a como eran los caballeros de verdad. Del mismo modo que los roman medievales, los autores de literatura caballeresca hacían abstracción de los aspectos más deplorables de la realidad de la caballería histórica y prefirieron elaborar un código ejemplar de conducta difícil de mantener en la práctica.

Se ha dicho que la existencia del caballero andante, infatigable buscador de aventuras, viene a ser la representación ficticia de todos aquellos segundones de la nobleza que estaban obligados a ganarse su sustento al no poder heredar las tierras de su padre, reservadas al primogénito. Aparte de la opción a incorporarse a la Iglesia, quedaban abocados a enrolarse en las filas de otro señor feudal o buscar un matrimonio de conveniencia con alguna heredera.

Por otra parte, el estamento aristocrático en su conjunto utilizó las formas del ideal caballeresco para convertirse en un grupo cerrado, que necesitaba reivindicarse, por unas credenciales heroicas y sublimadas, del resto de las fuerzas sociales de la época.

En el período medieval, los caballeros, nobles en su origen, formaban el grupo de los bellatores. Su papel dentro del cuerpo social era el de defender el orden establecido y, por tanto, mantener la justicia. Como estaban en el escalón más privilegiado de la pirámide social se atribuían unos deberes y unos privilegios que hoy dependen de otras instancias políticas, económicas y militares.

La cultura medieval tendió con frecuencia a la alegoría. El espacio, por ejemplo, era concebido en términos metafóricos, de modo que lo que se proyectaba hacia arriba tenía un valor más positivo (como equivalencia de la proximidad hacia el cielo) que lo que se colocaba abajo. La sociedad era un pequeño microcosmos, cerrado que representaba un universo superior creado con suma perfección por Dios.

También la Mesa Redonda de los caballeros del Rey Arturo –modelo de todos los caballeros literarios– posee este valor figurativo, en tanto que viene a ser un pequeño, cerrado en su perfecta circularidad.

Los caballeros que se sientan alrededor son lo más selecto del estamento militar aristocrático. Se reúnen allí para comer, pero, sobre todo, para conmemorar sus hazañas, haciéndolas públicas ante un auditorio curioso, ya que la aventura del caballero andante suele desarrollarse en la más completa soledad.

Es posible que los orígenes del Grial se remitan a la tradición celta, que surtió de numerosos motivos folclóricos a la narrativa artúrica. Era algo así como una escudilla que simbolizaba la fecundidad, la fertilidad, la abundancia. Cuando los clérigos medievales se adentraron como creadores en la tradición caballeresca, hicieron una lectura del Grial en términos religiosos y ascéticos. Ahora se trataba de la copa utilizada por Jesús en la Última Cena y contenía su propia sangre. Sólo podían contemplarla o beber de ella aquellos que estaban libres de pecados, de modo que la búsqueda del sagrado Grial se convierte en un proceso alegórico a través del cual el caballero demuestra su catadura moral y la pureza de sus sentimientos.

El Amadís de Gaula medieval

La historia del Amadís comienza a principios del siglo XIV en Castilla, en los años del reinado de Alfonso XI. Su referente directo son los textos de la Materia de Bretaña, los que cuentan las aventuras de los caballeros de la Mesa Redonda, con el rey Arturo y Lanzarote a la cabeza.

El texto medieval sufrió a lo largo de los siglos XIV y XV varios cambios, de los que sólo hemos conservado ocho fragmentos de un códice del siglo XV, que habían servido como apoyo de papel para una encuadernación antigua. Para poder entender la génesis de los libros de caballerías, se exponen dos códices de textos artúricos muy poco conocidos, conservados en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, así como algunas obras caballerescas castellanas como el Libro del Cavallero Zifar o traducciones, como el Lanzarote del Lago, o los fragmentos artúricos de la Universidad de Salamanca.

Y en esta sección, además de poder disfrutar por primera vez en España de los fragmentos medievales del Amadís de Gaula, de la Bancroft Library de la Universidad de Berkeley, se podrá apreciar también por primera vez una de las joyas bibliográficas que conserva la Biblioteca Nacional de España: los fragmentos de un códice del siglo XV del Tristán de Leonís, con miniaturas, que –como los fragmentos amadisianos– se han conservado gracias a que formaron parte de la encuadernación de otro códice hasta el siglo XIX.

En dos interactivos realizados para la ocasión, los visitantes podrán ponerse a prueba y saber si son capaces de identificar a los más importantes personajes de los textos caballerescos medievales (el rey Arturo, la reina Ginebra, Lanzarote, Merlín, Galván…), y podrán apreciar reproducciones de los ocho fragmentos del Amadís e intentar leer unas líneas de uno de ellos, escrito en letra gótica libraria.

El Amadís de Gaula y la imprenta

A finales del siglo XV (hacia 1495 o 1496), Garci Rodríguez de Montalvo, regidor de Medina del Campo, reescribe los tres libros medievales del Amadís de Gaula y lo completa con un cuarto, y dedica la obra final a los Reyes Católicos. Entramos de lleno en el Renacimiento. Y será este texto el que triunfe en todo el mundo a lo largo y ancho del siglo XVI.

De este texto debió hacerse una impresión (en Sevilla, Burgos, Medina del Campo) antes de terminar el siglo XV, pero de ella no se ha conservado ningún ejemplar. ¿Su forma? Muy parecida a los cuatro incunables caballerescos que se pueden admirar en la exposición, en muy pocas ocasiones accesibles al público: Tirant lo Blanc (1490), Baladro del Sabio Merlín (1498), Oliveros de Castilla (1499) y Tristán de Leonís (1501), este último copia de una edición anterior de época incunable.

La imprenta, ese “ejército de soldados de plomo con que se puede conquistar el mundo”, en certera frase atribuida a su inventor, Gutenberg, va a encontrar en loslibros de caballerías un aliado para su difusión. Y los libros de caballerías van a constituirse en uno de los géneros editoriales más transitados por los tipos móviles a lo largo del siglo XVI, el que más va a hacer “sudar las prensas”, como se aprecia en el mapa de los talleres de impresión que se ha preparado para la exposición.

Más de ochenta títulos, centenares de ediciones y miles de ejemplares impresos –de los que sólo hemos conservado una mínima parte- son la prueba de este éxito comercial.

Las crisis económicas del reinado de Felipe II hicieron que los libros de caballerías –como otros géneros novelísticos– volvieran la vista a la difusión manuscrita, que era la más habitual para los textos dramáticos, los poéticos y aquellos que no pasaban la censura oficial. Y así, desde mediados del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVII, contamos con libros de caballerías que se difundieron de manera manuscrita. La Biblioteca Nacional de España conserva uno de los fondos más completos y abundantes en este tipo de obras, del que se exponen varias, destacando la Quinta parte del Espejo de príncipes y caballeros, posterior a 1623, es decir muchos años después del éxito del Quijote.

En esta sección, además de la reproducción de una prensa de la época, procedente de la Imprenta Artesanal del Ayuntamiento de Madrid, podrá admirarse otra de las joyas bibliográficas de la Biblioteca Nacional: un original de imprenta caballeresco; el ejemplar concreto del Amadís de Gaula de 1563 que componedores y correctores de la época usarán para realizar la reedición de 1575, de la que también la Nacional conserva un ejemplar. Y ambos estarán cara a cara en la exposición por primera vez, para el disfrute de los visitantes.

A finales del siglo XIX se descubrió en Ferrara el único ejemplar conservado de la edición de los cuatro libros de Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo, que terminó de imprimir Jorge Coci en su taller zaragozano a finales de octubre de 1508.

Hoy en día se encuentra en la British Library y es la pieza que ocupa el corazón de la exposición.

Es el primer testimonio que se conoce del texto que más influencia ha tenido en todo el Renacimiento. Por eso, para entrar a la sala tercera se hará bajo un Arco Triunfal, reproducción de los vistos en la Gran entrada de Amberes de 1635.

Los cuatro libros de Amadís de Gaula pusieron las bases a uno de los ciclos más importantes de la materia caballeresca, la columna vertebral del género, llegando hasta los doce libros: su colofón en castellano lo puso Pedro de Luján con su Silves de la Selva.

El ciclo de Amadís de Gaula está representado por ejemplares de las primeras ediciones, procedentes de España, Francia y Alemania. En este ciclo destaca con luz propia otro de los novelistas más importantes de la época: Feliciano de Silva, autor de algunos de los mejores textos caballerescos, como el Amadís de Grecia o el Florisel de Niquea. Un universo de aventuras y personajes entrelazados que hacían las delicias de los lectores de su tiempo y que nos enloquecen a los investigadores de hoy en día. Esta complejidad de tramas narrativas se apreciará en un árbol genealógico de Amadís de Gaula, realizado para la exposición, con el apoyo del grupo de investigación Mambrino de la Universidad de Verona (Italia).

Y los libros de caballerías y las traducciones y continuaciones de Amadís se convertirán en un lugar común en la Europa del momento. Traducciones y continuaciones al italiano, donde destaca la figura de Mambrino, y el personaje de Esferamundi, que continuará en italiano las aventuras castellanas; los textos portugueses, con el Clarimundo como gran obra; o las traducciones y continuaciones al francés, del que se destaca un libro muy poco conocido Roman de romans… una verdadera summa caballeresca del siglo XVII con magníficas estampas. Uno de los escasos ejemplares de la traducción del primer libro del Amadís de Gaula al hebreo, realizada alrededor de 1540, es el colofón de lujo para esta sección.


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