Antologia crítica de poesia modernista hispanoamericana, Bernat Castany, Mercedes Serna, Alianza Editorial, 2008.
Esta última está ordenada cronológicamente atendiendo a la fecha de nacimiento del autor. A cada poeta seleccionado le precede un estudio que trata la biografía y las características más relevantes de su obra, así como una bibliografía que incluye tanto los estudios clásicos como las últimas aportaciones críticas.
En esta misma colección: «La prosa modernista hispanoamericana: introducción crítica y antología» (L 5303) y «Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea» (1914-1987), ambas a cargo de José Olivio Jiménez.
Comentario
"Declara Rubén –escribe Blas Matamoro– en el prólogo de Prosas profanas, conciso y neto: «Yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer.» Y el poeta, en El sátiro sordo, es retratado en estos términos: Orfeo, poeta, espantado de la miseria de los hombres, pensó huir a los bosques, donde los troncos y las piedras le comprenderían y escucharían con éxtasis.
La evocación idealizada de mundos pasados y aun arcaicos (mitologías primitivas), lo bello de lo antiguo (la Grecia clásica, el imperio bizantino, la Francia de los Luises, las cortes de amor provenzales, el medievo guerrero y místico de España), la fascinación por lo lejano (el mundo árabe del califato, China, India, Japón), son variables de un rechazo por lo actual e inmediato.
En este sentido modernismo significa una defensa fóbica ante lo moderno, una exaltación compensatoria para huir hacia adelante, hacia el bello futuro vaticinado por los poetas.
Tal vez no sea el pasado o la lejanía lo que, positivamente, atraiga al poeta modernista.
No es lo que realmente ocurrió u ocurre a lo lejos, sino la distancia como condición para situar en ella lo deseable.
Esa antigüedad y ese exotismo son, más bien, países del deseo que de la geografía o las crónicas.
En otro orden, el de la elocución poética y la retórica, el modernismo se propone como una renovación de la prosodia, el vocabulario y la métrica-estrófica de la poesía en castellano. Lo moderno juega como opuesto a lo viejo.
Ha caducado un sistema expresivo y suena la hora de su reemplazo por otro, que convenga a la altura de los tiempos.
Por fin, el modernismo es también una moda, un código de cierto medio social (la burguesía ilustrada, las clases medias que intentan «situarse» por medio de las profesiones culturales, los mandarines de las letras).
Compartiendo ciertas expresiones, ciertas imágenes, ciertos objetos, estos grupos se reconocen como integrados, sus miembros se vinculan como pertenecientes a una estructura común.
La música de Wagner, la filosofía de Nietzsche y Max Nordau, los cuadros prerrafaelistas, el art nouveau en el diseño cotidiano, los poetas decadentes, el esoterismo lírico de los simbolistas, integran ese posible código de la moda modernista.
La moda como actitud y concepto es importante en el modernismo: se puede advertir su presencia en la cantidad de detalles sobre amuebla miento, decoración, vestuario, vajilla, etc., que preocupa a estos cultores de la furniture poetry.
También, en ciertos modelos de estampa intimista, evocaciones de boudoir de lujo que huelen a semanario ilustrado para damas elegantes.
Todo lo que los modernistas aman puede ser conseguido a condición de que se desarrolle y triunfe un tipo de civilización (la urbana industrial) que los modernistas detestan.
He allí su tensión principal respecto a su definición como modernistas.
Han de hacer lo que rechazan para conseguir lo que prefieren".
Copyright de texto e imágenes © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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