"Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas", de Umberto Eco

Apocalípticos e integrados, de Umberto EcoEn una serie de ensayos magistrales sobre la cultura de masas -en los que analiza la estructura del mal gusto, la lectura de los cómics, el mito de Superman, la canción de consumo, el papel de los medios audiovisuales como instrumento de información o el influjo de la televisión en el mundo de hoy-, Eco se plantea el problema central de la doble postura ante la cultura de masas: la de los apocalípticos, que ven en ella la «anticultura», el signo de una caída irrecuperable, y la de los integrados, que creen optimistamente que estamos viviendo una magnífica generalización del marco cultural.

"Si la cultura –nos dice Umberto Eco– es un hecho aristocrático, cultivo celoso, asiduo y solitario de una interioridad refinada que se opone a la vulgaridad de la muchedumbre (...), la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es un contrasentido monstruoso. La cultura de masas es la anticultura, Y puesto que ésta nace en el momento en que la presencia de las masas en la vida social se convierte en el fenómeno más evidente de un contexto histórico, la cultura de masas no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (...) no puede más que expresarse en términos de Apocalipsis. En contraste, tenemos la reacción optimista del integrado. Dado que la televisión, los periódicos, la radio, el cine, las historietas, la novela popular y el Reader's Digest ponen hoy en día los bienes culturales a disposición de todos, haciendo amable y liviana la absorción de nociones y la recepción de información, estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural, en que se realiza finalmente a un nivel extenso, con el concurso de los mejores, la circulación de un arte y una cultura popular".

"No es en sus componentes –escribe Blas Matamoro– donde los mass media han sido originales, sino en la distribución de los componentes, en su estructura.

Las relaciones entre el productor y el adquirente de arte masivo son vínculos de seducción. Esto es también tradicional en el consumo de cultura bajo la civilización capitalista.

La profanización del arte, que es esencial a la vida de mercado del capitalismo, comporta, entre otras cosas, la posibilidad de convertir el consumo estético en deleite, en un goce proclamado como tal, una fruición deliberada.

Esta posibilidad libidinal del arte estuvo negada mientras lo que hoy percibimos como objeto estético se mantuvo identificado con el culto, en la medieval totalidad del sistema ideológico de la Cristiandad como Estado místico supranacional.

Los elementos componentes del hombre de los mass media son, pues, heredados de los primeros tiempos del capitalismo. Lo que ha enfatizado la midcult es este costado del hombre burgués consumidor de cultura.

Ha constituido su consumidor virtual sólo con el paquete de elementos irracionales, míticos, telúricos, tradicionales y mecánicos de la condición burguesa. O sea: todo lo que la cultura capitalista heredó, a su vez, de la feudalidad, y que no acertó a racionalizar.

El arquetipo, el recurso al juego y a la magia, el espacio hechizado de la angustia, la proyección heroica, son los componentes con los cuales los mass media organizan, normalmente, la imagen de su virtual adquirente.

El psicoanálisis se ha ocupado de esta inclinación normal de la cultura hacia lo anormal psíquico, y ha tratado de sistematizado bajo rótulos como 'el malestar en la cultura', 'la nerviosidad moderna', 'la neurosis de la civilización', etc.

Lo que la midcult sistematiza, por medio de un estilo persistente (recurrencia de recursos) y una rutina que conduce a la esclerosis de los módulos de producción culturales, es aquel paquete subracional de la humanidad burguesa, de manera que la sistematización exija sus propias normas racionales de producción y genere una suerte de racionalidad de lo alienante y lo consumístico, en que el adquirente individual es fagocitado por el juego de los arquetipos, los héroes, los magos, los conductores omnipotentes y omniscientes, etc."

El pensador y ensayista italiano Umberto Eco, nació en Alesandria (Piamonte), en 1932. En 1954, a los veintidós años, se graduó en Filosofía en la Universidad de Turín. Su temprano interés por la estética medieval se refleja en su tesis doctoral, Il problema estetico in San Tomasso, publicada en 1956, y en su colaboración en el volumen colectivo Momenti e problemi di storia dell'Estetica (1959).

Simultáneamente a su labor filosófica y estética, desde 1954 a 1958 colaboró activamente en los programas culturales de la Televisión Italiana, y, a partir de 1959, se orientó definitivamente hacia el trabajo editorial y el estudio de los problemas estéticos de la literatura y el arte contemporáneos.

Asesor literario de la Editorial Bompiani, Profesor de Estética de la Universidad de Turin, Umberto Eco adquirió una celebridad europea con la publicación de su libro de ensayos, Opera aperta (1962) que contiene un lúcido análisis de las nuevas tendencias del arte contemporáneo.

Entre sus obras posteriores hay que destacar: Apocalittici e Integrati (1965), magistral estudio de la cultura de masas, y La struttura assente (La estructura ausente, 1968), análisis sistemático de la teoría de la comunicación y de los más recientes hallazgos de la investigación semiológica.

Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Copyright del texto © Lumen. Reservados todos los derechos.


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