Aclamado por crítica y lectores, este monólogo interior de una mujer, Carmen, durante el velatorio de su esposo, figura entre las piezas más difundidas del repertorio de Miguel Delibes, tanto en su versión original, en forma de novela, como en su posterior traducción al lenguaje teatral.
Cuando lo analizamos desde un punto de vista simbólico, el modo en que Carmen le recrimina a su esposo muerto —Mario, un profesor liberal e idealista— sus aparentes inadaptaciones al sistema social que ella juzga idóneo, viene a resumir, bajo la impresión de una riña matrimonial, los preceptos que por tanto tiempo han separado a los españoles.
«Mario y Carmen —escribe Edgar Pauk— representan las dos Españas, las eternas diferencias entre dos formas de enfocar la realidad» (Miguel Delibes. Desarrollo de un escritor. Madrid, Editorial Gredos, 1975, p. 99).
Pese a la pátina de ironía que cubre todo el texto, la denuncia es clara, y así, por boca de Carmen, el autor desahoga su indignación contra el clasismo, la envidia y otras formas de necedad que acaso componen lo peor de la vieja herencia ibérica.
Con singular sonoridad, el siguiente reproche de Carmen queda dominado por los citados pensamientos, y de algún modo los viene a compendiar: «Mario, cariño, lo que pasa es que ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres los sacas de su centro y no sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, enseguida quieren ser señores y eso no puede ser» (Cinco horas con Mario, Barcelona, Destino, 1981, p. 66).
A modo de inciso para aficionados a la escena, diremos que Cinco horas con Mario fue leída y admirada por el productor José Sámano, quien quiso llevarla al cinematógrafo. Luego, llegó a sus manos una adaptación teatral, pero ésta resultaba inviable. «Y volvieron a pasar los años —señala— y un buen día, en 1979, Lola Herrera me llama y me propone hacer Cinco horas con Mario en forma de monólogo, como era la novela realmente» («De la novela al teatro» (Mesa redonda), en Miguel Delibes. Premio Letras Españolas 1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, pp. 260-261).
Puesta en escena por Josefina Molina, la obra teatral se estrenó el 26 de noviembre de 1979 y se mantuvo en cartel hasta el 1 de enero de 1990, convirtiéndose en uno de los montajes más longevos de la historia del teatro español. Teniendo esto en cuenta, no sorprende que vuelva a reestrenarse periódicamente, con la misma actriz en el papel protagonista y la misma dirección escénica.
Volviendo al texto original, hay que insistir en que el soliloquio de Carmen resume cierta inclinación de la vieja clase media española. La viuda, con justificados deseos de ascenso en la jerarquía social, acusa al difunto de emplearse en fines menos prácticos. Introduciendo una clave religiosa, Luis López Martínez añade otro matiz complementario.
A su modo de ver, mediante las acusaciones de Carmen a Mario, «lo que Delibes quiere darnos es el documento social de una época contraponiendo el antiguo catolicismo español, tradicional y conservador, reflejado en la figura de Carmen, y las nuevas tendencias de la Iglesia defendidas y llevadas a la práctica por Mario. El hecho de que Delibes haya dedicado esta novela a José Jiménez Lozano, comentarista religioso de la revista Destino, muestra ya de antemano el fondo combativo y polémico de la misma» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 166-167).
Mucho se ha escrito asimismo acerca de la estructura de la obra, interpretable como un puro soliloquio o como un diálogo sin interlocutor que pueda responder.
Manuel Alvar insiste en que vienen a ser la misma cosa monólogo interior y diálogo interior, pues al fin y al cabo es el hablante «quien se desdobla dramáticamente y habla consigo mismo, convertido el yo en una necesaria interpretación dual de sí mismo» (El mundo novelesco de Miguel Delibes, Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 96).
De otro lado, Carmen Martín Gaite juzga que, si las asociaciones de ideas que brotan en la mente de la protagonista no estuviesen motivadas por la contemplación de «un rostro cuya cercanía y presencia hacen olvidar que ya no puede emitir respuesta alguna, el estallido de desahogo no se produciría con semejante virulencia. Y la razón me ha saltado a los ojos con una prioridad que en otras lecturas estaba aletargada. Carmen Sotillo tiene sed atrasada de interlocución con su marido, y los reproches que le dirige, que aún le puede dirigir porque le ve la cara, están, se refieran a lo que se refieran, imbuidos de esta carencia fundamental» («Sexo y dinero en Cinco horas con Mario, en Miguel Delibes. Premio Letras Españolas 1991, op. cit., p. 132).
Como les decía en la introducción, un gran número de estudiantes acceden a las páginas de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, con una idea muy específica. Para superar determinada prueba académica, esos lectores quieren conocer el resumen de Cinco horas con Mario –a ser posible, el resumen por capítulos–. Luego, aparte del argumento de Cinco horas con Mario, les interesa acceder a un comentario de texto, en el que se citen los temas del libro, se estudien sus personajes y, puestos a ahorrar trabajo, también se exponga una crítica razonada sobre su estilo. Por mi parte, seguiré intentando no centrar toda la atención en esas cuestiones tan específicas (aunque necesarias). Insistiré, pues, en mi costumbre de leer un texto como Cinco horas con Mario para disfrutar, y aceptaré sin reservas las reflexiones que de ello se deriven. Pero no por ello puedo admitir que una obra como la de Miguel Delibes quede reducida a un resumen del libro, a un análisis o a un comentario. No lo duden: el fomento de la lectura es mucho más que eso, incluso en estos tiempos en los que mantener un biblioteca personal parece algo pasado de moda.
Sinopsis
Una mujer acaba de perder a su marido y vela el cadáver durante la noche. Sobre la mesilla hay un libro —la Biblia— que la esposa hojea, leyendo los párrafos subrayados por el hombre que se ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos le viene a la mente y empieza un lento desordenado monólogo en el que la vida pugna para hacerse real otra vez. La pobre vida llena de errores y torpezas, de pequeños goces e incomprensiones. ¿Ha conocido Carmen alguna vez a Mario? Escuchemos el irritante discurrir de la pequeña y estrecha mentalidad de la esposa. Otro hombre irá poco a poco descubriéndose, para todos menos para ella, con toda su desesperanza y su fe en la vida.
Cinco horas con Mario es una novela de gran penetración psicológica que, a través de un alma femenina puesta al descubierto, llega hasta el fondo de la sociedad española del siglo XX. Sólo un escritor de la categoría de Miguel Delibes podía enfrentarse con este difícil tema y resolverlo tan brillantemente (Colección Austral).
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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