"Crónica personal", de Joseph Conrad
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Libros
- Creado en 26 Abril 2012
- Published: 26 Abril 2012
- Escrito por Blas Matamoro
Crónica personal, Joseph Conrad, traducción de Miguel Martínez-Lage, Alba, Barcelona, 1998, 166 pp.
Junto con El espejo del mar y, en menor medida, Notas de vida y letras, este texto escrito a pedido del amigo Ford Maddox Ford, constituye la tarea de autoanálisis conradiano: una selección de escenas biográficas, una antología de textos leídos por «el menos literario de todos los escritores».
Es tardío y siempre oportuno admirar a Conrad, uno de los grandes.
Por si fuera poco, he aquí la organización de su memoria, de su historia personal como escritor, resuelta como sus novelas, con un florilegio de eventos triviales que fraguan una deriva enigmática, tal si un barco sin gobierno alcanzara, sin proponérselo pero con fe ciega en la sabiduría del mar, la isla de los tesoros.
Huérfano de padre en la niñez, hijo de una madre silenciosa y penitente en su duelo, Conrad hace desde pequeño una reinvención de sus destinos. Un tío materno será su tutor, pero también su padre-madre.
Elegirá su lengua literaria, desdeñando el ruso, el polaco y el francés, para ser admitido, misteriosamente, por el inglés. Se hará navegante y escritor, dos oficios mal vistos por su medio.
Conseguirá, así, un perfil de escritor apatrida, desarraigado, flotante, para el cual escribir y navegar son aspectos de una misma práctica, o sea de una misma pasión: propiciar y satisfacer una necesidad abstracta, cuyo objeto está oculto y produce el efecto del misterio.
Lo corporiza en la memorable escena donde sitúa el arranque de su vida de escritor: treintón, marino ocioso, ve avanzar en la neblina a un hombre en pijama del que sólo sabrá que se llama Almayer y es el único criador de gansos de Borneo.
Gracias a él escribirá una larga docena de novelas. Y Almayer no lo sabrá nunca.
Esta olímpica seguridad, sumada a una formación errática y a una modestia de expresión que podríamos calificar de esencialmente humilde, hacen de este fugitivo de la tierra que se entrega a las agitaciones del océano y la escritura, un caso ejemplar y, en consecuencia, único, en las letras de nuestro tiempo.
Quiero decir: del tiempo que él contribuyó a definir.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en The Cult con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.











