Hacia 1917, el eximio artista irlandés Harry Clarke emprendió uno de los trabajos que determinaría su fama: la ilustración de Tales of mistery and imagination, una antología de los más altos relatos de Poe preparada por la editorial Harrap.
La edición, publicada en Londres en 1919, fue reconocida inmediatamente como una de las joyas bibliográficas de la época.
Desde entonces, las estampas de Clarke siguen ejerciendo un extraño magnetismo, fruto de una exquisita y laboriosa ejecución, que hizo honor a las sublimes historias que la inpiraron.
Leemos en La verdad sobre el caso del señor Valdemar: «—Señor Valdemar... ¿puede explicarnos lo que siente y lo que desea? Instantáneamente reaparecieron los círculos hécticos en las mejillas; la lengua tembló, o, mejor dicho, rodó violentamente en la boca (aunque las mandíbulas y los labios siguieron rígidos como antes), y entonces resonó aquella horrenda voz que he tratado ya de describir: —¡Por amor de Dios... pronto... pronto... hágame dormir... o despiérteme... pronto... despiérteme! ¡Le digo que estoy muerto!»
"En cierta ocasión –escribe Walter Lennig–, Valéry dijo que Poe hubiera sido totalmente olvidado en su patria si Baudelaire no lo hubiera evitado. Eso suena, en principio, algo apodíptico. No faltaron en América, a finales del siglo XIX, bienintencionados esfuerzos por recuperar a Poe para el Parnaso americano. Pero como no cobraron importancia hasta los años ochenta, se puede suponer que la extraordinaria valoración de Poe en Francia fue efectivamente el aguijón. Fuera de eso, el verdadero reconocimiento de Poe no se produjo sino después de la Primer Guerra Mundial, y se relaciona de manera inequívoca con la profunda, y hasta ahora duradera, ruptura de los valores del código moral puritano, ruptura que fue provocada por los descubrimientos de la psicología profunda y la revuelta de la «generación perdida» contra los ejemplos modélicos del pasado" (E.A. Poe, Salvat, 1988).
Edgar Allan Poe
Boston, 1809 – Baltimore, 1849
Hijo de actores ambulantes que nunca conoció, Edgar Allan Poe fue acogido al cumplir dos años por la familia de un comerciante que marchó a Inglaterra en 1815.
Cursó sus primeros estudios en internados de Londres y Stoke Newington. Asistió brevemente a la Universidad de Virginia y a la academia militar de West Point.
En 1827 publicó Tamerlan y otros poemas, que incluía versos escritos a los catorce años.
Ocupó su vida en bares, salas de juego y tribunales de justicia; colaboró con efímeras publicaciones y se enemistó con todos sus colegas.
En 1833 «The Saturday Visitor» premió su Manuscrito encontrado en una botella. Tres años después se desposó con su joven prima y acometió la redacción de las más altas historias de terror y suspense del siglo, prefigurando la literatura del siguiente.
En 1841 Los crímenes de la rue Morgue inauguró el género policial.
Edgar Allan Poe sobrevivió tres años a la muerte de su esposa. Vencido por el delirium tremens, murió el 7 de octubre de 1849 en la sala común de un hospital de Baltimore.
Harry Clarke
Dublín, 1889 – Coire, 1931
Ilustre representante del movimiento irlandés Arts and Crafts, Henry Patrick Clarke cursó estudios en la Escuela de Artes de Dublín y en el Colegio de Artes de South Kensington, donde obtendría, a partir de 1911, tres medallas de oro consecutivas por sus creaciones en el arte del vitral.
En 1914 su panel El bautismo de san Patricio fue expuesto en el Louvre y le fue encomendada la realización de las vitrinas de la capilla Honan de Cork.
Un año más tarde comenzó a desempeñarse como ilustrador editorial.
De su producción gráfica destaca la magistral serie de estampas que realizara para los Cuentos de imaginación y misterio de Edgar Allan Poe, a la que seguirían otras no menos admirables para obras de William Butler Yeats, Alexander Pope, Hans Christian Andersen, Johann Goethe, Charles Perrault y Algernon Swinburne.
El simbolismo francés, el arte de Bizancio y de Aubrey Beardsley, fueron algunas de las influencias de su trabajo.
Reconocido por la crítica como uno de los precursores del Art Nouveau, Harry Clarke murió por las secuelas de la tuberculosis en Coire, Suiza, mientras dormía.
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