Las etiquetas literarias son así, y habrá, quizá, que resignarse. Para algunos, el cielo de los libros estaría más limpio si descartásemos todo aquello que los críticos catalogan como imprescindible, y en particular, todo título que Harold Bloom no haya tamizado en su canon. Por suerte, la mayoría de los lectores prefiere adentrarse en lo desconocido sin pensárselo dos veces. A ellos, precisamente, va dirigida esta obra magníficamente escrita por Fabrice Gaignault.
William M. Thackeray, a principios de la década de 1840, escribió en la revista Punch la serie que lleva por título «The Snobs of England», a la que más tarde dio forma de libro en The Book of Snobs (1846-1847).
Ahora podemos estar más que felices con el modo en que Gaignault redondea esa rotunda palabra, esnob, atento al matiz que adquiere si hablamos de literatura.
Caben aquí, en este diccionario, además de caprichos de lector que ya conocemos, voces ajenas cuya singularidad también podemos hacer nuestra.
De eso se trata, ¿no creen? Al fin y al cabo, es lo que toda biblioteca privada necesita. Curiosidad permanente, desprecio a las etiquetas y un cierto desorden en las preferencias.
Fabrice Gaignault, redactor jefe de la sección de cultura en la revista Marie-Claire, disfruta en territorio comanche. Lo suyo es la literatura sin denominación de origen, y aunque todo escritor puede inventarse un mundo, Gaignault se siente inclinado por los autores que colorean ese territorio con los tonos chillones del dandismo, la rareza, la provocación y la paradoja.
No hace falta ser esnob ni verse obligado a trasnochar para darle, en lo que dice, la razón. Gaignault llena su galería con tipos que no viajan en línea recta, y que apuran la vida literaria como si fuera un reguero de pólvora encendido.
Para ellos, el telón se levanta sin el aplauso de académicos, de publicistas o de compradores de best-sellers.
Este diccionario no es sólo un derroche de erudición –que también lo es–, sino un fantástico paseo: un repertorio divertido, sin resabios y sin prejuicios, ante cuya jerarquía de valores algún bienpensante se hará cruces.
Con todo, aunque la gracia del libro es que muchas veces se va por los cerros de la digresión, no contradice el saludable principio de que la lectura bien entendida empieza por el placer privado y por ese sentimiento un poco manido al que llamamos complicidad.
Mucho cabe en el inventario de Gaignault. La tertulia del Hotel Algonquin, el Club de los Bigotes Largos, los cotilleos cinéfilos de Kenneth Anger y la nostalgia de exiliados como Max Aub. El decadentismo de Barbey d'Aurevilly, Pierre Louÿs, Jean Lorrain o Aubrey Beardsley.
La vida social de la generación Beat y el círculo de Bloomsbury. El periodismo gonzo y las portadas de Granta y The Paris Review. Las habitaciones del Chelsea Hotel y la fantasía a contrapelo de soñadores como el Barón Corvo.
El ingenio de Ambrose Bierce, los guantes de boxeo de Arthur Cravan y –suma y sigue– las pesadillas de Howard Phillips Lovecraft, las misiones como espía de Ian Fleming y el cinismo amoral de Maurice Sachs.
Todo ello sin olvidar a damas tan singulares como Vita Sackeville-West o Edith Sitwell, por añadir solo dos entradas más a este archivo excepcional, que disfrutará especialmente quien ignore el esnobismo (esa «exagerada admiración por todo lo que es de moda» descrita por la RAE en 1927).
La obra es singular pero no aspira a ser exclusiva. Recuerden que su título completo es Diccionario de Literatura para Esnobs. Y (sobre todo) para los que no lo son.
Ortega y Gasset dijo en cierta ocasión que la palabra snob provendría de la abreviatura de (s)ine(nob)ilitate, estampada en la hoja de inscripción de los estudiantes ingleses que no poseían títulos de nobleza. Gaignault recuerda esta ocurrente etimología para presentar su diccionario. Sin duda, es oportuna a la hora de describir el contenido: lo que el autor llama una secta electiva, un linaje privado y elegante que el esnob literario defiende por encima de otras eminencias consagradas por la posteridad.
Dejo para el final dos virtudes que mejoran la oferta: la excelencia editorial del volumen y las bellísimas ilustraciones de Sara Morante.
Nota editorial
Ante nosotros tenemos un jugoso catálogo de malditos que solo una minoría selecta debería conocer: de los realistas sucios al Club de los Bigotes Largos, de Kathy Acker a los escritores de cuello vuelto, pasando por Annemarie Schwarzenbach y los amantes del periodismo gonzo.
Un exhaustivo listado repleto de autores de vida desastrosa pero sublime, de dandis inveterados, de escritoras de rostro andrógino y gatillo fácil, de miembros de sectas literarias asesinas o de muertos heroicos cuya rocambolesca desaparición les catapultó al estrellato.
¿Quién es ese tipo llamado André Blanchard, que provoca crisis de espasmofilia con solo escuchar su nombre en según qué lugares? ¿Quiénes integran exactamente el Club de los Bigotes Largos?
¿Acaso un extraño grupo de moteros pilosos? ¿Es Jean de La Ville de Mirmont el más grande escritor francés del xx, tal como se afirma en diversos círculos?
Fabrice Gaignault, como buen esnob, nos presenta un diccionario de literatura indispensable para todos aquellos que de algún modo sabían que existe vida más allá de las figuras impuestas por la Academia.
Una biblia para los «happy few» amantes del namedropping, que se convertirá en un manual de obligada consulta a la hora de determinar quién es quién en el exigente mundo de los entendidos de cenáculo.
Fabrice Gaignault es escritor y periodista. Director de cultura y libros de la edición francesa de Marie Claire, es autor de varios libros sobre arte, música y tendencias.
En 2006 publicó un jugoso tratado sobre las musas de los sesenta, y muy poco después este Diccionario de Literatura para Esnobs, en la desaparecida editorial Scali.
El libro constituyó un pequeño acontecimiento en el panorama editorial francés y se reeditó varias veces. Actualmente vive en París.
Sara Morante estudió artes aplicadas en España y en Irlanda, y ha asistido a varios talleres de litografía de Don Herbert, en Arteleku (San Sebastián). Recibió el Premio Nacional de Arte Joven, categoría ilustración del Gobierno de Cantabria en el año 2008, y sus trabajos han sido seleccionados y expuestos en el IV Premio Nacional de Litografía Ciudad de Gijón 09, Inmersiones 09 y Espacio Zuloa de Vitoria (ilustración ganadora del Good Shi(r)t 2010). Ha ilustrado el poemario Señal, de Raúl Vacas (Mundanalrüido), y ha realizado diversas colaboraciones en prensa.
Ficha editorial
Diccionario de Literatura para Esnobs. Y (sobre todo) para los que no lo son
Fabrice Gaignault
Ilustraciones de Sara Morante
Prólogo de José Carlos Llop
Traducción de Wenceslao-Carlos Lozano
ISBN: 978-84-15130-06-2
140 x 220 mm
25,95 € euros
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes y nota editorial © Editorial Impedimenta. Reservados todos los derechos.
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