"Don Segundo Sombra", de Ricardo Güiraldes
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- Category: Libros
- Creado en 13 Diciembre 2011
- Published: 13 Diciembre 2011
Don Segundo Sombra, Ricardo Güiraldes, Cátedra, 1988, ISBN 9788437601519.
Clásico argentino, Don Segundo Sombra (1926) pervive como el mejor ejemplo de literatura gauchesca en prosa.
He aquí un vigoroso personaje literario, retrato ideal y casi mítico del gaucho, con su concepto rabioso de libertad, con su individualismo anárquico a lo largo de andaduras y episodios continuos a través de un paisaje abierto. Sara Parkinson, especialista en la obra de Ricardo Güiraldes, ofrece en este volumen la edición crítica de esta novela de la pampa por antonomasia.
Comentario
"Una suerte de instinto natural por la vida virtuosa –escribe Blas Matamoro– aparta al muchacho de un precoz destino de marginal, lo cual, sumado a la protección de Don Fabio, encamina la fábula de la picaresca a la caballería.
Este «llamado de la sangre» o anagnórisis intuitiva, un tópico frecuente en la narrativa y la dramaturgia clásicas, se da en algún otro momento de la novela.
Cuando cae herido y convalece en un rancho hospitalario, tiene una premonición de que el señor Galván, un propietario, lo recibe en su casa como a uno de los suyos, y le dice que marche a su estancia.
Como entre sueños, en el capítulo XXIII, el narrador oye la voz de Don Segundo que le anuncia: «Dejá nomás, que con el correr del tiempo todo esto será tuyo.» La aparición de Don Segundo Sombra convierte la historia, decididamente, en una fábula de iniciación caballeresca: el maestro, jinete que antes se ve como cabalgadura que como caballero, se lleva al iniciando lejos del hogar, para instruirlo en la moral de las pampas, suerte de caballería que coopta a sus miembros a través de una serie de pruebas donde se adquieren las destrezas del campesino y se asume una moral de la dureza.
Esta se sintetiza en el consejo del maestro: Hacete duro, muchacho.
Lo opuesto es el flojo, el hombre que vacila en el momento de decidirse, que aguanta mal los inconvenientes de la vida y prefiere el placer al esfuerzo.
La dureza es como el principio de realidad, a la vez que la caracterización del varón en una sociedad de hombres solos, una excluyente Mannerbund como lo es la gauchesca.
Formado el iniciando, el maestro lo devuelve, por un laberinto de senderos pampeanos, al lugar de origen, donde el padre lo reconoce como hijo y lo inviste como heredero, o sea como capacitado para ocupar, a su vez, el lugar paterno. (...) El maestro es segundo y es sombra.
¿Quién es el primero y la luz? Es probable que entre el padre oculto (Don Fabio) y el maestro (Don Segundo) haya un contrato pedagógico, como el que existe entre el padre y los maestros en el Wilhelm Meister de Goethe.
También aquí la formación del iniciando ocurre lejos de casa y en manos de unos instructores que cooptan al aspirante y lo llevan a un recinto iniciático donde está, precisamente, su padre, como parte de esta logia de maestros.
Un momento de Don Segundo Sombra autoriza a pensar que Don Segundo sabe la filialidad de su discípulo.
¿Cómo habría de saberla si no es por medio del padre mismo? El maestro no tiene padre ni hijo conocido, es un solitario absoluto que evoca a su madre comparándola con cualquier madre (es hijo de una cualquiera, quizá, como el narrador).
Está en segundo lugar y es la sombra de otro. El primero que proyecta esta sombra debería ser, cómo no, el propio padre oculto.
El primer encuentro es descrito con estas palabras, que parecen subrayar lo esotérico de la iniciación que va a tener lugar en la soledad de las pampas, o sea en un ámbito que equivale al encierro de las cámaras iniciáticas: «De golpe, el forastero volvió a crecer en mi imaginación.
Era el tapa o, el misterioso, el hombre de pocas palabras que inspira en las pampas una admiración interrogante.»
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Copyright de la cita © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.










