Este volumen reúne dos muestras más de la fecunda y feliz colaboración entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Parodia dentro de la parodia, Un modelo para la muerte (1946) –relato de intriga que se inserta explícitamente en el mismo universo que el de los reunidos en «Seis problemas para don Isidro Parodi»– lleva, sin embargo, los recursos y los personajes de esta obra al último extremo de la hilaridad (no en balde se publicó con el pseudónimo común de B. Suárez Lynch, que escribe un relato al modo de H. Bustos Domecq –pseudónimo común empleado para «Seis problemas»–, quien a su vez lo prologa).
Asignada asimismo a H. Bustos Domecq, Dos fantasías memorables engloba dos relatos, «El testigo» y «El signo», que redimen la sordidez de su anécdota con seráfica ironía.
«Edgar Allan Poe –escribe Borges– escribió cuentos de puro horror fantástico o de pura bizarrerie; Edgar Allan Poe fue inventor del cuento policial. Ello no es menos indudable que el hecho de que no combinó jamás los dos géneros. (...) Chesterton, en las diversas narraciones que integran la quintuple Saga del Padre Brown y las de Gabriel Gale el poeta y las del Hombre Que Sabía Demasiado, ejecuta, siempre, ese tour de force. Presenta un misterio, propone una aclaración sobrenatural y la reemplaza luego, sin pérdida, con otra de este mundo. Sus diálogos, su modo narrativo, su definición de los personajes y los lugares, son excelentes. Ello, naturalmente, ha bastado para que lo acusen de «literatura». ¡Aciaga acusación para un literato!»
«Como respuesta a la realidad creciente –escribe Blas Matamoro–, funda en 1936 la revista sintomáticamente llamada Destiempo, junto con Adolfo Bioy Casares. La sociabilidad argentina le arranca una leve mueca de burla, a nivel del lenguaje característico de la aristocracia y de la clase media cursi, y nacen los Seis problemas para don Isidro Parodi, que escribe en colaboración con Bioy bajo el seudónimo de Bustos Domecq (1942). En 1939 se había iniciado la guerra. La Gran Bretaña, eje del mundo al cual Borges pertenece como clerc, y la dulce Francia del arte, la fiesta y la cultura, peligran ante el infame germano. Como sus antepasados en el 14, Borges toma partido por los aliados. Los nacionalistas argentinos pasan automáticamente a la categoría de fascistas. El silencio de Borges, ya el gran escritor nacional de la época, en cuanto a sucesos políticos, se rompe por primera vez para defender a Su Graciosa Majestad Británica.»
«Como corolario del proceso –añade Matamoro–, por coyuntura histórica, el debilitamiento del imperio al final de la guerra facilita el triunfo del grupo militar nacionalista y el ascenso del coronel Perón. Borges toma de nuevo la palabra. La Argentina liberal tambalea. Hay que combatir a Perón, En el mundo de las coincidencias spenglerianas, para Borges, Perón es Moctezuma, Felipe II, Rosas, Cuitiño. Tamborini es Hernán Cortés, Urquiza, Rivadavia. Borges gana en definiciones políticas nacionales: es un claro y estúpido reaccionario, lo que pudo ocultar durante casi treinta años. El gobierno peronista lo traslada de una biblioteca municipal al mercado de Abasto. La realidad de ese mundo de tango le asquea y renuncia. Gana otra vez: se le ofrecen conferencias y tiene que estudiar escritores en lengua inglesa y lanzarse a hablar en público, cosa para la que se había inhibido antes, sistemáticamente.»
Ficha editorial
Dos fantasías memorables.
Un modelo para la muerte.
Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares
Colección: El libro de bolsillo
Bibliotecas de autor: Biblioteca Borges
11 x 17,5 cm.
128 Páginas
Rústica Fresado
ISBN: 978–84–206–3879–9
Código: 3460032
7,21€ IVA no incluido
7,50€ IVA incluido
Enero 2001
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto (nota editorial) © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.












































































