El altar de los muertos (llevada al cine por François Truffaut en 1977 bajo el título de La habitación verde) constituye una de las cimas del relato breve de todos los tiempos.
Es una delicada y conmovedora parábola sobre el peso de la tristeza, la imposibilidad de vivir sin amor, el recuerdo de los seres queridos, la dificultad de perdonar y el misterio de la muerte.
Según el crítico Thomas Stannard: "Con insuperable honradez y ecuanimidad, Henry James recoge tanto los aspectos poéticos como los patológicos de la situación... Si alguien es capaz de leer este cuento, especialmente su sublime final, sin que se le salten las lágrimas, es que es un ser sin entrañas".
Una temática y estilo muy parecidos son los que recorren la trama de Maud-Evelyn, especie de historia de fantasmas sin fantasmas.
Completan el volumen tres narraciones, rebosantes de humor y ternura, que exploran las grandezas y miserias de la vida artística en general y del oficio de escritor en particular: La edad madura (el mayor logro de su autor, a juicio de Joseph Conrad), La próxima vez y El árbol de la ciencia.
"El arte –escribe Blas Matamoro– es un acontecimiento moral pero no un capítulo de la ética. Acaso porque, fatalmente, todo lo que un ser humano hace es moral de necesidad. Pero éste no es el mundo de la generalidad abstracta en que se mueve Henry James. Su razonamiento deriva de eso que llamamos vida, algo confuso y amorfo, que impresiona afectivamente la sensibilidad del artista, el cual da forma a su experiencia y obtiene un objeto de elección por selección. El artista opta y toda opción es, ineludiblemente, moral. La moral es la vida hecha arte, algo ético por sus efectos y no por sus premisas, porque no las tiene y de ahí que no figure en los encuadres formales de la ética. Tampoco se trata de someter la vida al arte según plantea el esteticismo, dando al arte un estatuto de norma de vida y hasta de religión. Henry James trabaja en plan laico y su moralidad surge de su conducta, sin bajar desde una altura trascendente. Por eso puede proclamar la lujosa gratuidad de la literatura, un plus que el hombre reconoce cuando hace algo que resulta ser una obra pero que no responde a una demanda de consumo necesario, a una necesidad proclamada como norma de la tarea. De ahí su carácter excesivo a la vez que gratuito. Gracioso, si se prefiere. Desde luego, lo anterior se toca con otro tejido de relaciones, el del arte con la vida. Tiene que ver con dos preocupaciones privilegiadas de Henry James: la economía del relato y el punto de vista. El arte recoge sus materiales en el jardín de la vida, pero no es eso lo que importa sino el proceso que le sigue. La benéfica tarea del arte reside en tal armoniosa mixtura entre materia y proceso. A su vez, no hay acceso directo a la vida, desde el momento en que media el lenguaje. Volviendo a la analogía vegetal: la historia es el fruto más preciado de la vida misma pero no se entrega fácilmente: debe ser elaborado, exige cultivo" (Letras Libres, abril de 2007).
Ficha editorial
El altar de los muertos y otros relatos
Henry James
Traducción de Fernando Jadraque
Colección: El Club Diógenes / CD-107
Año: 1999
ISBN: 84-7702-253-4
Págs: 240
Precio: 8,00 €
Copyright de la nota editorial © Valdemar. Reservados todos los derechos.
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