Ejemplo singular de la poesía gauchesca, culta pero de acento genuinamente popular, El Martín Fierro (1953) es considerado como el exponente máximo de la literatura argentina.
El estudio de Jorge Luis Borges (con la colaboración de Margarita Guerrero) sobre la célebre obra de José Hernández ilumina la comprensión, significado y alcance de la epopeya: «Hernández escribió para denunciar injusticias locales y temporales, pero en su obra entraron el mal, el destino y la desventura, que son eternos.»
«La verdadera realidad de los pueblos –escribe Blas Matamoro– está en sus epopeyas, las obras de arte que componen sus poetas y que superponen a la historia realmente vivida (ver la prosa Martín Fierro). Los juicios peyorativos sobre lo histórico se reiteran en la obra de Borges: al iniciar la historia de su barrio dice: "Hacia el cuarenta, Palermo ascendió a cabeza mandona de la República, corte del dictador y palabra de maldición para los unitarios. No relato su historia para no deslucir lo deslucir lo demás". Al referirse a una supuesta "doctrina idealista de la historia", sostiene que daría lo mismo que desaparecieran todas las bibliotecas y archivos del mundo, ya que la consistencia de lo histórico es simplemente onírica. El dios que nos sueña volverá a soñamos, y los elementos de la narración histórica, que son siempre los mismos, volverán a repetirse y a mezclarse azarosamente como los vidrios de un caleidoscopio. La defensa del Eterno Retorno se reitera también como motivo conductor: la cantidad de elementos que forman el universo es finita, y por lo mismo, admite cierto número también finito de combinaciones. Forzosamente éstas se repiten, y la historia no es más que la mostración monótona de estas repeticiones.»
«No es casual –añade Matamoro– que Spengler centrara su admiración en lo que entendía la máxima construcción histórica moderna: el imperio inglés, cuyo demiurgo histórico era Cecil Rhodes, el conquistador de Sudáfrica, quien se creía la reencarnación del emperador Adriano. La fidelidad de Borges a todas estas nociones spenglerianas no necesita subrayarse. La idea de que la historia real no existe y que la historicidad depende del sino ideal que se transforma en voluntad de vivirse en el tiempo, hace que se conciban civilizaciones y pueblos simplemente naturales, es decir que carecen de historia. El europeo es histórico, temporal, pensable, El hindú es natural, atemporal, onírico. La división del mundo por el imperialismo de las potencias centrales de Europa –países metropolitanos y orillas– queda así justificada como una fatalidad histórica irrefutable.»
«Para Borges –concluye– la cosa no es distinta: fuera de aceptar los valores culturales europeos, a los argentinos –la Argentina en Borges es la India en Spengler, un caracterizado dominio de la corona británica– no les queda más que marginarse de la historia, ya que naturalmente son inaccesibles a la civilización histórica (...) La aspiración de Borges es la eternización martinfierrista de una etapa histórica: la de su juventud, juventud caminadora de suburbios que eran como decorados teatrales servidos a la contemplación estética, vacíos de seres humanos reales, absolutamente ausentes de vida. Es el global sentido que transparece de su prosa Sentirse en muerte.»
Ficha editorial
El «Martín Fierro»
Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero
Colección: El libro de bolsillo
Bibliotecas de autor: Biblioteca Borges
11 x 17,5 cm.
112 Páginas
Rústica Fresado
ISBN: 978–84–206–3825–6
Código: 3460028
7,21€ IVA no incluido
7,50€ IVA incluido
Marzo 1999
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto (nota editorial) © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.
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