Publicado por entregas en Per Terra e per mare, entre octubre de 1904 y mayo de 1905, Il Re del Mare (1906) figura entre las novelas más evocadoras y sugerentes de Salgari.
La historia se ambienta en 1868, y relata episodios que transcurren después de lo narrado en Le due tigri y antes de Alla conquista di un impero. Se sitúa, pues, en un momento decisivo en la vida de Sandokán y sus compañeros: cuando el poderío colonial inglés se expande y los piratas malayos comprenden que el suyo es un mundo que se desvanece sin remedio.
Llena de acción, El Rey del Mar tiene un argumento afortunado. El portugués Yáñez acude en socorro de Tremal-Naik, cuya plantación es atacada por los rebeldes dayaks.
Tremal-Naik y su hija Darma son capturados por sir James Moreland, un anglo-indio al servicio del rajá de Sarawak. Por suerte, Yáñez es salvado por un americano que le vende la poderosa nave de guerra que da su nombre a la novela.
Con ese navío, Yáñez y Sandokán liberan a Tremal-Naik y a Darma, y una vez más, declaran la guerra a Inglaterra. De ahí en adelante, la emoción del lector queda asegurada.
Para invitar a la lectura de esta obra, nada mejor que echar un vistazo a sus primeras líneas:
"–¡ Que el demonio se lleve a ese necio piloto!
El que así se expresaba se había vuelto en dirección a popa, con el ceño fruncido y el semblante alterado a causa del intenso enojo que le dominaba. A pesar de que era ya hombre de bastante edad, pues tenía cincuenta años, se trataba aún de un tipo atractivo, fuerte, con enormes bigotes grises esmeradamente cuidados y rizados, piel algo bronceada y abundante cabello que le sobresalía bajo el sombrero de paja de Manila, semejante a los mejicanos, y amado con una cinta de terciopelo azul. Se hallaba ataviado con un elegante traje de franela blanca con botonadura de oro y tenía la cintura ceñida por una faja de terciopelo de color rojo, en la cual se distinguían un par de pistolas de largo cañón, de culatas con incrustaciones de plata y nácar. Estas armas habían sido, sin la menor duda, fabricadas en la India. Calzaba sus pies con botas de agua de amarillo cuero, algo dobladas por la puntera" (El Rey del Mar, Ediciones Nauta, 1983).
"El contacto con la ciencia del Tigre de la Malasia es puramente exterior –escribe Fernando Savater–: la utiliza, pero no la comprende, y, en el fondo, quizá no la aprueba. La aventura de El Rey del Mar es significativamente reveladora a este respecto. Sandokán se hace con un formidable acorazado americano, El Rey del Mar; auténtico coloso indestructible para su época; comparado con los juncos y praos que hasta entonces ha mandado el pirata, se trata de un inconmensurable salto cualitativo. Fascinado por la máquina de fuego y hierro, declara la guerra a Inglaterra, al rajá de Sarawak y a todos sus aliados. De algún modo, ve en la poderosa estructura del acorazado una materialización adecuada de su desafiante voluntad. Tras diversas aventuras contra adversarios inferiores, siempre victoriosas, Sandokan acaba tropezando con una escuadra inglesa mandada en su búsqueda. La forman cuatro acorazados, cada uno de ellos tan grande y potente como El Rey del Mar. Entonces Sandokan aprende la infinita repetibilidad de cada producto científico, que por ello nunca pueden adecuarse propiamente a la indómita individualidad del hombre. La fuerza no reside en El Rey del Mar; máquina duplicable o perfeccionable en cualquier momento, sino en ser Sandokan" (La infancia recuperada, Taurus, 2002).
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