Los seis ensayos de Julio Caro Baroja reunidos en El señor inquisidor y otras vidas por oficio se ocupan de figuras institucionales o personajes históricos de la España de los Austrias.
«Cada palabra relacionada con títulos, cargos, oficios, profesiones y tareas humanas predispone, instintivamente, a una toma de actitud ante lo que es designado por ella.» Pero si los cronistas se encargan de acuñar los arquetipos de una época, corresponde a los historiadores revisar las biografías para ajustarlas a los hechos.
El primer trabajo examina el estilo de vida de los funcionarios permanentes de la Inquisición, los criterios seguidos para su incorporación y promoción, las formas de actuación del Santo Oficio, etc.
Martín del Río y sus «Disquisiciones mágicas», obra fundamental para el conocimiento de las prácticas de brujería y magia de la época, cierra esta galería de retratos.
Otros capítulos están dedicados a Lope de Aguirre y Pedro de Ursúa, los dos vascos que alcanzaron renombre de signo inverso en la expedición americana acometida por los “marañones”.
"Lope de Aguirre –escribe Blas Matamoro– es silenciado por la crónica histórica hasta fines del XIX. No obstante, el interés por su figura es un poco anterior.
Aventura y tratos con el demonio, malditismo y crimen, son ingredientes góticos que deben interesar a los románticos. Así es que Walter Scott lo compara con Napoleón en su biografía de Bonaparte, y el crítico francés Sainte–Beuve lo trae a colación como ejemplo de horror.
Ya Alonso de Ercilla, en su poema La Araucana, lo parangona con Nerón y Herodes, y esta figura es casi la única que conserva a Aguirre en el recuerdo de los hombres durante más de dos siglos. Era, no más, un matador de cristianos y de inocentes.
Los escritores del 98 lo miran con atención. Recordamos ya a Baroja (la novela citada es de 1911) y cabe agregar a otro vasco, Unamuno, a Valle Inclán y su novela ejemplar sobre el dictador hispanoamericano (Tirano Banderas, 1927).
Hacia 1940 comienzan a aparecer algunos autores que reivindican a Aguirre como antecesor de la independencia americana, ejemplo de virtudes vascas, libertario y anarcoide. Veremos tales ejemplos. (...) Caro Baroja ve en Aguirre un caso de peculiar religiosidad vasca.
Su punto de partida es la creencia en Dios como el (...) Señor del Cielo, suerte de amo feudal de las alturas frente al demonio, que lo es de la tierra.
Aguirre toma partido por éste y termina en ateo, aunque de un ateísmo muy especial, que implica la revelación.
La religión revelada enfrenta a la herejía y es la última razón de la fuerza.
Esta combinación de revelación y fuerza redunda en la guerra como un modelo para la vida, que es lucha y vaivén incesantes.
Aguirre, en la perspectiva de Caro Baroja, es un antecesor de Nietzsche y ello explica que haya seducido a buenos lectores nietzscheanos como don Pío y Fernando Savater.
Situado en la Europa de su tiempo, en las banderías que se disputaban todo lo divino y humano, Aguirre no es más ni menos que otros jefes militares del momento.
No mató más gente que otros coetáneos que gozan de buena salud histórica. Eso sí: mató a blancos católicos, se alzó contra la autoridad real, cuestionó su legitimidad y no se limitó a exterminar herejes, negros e indios. Por ello resulta sospechoso. Su leyenda no es áurea, sino negra".
Ficha editorial
El señor inquisidor y otras vidas por oficio
Julio Caro Baroja
Alianza Editorial
11.0x18.0 cm.
280 págs
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788420660097
Año de edición: 2006
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto © Alianza Editorial. Reservados todos los derechos.
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