Los últimos años de la vida de Holmes, una época de cambio, se caracterizaron por un talante reflexivo y melancólico poco habitual en él.
Sabemos que padeció una enfermedad y que abrió su corazón a un doctor Watson ya «reumático y envejecido». Si en la tumba de Conan Doyle figura el siguiente epitafio: «Temple de acero, rectitud de espada», cabe imaginar que al propio autor le hubiera gustado grabar uno semejante en la de Sherlock Holmes.
O quizá lo ocultó sencillamente porque, para coronar la gloria de su detective, le bastaba atestiguar que Holmes, mientras enviaba su último saludo desde el escenario, desde su retiro de sesentón escribía un Manual de apicultura.
Comentarios y referencias
"El señor Holmes nunca llevó un gorro de cazador –sir Arthur nos da su palabra sobre este punto–, ni fumó esa pipa que vemos en las películas y en las ilustraciones tardías, ese curioso objeto curvado que hemos terminado por asociar con él. Ambos accesorios le fueron añadidos por William Gillette en su encarnación teatral del personaje. Cuando preguntaron a Gillette por qué, en el escenario, fumaba una pipa curva, replicó que se sostenía con más firmeza en su boca, lo que le permitía recitar su parte con mayor facilidad. Quizás ésos eran los toques que necesitaba Holmes para tener más «vida», ¿no les parece? Holmes es el símbolo de la fe de Conan Doyle en la justicia, y nunca, cuando recordamos a aquél, olvidamos ésta." (Peter Ruber, prólogo de Estudios del natural. Los casos que Sherlock Holmes no pudo resolver, Grijalbo, 1995)
"Es verdaderamente cierto que en 1887 ningún lector de literatura popular podía haber imaginado que Sherlock Holmes y el doctor Watson, que hacían por entonces su debut en una revista británica, llegarían a ser pronto los personajes más famosos del mundo en la novela de aventuras. Sin embargo, es cierto en absoluto que su creador, Sir Arthur Conan Doyle, no tenía un atisbo de ello en aquel entonces, ni varios años más tarde, cuando decidió terminar con Holmes haciéndole caer de lo alto de una roca a la torrentera de las cataratas de Reichenbach. Pero este incidente creó tales repercusiones, que el clamor público obligó a Conan Doyle a volver su héroe a la vida y a las familiares cercanías de su alojamiento del número 221–B de Baker Street" (Introducción a Las hazañas de Sherlock Holmes, de Adrian Conan Doyle y John Dickson Carr, Editorial Éxito, Barcelona, 1955).
"Su aspecto, sus vicios y virtudes, sus éxitos y fracasos, su manera de comportarse con sus antagonistas. Nos encontramos con un héroe atípico, egocéntrico y atractivo. En sus costumbres se concentra lo más loable junto a lo más detestable. Su afición al tabaco malo, reunión de sobras de miles de pipas anteriores, que guarda en una pantufla clavada en un lateral de la chimenea. La droga que se inyecta cuando siente el aburrimiento de la vida monótona deslizarse en su interior, esa forma de desentenderse del hastío. Y al mismo tiempo un virtuoso del violín, que deleita a Watson con melodías de café vienés, con pasajes de Wagner, Verdi, Paganini: que conoce la historia de la música en sus aspectos menos conocidos y los estudia y los comparte. Un ser lleno de contradicciones, como todos, aunque nos sea duro reconocerlo" (Jesús Urceloy, introducción de Todo Sherlock Holmes, Cátedra, 2003)
Ficha editorial
15 x 19,5 cm.
ISBN: 978–84–207–6710–9
Código: 1501141
15,19 IVA no incluido
15,80 IVA incluido
Copyright de imágenes y nota editorial © Anaya. Reservados todos los derechos.
127 días atrás
135 días atrás
138 días atrás
161 días atrás
2897 días atrás
4727 días atrás
1439 días atrás
4013 días atrás
1097 días atrás
358 días atrás
568 días atrás
466 días atrás
6314 días atrás








































































