Cuando en 1978 apareció la antología de relatos El umbral de la noche (Night Shift), muchos lectores descubrieron la maestría de King en el difícil género del relato breve. No en vano, en este volumen se incluyen cuentos tan sofisticados e inquietantes como El hombre de la cortadora de césped (The Lawnmower Man, 1975) y Los chicos del maíz (Children of the Corn, 1977).
El umbral de la noche nos transporta a un mundo de terrores imposibles pero que están ahí, a la vuelta de la esquina, en un maizal, en un pueblo abandonado, en una lavandería, debajo de la cama o tras la puerta de ese armario que ni siquiera rechina.
Este es un libro de relatos escalofriantes, escrito por el indiscutido maestro del terror.
El gran gusano hediondo se ha enseñoreado de la aldea abandonada y no permitirá que nadie acabe con sus misas negras.
La máquina planchadora y plegadora ha probado la sangre de una virgen y quiere más, más, mucho más, como sea, y su macabro deseo no se detiene ni desconectando el interruptor general de la luz.
Ninguno de los chicos es mayor de diecinueve años y los amplios maizales les imponen sus implacables y sanguinarios ritos.
Se esconde en el armario, seguro que se esconde allí, y uno tras otro van cayendo en sus horrorosas garras.
Porque la garra del terror va rompiendo las costuras del guante blanco de unas situaciones aparentemente nada extraordinarias, para mostrarse con toda su crudeza en cada uno de los relatos que forman esta obra.
El umbral de la noche es más de lo que su título indica. Es un umbral que se traspasa apenas girada la segunda página y que introduce en un mundo de terrores imposibles pero que está ahí, a la vuelta de la esquina, en cualquier maizal o cualquier trigal, en el pueblo abandonado o en la lavandería de la esquina, debajo de la cama o tras la puerta de aquel armario que ni siquiera rechina.
"Por la noche –escribe King en la introducción–, cuando me acuesto, todavía tengo cuidado en asegurarme de que mis piernas están debajo de las sábanas después de que se apagan las luces. Ya no soy un niño pero..., no me gusta dormir con una pierna fuera. Porque si alguna vez saliera de debajo de la cama una mano helada y me cogiera el tobillo, podría lanzar un alarido. (...). Claro que esas cosas no suceden, y todos lo sabemos. En los cuentos que siguen usted encontrará toda clase de criaturas nocturnas: vampiros, amantes demoníacos, algo que habita en un armario, otros múltiples terrores. Ninguno de ellos existe. Lo que espera debajo de mi cama para pillarme el tobillo no existe. Lo sé. Y también sé que si tengo la precaución de conservar el pie bajo las sábanas nunca podrá pillarme el tobillo".
Copyright de sinopsis, notas de prensa e imágenes © Random House Mondadori. Reservados todos los derechos.
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