El Vizconde de Bragelonne (Le Vicomte de Bragelonne) es la novela que culmina la saga de D'Artagnan después de Los tres mosqueteros (Les Trois Mousquetaires) y Veinte años después (Vingt ans après). Planteado por Alejandro Dumas como colofón de su trilogía, el libro llegó a los lectores de Le Siècle entre el 20 de octubre de 1847 y 1850. El motivo de este retraso en la publicación de las entregas se debió a la Revolución de 1848 y a la candidatura del escritor a las elecciones legislativas.
"Las memorias de Gratien Courtilz de Sandras (1644-1712), publicadas en tres tomos –escribe Néstor Luján–, conocieron un éxito extraordinario en su época y vieron la luz cinco ediciones en menos de quince años. Su autor conoció bien la vida de D'Artagnan puesto que no sólo le trató personalmente, sino que debió tener muchas confidencias a través de Francois de Montlezau, señor de Besmaux, que fue gobernador de la Bastilla cuando Courtilz fue encerrado en ella. Trabó una gran amistad el prisionero con el gobernador que había sido compañero e íntimo amigo de D' Artagnan en el regimiento de los mosqueteros del rey. De estas memorias y de otros libros de la época, Dumas y su colaborador Auguste Maquet acopiaron una enorme información, la necesaria para escribir más de cuatro mil páginas en la trilogía de Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne" (Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan, "Historia y Vida", 1988).
"Su técnica –escribe André Maurois– se adapta tan admirablemente al género, que sigue siendo la de todos aquellos que a él se dedican. Dumas, o Dumas-Maquet [su colaborador en la escritura], partían de textos conocidos, a veces apócrifos, como las Memoires de d'Artagnan, a veces auténticos, como las Mémoires de mádame de la Fayette, de los cuales surgió El Vizconde de Bragelonne. Comparemos estas memorias con su correspondiente novela. (...) El drama no se mueve de un plano interior; madame de la Fayette no intenta narrar escenas que no ha presenciado. Dumas, por su parte, hace suyos este esqueleto y estos personajes. Cada vez que una escena le parece indicada, la escribe, como una escena teatral, con efectos de sorpresa, de violencia o de comicidad. (...) El secreto de Dumas reside sobre todo en esto: Dumas introduce personajes secundarios íntegramente suyos, y explica los acontecimientos de la historia por medio de estos desconocidos. A veces han existido en realidad. En madame de la Fayette figura un vizconde de Bragelonne que no es más que una sombra apenas entrevista. A veces Dumas los crea a partir de la nada. El milagro consiste en que estos héroes imaginarios se encuentran siempre presentes en los momentos cruciales de la historia real. Athos se encuentra al pie del cadalso de Carlos I Estuardo y recoge sus últimas palabras; a él dirige el rey su famoso «Remember». Athos y d'Artagnan, los dos solos, restablecen a Carlos II en el trono de Inglaterra. Aramis intenta sustituir a Luis XIV por un hermano gemelo que se convertirá en la Máscara de Hierro" (Los tres Dumas, Plaza & Janés, 1964).
Nota editorial
Cuando supo Cervantes que un tal de Avellaneda le había secuestrado a Don Quijote para encerrarlo en la casa del Nuncio de Toledo, se apresuró a desfacer el agravio con el más definitivo: el de su fin y acabamiento.
Justificó ante el lector el final de la historia con unas melancólicas palabras: «en ella te doy a don Quijote dilatado y, finalmente, muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios».
No fue el caso de Dumas, que aun parece que llegó a proyectar un cuarto episodio. Pero los años no pasan en balde para mosqueteros, reyes ni cardenales.
Y ha de ser un joven Luis XIV el que se encarga de recordárselo a D’Artagnan: «¿Creéis seguir viviendo en un siglo en el que los reyes estaban, como vos os quejáis de haberlo estado, a las órdenes y a la discreción de sus inferiores?… Estoy fundando un Estado en el que solo habrá un amo, como ya os lo prometí en otra ocasión; ha llegado el momento de cumplir mi promesa». Y añadió: «¡La cabeza soy yo!».
En efecto, han pasado 35 años y ahora «el Estado es Él». Las aventuras son más cortesanas, y el dinero modela fondo y forma.
Reconocemos la pluma jovial de Dumas en el perfil de personajes históricos: La Fontaine resulta ser un curioso humorista; y Molière, observador de la naturaleza humana, se inspirará en Porthos para redondear su dibujo de Le burgeois gentilhomme.
La melancolía invade los últimos capítulos de la novela, que acaba adquiriendo tintes épicos, y es acaso en esas páginas donde Dumas da lo mejor de sí mismo (si bien es cierto que no podría hacerlo si antes no hubiera dado todo lo anterior).
La muerte de Porthos es el canto homérico de la muerte mitológica de un Titán, o la bíblica de Sansón. Y D’Artagnan, que se había preguntado: «¿Qué le queda al hombre después de la juventud, después del amor, después de la gloria, después de la amistad, después de la fuerza, después de la riqueza?…», concluirá con un suspiro: «Porthos era todo corazón».
Ficha editorial
Los mosqueteros II
El vizconde de Bragelonne
Alexandre Dumas (Autor), Javier La Orden Trimollet (Preparador)
Colección: Bibliotheca AVREA
16 x 22 cm.
1824 Páginas
Cartonado
ISBN: 978-84-376-2508-9
43,00 € IVA incluido
Octubre 2008
Copyright de texto e imágenes © Ediciones Cátedra. Reservados todos los derechos.
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