Con ese libro excepcional que es Il Corsaro Nero (1898) inició Salgari la saga de cinco novelas que componen el ciclo I corsari delle Antille, y cuyo personaje principal es Emilio di Roccabruna, señor de Ventimiglia, más conocido como el Corsario Negro.
Nos situamos a mediados del siglo XVII. La piratería es común en las Antillas. Su base estratégica es la isla de Tortuga, y es en su bahía donde desembarca habitualmente un misterioso noble italiano, Emilio, el señor de Ventimiglia, Valpenta y Roccabruna.
En realidad, Emilio y sus hermanos quieren vengarse de un malvado flamenco, Wan Guld, y para ello han adoptado en las identidades del Corsario Negro, el Corsario Rojo y el Corsario Verde.
Dos filibusteros, Carmaux y Wan Stiller, traen la terrible noticia de que el Corsario Rojo ha sido ajusticiado por orden de Wan Guld, que ahora es gobernador de Maracaibo.
La aventura se irá complicando, sobre todo cuando Emilio quede hechizado por la belleza de una joven, Honorata, que en realidad es la hija de Wan Guld.
Su trama ágil y folletinesca ha convertido a El Corsario Negro en una obra frecuentemente adaptada al cine. La lista de versiones incluye Il corsaro nero (1920), de Vitale De Stefano, Il corsaro nero (1928), de Rodolfo Ferro, Il corsaro nero (1937), de Amleto Palermi, El Corsario Negro (1944), de Chano Urueta, El Corsario Negro (1971), de Vincent Thomas (Lorenzo Gicca Palli), con Bud Spencer y Terence Hill, y la más popular, El Corsario Negro (1976), de Sergio Sollima, con Kabir Bedi y Mel Ferrer en los principales papeles.
Este ciclo caribeño y pirata, que se inicia con la obra que nos ocupa, abarca cinco novelas: El Corsario Negro (Il Corsaro Nero, 1898), La reina de los caribes (La regina dei Caraibi, 1901), Yolanda, la hija del Corsario Negro (La figlia del Corsaro Nero, 1905), El hijo del Corsario Rojo (Il figlio del Corsaro Rosso, 1908) y Los últimos filibusteros (Gli ultimi filibustieri, 1908).
"Si Sandokán era un príncipe –escribe Juan Tébar–, el Corsario Negro es un noble: el Caballero Emilio de Roccanera, señor de Ventimiglia. Si el Tigre fue despojado de un reino, al Corsario le robaron su hacienda y asesinaron a sus hermanos. Por eso el Corsario Negro siempre estaba triste. Y cuando el mar Caribe se ilumina con luces fosforescentes, el fiel Wan Stiller dice que las olas se iluminan para recibir al Corsario Rojo. Es el último cadáver fraterno de cuya muerte nuestro héroe jurará vengarse. Y ésa es la historia: el Corsario Negro perseguirá sin descanso al que le despojó de sus bienes y mató a sus hermanos, convertidos en piratas por su culpa: el Gobernador Wan Guld, el malo, el dictador colonialista, como Brooke en la historia de Sandokán. Pero aquí como allá, en selvas malayas como en mares americanos, el vengador se enamora. Y de quien menos debía, si quiere llevar a término su venganza. (...) Mariana, la perla de Labuán en el corazón de Sandokán, y en contra de sus feroces designios. Lo mismo Honorata Wan Guld, la duquesa flamenca sobrina del gobernador, en El Corsario" (Apéndice de El Corsario Negro, Anaya, 1993).
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