El norteamericano Ernie Pyle fue el corresponsal de guerra más famoso de la Segunda Guerra Mundial. Pyle supo transmitir como nadie el valor, el miedo, las penalidades y las alegrías del soldado.
Aunque podía entrevistar a un general, Pyle siempre sintió una admiración especial por los soldados de infantería –“los tíos sin los que no se pueden ganar las guerras”-, quienes le consideraban como uno de los suyos.
"A nivel literario, no es un estilista fino –dice Jacinto Antón–. Es un autor que se expresa de forma muy directa. Sus despachos, además, son cortos. Hay que tener en cuenta la forma en que escribía. Pyle lo hacía desde primera línea de fuego, con una máquina de escribir. En esas circunstancias, cuanto más conciso y rápido, mejor. Por lo tanto, son crónicas muy breves. Hay poco adjetivo... Estilísticamente, es periodismo, no literatura. Pyle es el hombre que describe mejor al soldado americano. Para hacernos una idea, la película Salvar al soldado Ryan podría haber estado hecha desde el punto de vista de Pyle. Consiguió crearse un público tremendo que era toda América, porque toda América quería saber qué estaban haciendo sus chicos en la guerra, y quien lo explicaba era Pyle. Él dice que no es soldado, y uno de los problemas que tiene es que cuando hay una batalla, cuando hay un momento en el que están bajo el fuego, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer menos él".
Sus artículos aparecían publicados en cuatrocientos diarios y en trescientos semanarios, disfrutando de un eco social extraordinario. Cuando en 1944 escribió desde Italia que los soldados de tierra merecían una retribución más digna, el Congreso se vio forzado a aumentarles la paga, en una decisión que sería conocida como la “Ley Ernie Pyle”.
Ganador del Premio Pulitzer, la revista Time lo proclamó como “el corresponsal de guerra más ampliamente leído de América”.
El presente volumen es una selección de artículos publicados por Pyle en 1943 y 1944, en los que narra de forma vívida y apasionante el día a día del soldado norteamericano en los campos de batalla europeos. "En junio de 1943 –escribe–, cuando nuestras fuerzas militares y navales empezaron a enviar corresponsales de guerra al gran mosaico de la invasión siciliana, a la mayoría nos ofrecieron la posibilidad de elegir qué tipo de destino queríamos: fuerzas de asalto, flota de invasión, cuarteles base en África, o lo que fuera. Puesto que en África no había tenido la oportunidad de servir en la Marina, escogí la flota de invasión, y aceptaron mi solicitud. A partir de entonces, sólo tuve que esperar a que me llamaran a filas. A los corresponsales nos enviaban en un disimulado goteo, unos pocos cada vez, para no delatar posiciones ante el enemigo con un éxodo masivo y repentino"
"Ganó un Pulitzer –explica Jacinto Antón– y sus despachos se estudian en todas las universidades. Hay que tener en cuenta que escribía para cuatrocientos periódicos. Lo leía toda América. Su artículo fundamental, que está en este libro, trata sobre la campaña de Italia. En realidad, son dos páginas, y sin embargo, en estas dos páginas hay más verdad sobre la guerra que en una infinidad de volúmenes que se pueden leer sobre la Segunda Guerra Mundial. Se titula La historia del capitán Wascow (The Death of Captain Waskow. At The Front Lines In Italy, 10 de junio de 1944). Este era un capitán de infantería que estaba en primera línea. Lo matan y lo traen en una mula. Lo dejan en el suelo. Lo tapan con el poncho. La historia es que este capitán protegía mucho a sus soldados, se había enfrentado al mando... La típica historia bélica que nos han contado mil veces, pero esta vez de verdad. La única manera que tienen los soldados que hacerle un último homenaje es vigilar su cuerpo hasta que se lo lleven, haciendo guardia a su lado. Hay un momento tremendamente emotivo de un soldado que le coge la mano. Pyle está al lado. Como es pequeñito, no le ve nadie, y oye decir al soldado: 'Adiós, capitán'. Son dos páginas de una emotividad tremenda, y este es el despacho que le dio la grandísima popularidad que tuvo. Era una forma de explicar la guerra no con los cañonazos, sino con el silencio de las oraciones y el silencio de la última despedida. Es la gran historia de guerra americana".
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