Excéntricos ingleses es uno de los libros más conocidos de Edith Sitwell. Se trata, además, de una pieza de culto, y de una de las obras más originales y divertidas del siglo XX.
Lleno de historias inolvidables, este libro, a caballo entre la biografía, el ensayo y el poema en prosa, es una obra maestra de la prosa inglesa y del humor, la ironía y la evocación, y constituye una de las lecturas más hilarantes de todos los tiempos.
Dame Edith Sitwell recoge en Excéntricos ingleses, con su exquisita e inconfundible prosa, a los personajes más disparatados de la nobleza inglesa: el anfibio lord Rokeby, con una barba que le llegaba hasta las rodillas y que vivía en una inmensa bañera; Charles Waterton, que se paseaba por su finca a lomos de un cocodrilo, y una larga galería de extraños viajeros, perturbados eruditos, científicos, hombres de letras, ermitaños, místicos y gamberros, un catálogo de la más pura y absurda excentricidad inglesa.
Edith Sitwell es una de las escritoras más originales y fascinantes del siglo XX. Poeta, ensayista, novelista, excéntrica profesional, miembro de una decadente familia aristocrática, icono cultural de los años veinte, modelo de fotógrafos como Cecil Beaton, su obra fue admirada por personalidades de la talla de Eliot, Cyril Connolly o Stephen Spender.
Sitwell, poeta famosa por su obra satírica o de género burlesco, además de crítica y biógrafa inglesa, nació en Scarborough (Yorkshire) en 1887. Hija del aristocrático –y excéntrico– Sir George Sitwell, se crió en el seno de una familia de rango y posibilidades, lo que le permitió disfrutar de la educación que la alta sociedad inglesa reservaba para los de su clase.
Por tanto, el perfil aristocrático y eduardiano de la familia era muy marcado, aunque Edith, en la línea de sus coetáneos de Bloomsbury, siempre mantuvo su independencia de carácter en una época gregaria y constreñida por las apariencias.
Ella y sus hermanos Osbert y Sacheverell fueron probablemente la familia literaria más famosa de la época, y Sitwell sorprendió y divirtió a la gente con sus escritos, sus extravagancias y sus espectaculares vestidos isabelinos.
Fue una escritora en la punta de la vanguardia artística, aportando o apoyando modas innovadoras en la poesía inglesa, y se opuso a lo que consideraba el convencionalismo de muchos poetas ingleses que se aferraban al pasado.
En 1912, a los veinticinco años de edad, Edith Sitwell se traslada a vivir a un pequeño apartamento en Pembridge Mansions, Bayswater, el cual compartió con Helen Rootham, su institutriz desde 1903.
Este piso se convertiría en un punto de encuentro de jóvenes escritores de quien sería amiga y maestra y entre los que estarían más tarde Dylan Thomas y Denton Welch.
También ayudó a publicar la poesía de Wilfred Owen después de su muerte. Empezó a escribir durante la Primera Guerra Mundial, situándose a la cabeza del movimiento vanguardista inglés con una serie de antologías poéticas llamadas Wheels que aparecieron anualmente desde 1916 hasta 1921.
En estas antologías colaboraron con Edith sus dos hermanos, Osbert y Sacheverell, además de un entusiasta puñado de escritores que incluía nombres tan conocidos posteriormente como el citado Wilfred Owen así como Aldous Huxley.
Las composiciones contenidas en Wheels, con su audaz y depurada técnica, su inteligente cinismo y su irónico desencanto, constituían una muestra avanzada del tono que iba a dominar el periodo poético de la Inglaterra de entreguerras.
La poesía de esta primera época de la autora –la que corresponde a casi toda su producción anterior a 1939– ofrece una acusada brillantez formal, una agresiva audacia métrica y verbal, y una exagerada profusión de concatenaciones imaginativas, literarias, musicales y pictóricas, patentes o alusivas, sobre un fondo de poca profundidad emotiva o intelectual.
Es una poesía fría e irónica, frecuentemente burlesca, premeditadamente estridente, a modo de reacción bufonesca frente al mundo. En esta primera época se encuentran obras como Façade (1922), Bucolic Comedies (1923) y The Sleeping Beauty (1924).
Sin embargo, de no haber superado las características de esta primera etapa, la poesía de Edith Sitwell hubiera permanecido como un arte condensado en una mera forma estilística.
Afortunadamente, esta actitud cambiaría en la fascinante producción posterior que comienza en 1940, en la que los temas tratados adquirirían una mayor relevancia.
La obra poética de Edith escrita después de ese año no supone, en conjunto, más de un tercio de su producción total, pero gracias a ella se puede considerar a esta escritora como una de las grandes figuras de la poesía contemporánea occidental.
Still Falls the Rain (1940), es uno de sus primeros poemas compuestos en esta nueva línea. En él se utiliza la técnica anterior, con gran brillantez y un audaz paralelismo de imágenes, para alcanzar una finalidad superior y más profunda en cuanto a contenido.
Con el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial, Edith Sitwell toma una nueva dirección, orientando su poesía hacia una faceta humanitaria y religiosa, síntoma de la profunda transformación operada en la conciencia de la poetisa.
Su progresivo acercamiento al catolicismo y su conversión a él, unos años más tarde, es la lógica consecuencia del estado de ánimo delatado en el barroco y metafísico simbolismo de Still Falls the Rain.
Posteriormente publicaría las colecciones Street Songs (1942); Green Song (1944); The Song of the Cold (1945) y Gardeners and Astronomers (1953), donde Edith destaca como una autora de gran categoría en la que su poesía había adquirido una nueva dimensión debido al ahondamiento de su vida religiosa.
Al margen de la poesía, tiene importantes trabajos de crítica literaria como Alexandre Pope (1930), Aspects of Modern Poetry (1934) o el ensayo sobre poesía Some Notes on My Own Poetry (1952).
En el campo de la biografía escribió un libro sobre la reina Victoria, Victoria of England (1936), y dos sobre Isabel I de Inglaterra, Trompetas para Isabel (1946) y The Queens and the Hive (1962).
Las tres obras fueron extremadamente exitosas, al igual que Excéntricos ingleses (1933). Su única novela, I Live under a Black Sun, basada en la vida de Jonathan Swift, fue publicada en 1937.
En 1954 se le concedió el título de dama del Imperio británico. Desde 1957 vivió postrada en una silla de ruedas, y su última lectura de poesía fue en 1962.
Moriría de hemorragia cerebral el 9 de diciembre de 1964 a los 77 años, en el Hospital St. Thomas.
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