"Falkland-Malvinas. Panfleto contra la guerra", de Samuel Johnson

falkland-malvinasNada tan necesario como una aclaración histórica y moral cuando se conmemora el triste aniversario de la guerra de 1982 entre Argentina e Inglaterra. Gracias a la soberbia edición de este panfleto de Johnson presentada por Daniel Attala, el lector menos informado cuenta con la posibilidad de conocer las raíces del conflicto como quien pide una visión de conjunto y para ello se deja guiar por un asesor de confianza.

¿Por quién? Sin duda, el relato introductorio de Attala es muy revelador y confirma que nos encontramos en buenas manos. Por su extensión y su densidad, ese prólogo vale por todo un libro.

Le son a uno especialmente útiles los detalles que señala a propósito de las invasiones de las Malvinas y sobre las escaramuzas militares y legales que marcaron su historia.

Después, a la vuelta de una página, llega el texto que anticipa ese prólogo: Sobre las recientes negociaciones en torno a las Islas de Falkland (Thoughts on the Late Transactions Respecting Falkland's Islands), escrito por el Doctor Pomposo –o sea, Johnson– en 1771

Por las mismas fechas, el buen doctor había publicado otros panfletos: en 1770 The False Alarm, contra el político John Wilkes, a quien también cita Attala; en 1774, The Patriot, a modo de crítica de ese patriotismo de pompa y alarde que John Stuart y los suyos convirtieron en una profesión; y un año después, Taxation No Tyranny (1775), dirigido –con muy escaso tacto, por cierto– a los colonos de América, tanto a los moderados que pedían representación parlamentaria como a los separatistas que deseaban acabar con la Colonia.

De la hostilidad al abismo de la guerra sólo hay un paso, y Johnson lo sabía. Por eso mismo, en el escrito que nos ocupa, insiste en no comprometer a Inglaterra en una confrontación militar con España.

Para justificar su postura, primero narra la historia compartida por ambos países. Ahí, como es natural, toma partido por su tribu, y en principio, retrata a los españoles como nuevos ricos que neciamente –ay– dilapidan las riquezas obtenidas en el Nuevo Mundo.

Luego, cuando toca hablar de los corsarios que partieron en pos de esos tesoros, despacha el tema en estos términos: "A causa de la guerra entre Isabel y Felipe las riquezas de América se convirtieron en un trofeo legítimo; aquellos, pues, que temían el peligro menos que la pobreza, imaginaron que la fortuna sería fácil de alcanzar despojando a los españoles".

Sin embargo, Johnson no vive en una torre de marfil, ni se engaña vanamente con los mitos nacionales. Precisamente por eso insiste en que la mala suerte acompañó a este empeño inglés: "Bajo el reinado de Isabel, periodo dilecto de la grandeza británica, ninguna empresa contra América tuvo otro efecto que el de extender los alcances de la navegación inglesa".

Ese memorial de fracasos, sumado a un entendimiento de las razones legales de España y de los ingleses, funda este alegato contra la guerra, bellamente escrito y de una profundidad filosófica que nos habla de la naturaleza íntima del escritor.

"Después de todas nuestras reyertas, extranjeras tanto como domésticas –escribe– podemos, por fin, anhelar estar un poco más tranquilos, recreándonos en la vista de nuestro éxito".

Es curioso que unas líneas escritas en el siglo XVIII nos produzcan esa sensación de actualidad. Algo así como si no hubiera cambiado la melodía del mundo, y Johnson fuera capaz de atar los cabos de la historia.

Nota editorial

Al comienzo de este panfleto, titulado originalmente Sobre las recientes negociaciones en torno a las islas Falkland, publicado en 1771 de forma anónima, Samuel Johnson afirma que a veces «la fortuna» se complace, de manera caprichosa, en dotar de sentido cosas o sucesos que de otro modo hubieran caído en el olvido. Tras lo cual imagina que tal vez el hecho de que le tocase justo a él ser el primer cronista de las islas Falkland fuera en el fondo una astucia de la Providencia para hacerlas subir, de un solo golpe de suerte, al carro de la Historia: la fortuna haría que él otorgase fama a las Falkland del mismo modo que había hecho que Julio César –Alea jacta est– diera fama a ese hilo de agua del Rubicón.

Más que una primera crónica del archipiélago situado en la plataforma continental de América del Sur, el texto del «Doctor Pomposo» es uno de los alegatos contra la guerra más hermoso de la literatura universal.

«Puesto que la guerra es el último remedio, cuncta prius tentanda, todo expediente legal tiene que ser utilizado con el fin de evitarla. Puesto que la guerra es el colmo del mal, es evidente que aquellos que por cuya posición son responsables del cuidado de las naciones, tienen la obligación de evitarla en las suyas» (Samuel Johnson)

«Su descripción de las miserias de la guerra en este panfleto es una de las piezas de elocuencia más preciosas de la lengua inglesa» (James Boswell)

Ficha editorial

Falkland-Malvinas: panfleto contra la guerra

Autor: Samuel Johnson

Edición: Daniel Attala

Colección Singladuras, nº 10

ISBN: 978-84-15174-11-0

PVP con IVA: 12,50 €

Páginas: 136

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de nota editorial e imágenes © Fórcola. Reservados todos los derechos.

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