Esta obra delicada e insólita forma parte del esfuerzo de Hearn por divulgar tradiciones pintorescas y cuentos del acervo popular de países lejanos.
Después de haber traducido a Gautier en Cleopatra's Nights and Other Fantastic Romances, Lafcadio Hearn editó en 1884 Strange Leaves from Strange Literature, donde adaptaba relatos polinesios, judíos, árabes, finlandeses, hindúes, egipcios y esquimales.
Con un estilo romántico, delicado, ocasionalmente afectado, Hearn reflejó siempre su obsesión por el pasado preindustrial. De ahí que le encantase narrar de nuevo cuentos de fantasmas como los que reúne este volumen.
Encanto. Esa es la palabra que mejor describe un libro de estas características, y sin duda, es también el mejor argumento para recomendarlo.
Un periodista cosmopolita
En Occidente, la mayoría de los mitos del Japón fantástico se los debemos a Hearn. Por situar un ejemplo, es él quien populariza a comienzos del siglo XX una aventura protagonizada por dos hombres, Mosaku y Minokichi, que han de enfrentarse a un espectro de la nieve.
“Yuki–Onna”, que tal era el título del relato, fue más tarde llevado al cine en Kwaidan (Kaidan, 1964), de Masaki Kobayashi, la película que sirvió para universalizar este y otros cuentos de Hearn, reunidos en el libro homónimo.
De ascendencia irlandesa y griega, con nacionalidad inglesa pero traído al mundo en la isla de Léucade en 1856, Hearn llevaba el cosmopolitismo en la sangre. Y aunque suene a tópico, él lo tuvo a gala durante el resto de su existencia.
Abandonado por los suyos, trabajó en Inglaterra y Estados Unidos, donde perdió su empleo como periodista por casarse con una mulata, Mattie Foley, en contra de las leyes segregacionistas de Ohio.
Hacia el Sol Naciente
Japón fue su patria de acogida desde 1890. En realidad, viajó al archipiélago por encargo de la revista Harper's Weekly, pero ya nunca abandonó aquellas tierras.
Allí contrajo matrimonio con la hija de un samurái, se hizo budista y cambió su nombre de pila por el de Yakumo Koizumi.
Feo y sentimental, Hearn fue recibido calurosamente por los nipones, que pronto lo consideraron uno de los suyos.
Enseñó inglés en la Escuela Superior de Kumamoto y en la Universidad Imperial de Tokio, y se entregó a la tarea de estudiar las tradiciones locales.
Tanto la citada –y bellísima– Kwaidan como la obra que le sigue, El romance de la vía láctea, fueron leídas por los españoles de los años cuarenta y cincuenta en las ediciones de la colección Austral.
Así supimos, por ejemplo, que "en Izumo nacen algunos gatos con la cola larga, pero es raro que se la dejen crecer, porque teniendo en cuenta su natural tendencia a lo diabólico, el único medio de impedir esta metamorfosis es cortarles la cola desde muy pequeños. De todos modos, con o sin cola, los gatos, desde que nacen, están dotados de hechicería, hasta tal punto que tienen el poder de hacer bailar a los muertos".
Le aseguro que el mismo poderío evocador se encuentra en estos Fantasmas de la China.
Ficha editorial
Lafcadio Hearn
Fantasmas de la China
Traducción de Marcos Mayer
Posfacio de Pablo de Santis.
ISBN: 978-84-8393-078-6
160 páginas
PVP 9,90 €
Coedición con La Compañía n.º 4
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de la imagen © Páginas de Espuma. Reservados todos los derechos.
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