Francisco Acebal: "Penumbra"
- Detalles
- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Libros
- Creado en 06 Septiembre 2011
- Published: 06 Septiembre 2011
El credo literario, la norma productora de Francisco Acebal (Gijón, 5 de abril de 1866 – Madrid, 5 de octubre de 1933), de este exquisito y recoleto novelista no prodigado en la superproducción ni el reclamo fácil, quedaron señalados por él mismo en su primer libro.
Decía el autor, amparándose en unas palabras de Maupassant, que el novelista· «deberá componer su obra de una manera en apariencia tan sencilla, que no sea posible indicar en ella el plan», y que «el novelista de ayer escogía las crisis de la vida, los estados agudos del alma y del corazón; el novelista de hoy escribe la historia del corazón y del alma en su estado normal», y a fe que Acebal supo cumplir con esta promesa de fidelidad que a su alma hizo espontáneamente.
Sus libros son plácidos cauces del sentimiento. Están como envueltos en la sutil neblina de su tierra norteña (Acebal es asturiano; un asturiano de profunda densidad mental y de una cordialísima ternura lírica). En las suaves ondulaciones de la idea y del estilo no estallan ni las carcajadas, ni el grito, ni el apóstrofe; pero es frecuente el trémolo de los sollozos, y se asoma, como un sol pálido, la sonrisa humilde, y suenan cariciosos los diminutivos, que tanta delicadeza emocional sugieren.
El medio ambiente y los personajes de sus fábulas está confinado á la mesocracia. Aquella noble mesocracia española de hace quince o veinte años, tan pura de contactos extranjerizos, y que ahora, al verla enturbiada por la postguerra y el arrivismo necio de una falsa europeización, sigue siendo el tema favorito a su talento, como demuestra Penumbra.
Acebal tiene la sutil aristarquía de su temperamento. Es un gran señor de la Literatura que no gusta descender a promiscuidades subalternas y advenedizas. Así, toda su obra se conserva pura, cabal y homogénea. Sus libros tienen un aroma de sencillez y un aire de recogimiento realmente conmovedores. Los títulos de ellos prometen lo que después se cumple en la limpieza y la riqueza sentimental de los relatos.
Huella de almas, Dolorosa, Aires de mar, Desde mi rincón, El Calvario, novelas de entrañable ternura, de noble emoción, dignas antecesoras de esta Penumbra, con su protagonista hundiéndose en el misterio apasionado... Pero no termina la excelencia literaria de Acebal en su serie de admirables novelas.
Es también el dramaturgo insigne de Nunca y Los antepasados, el fundador de la revista La Lectura y sus anexas las dos editoriales de Clásicos españoles y las obras de Pedagogía moderna, y es el galdosiano ferviente a quien se debe una de las mejores escenificaciones de las novelas del maestro, de aquel Amigo Manso, tan extraordinario y tan genialmente vulgar.
[Tomado del prólogo de "Penumbra", La Novela Semanal, 7 de junio de 1924]
Novelas
De buena cepa, Madrid, 1902.
Dolorosa, Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1904. Reimpresa en Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos, 1999, con introducción de José María Roca Franquesa.
Frente a frente, 1905.
El Calvario (Novela de costumbres contemporáneas), Barcelona: Montaner y Simón, 1905.
Cuentos
Huella de almas, Madrid, Biblioteca de La Lectura, 1901.
De mi rincón, Salamanca, 1902.
Penumbra, Madrid: Prensa Gráfica, 1924.
Rosa mística, Madrid: Los Contemporáneos, 1909.
Teatro
Nunca, Madrid, 1905, Tipografía de la Revista de Archivos.
A la moderna, Madrid: Renacimiento, 1914.
Los antepasados, Madrid, 1920, Tipografía de la Revista de Archivos.
Misericordia
Un buen querer
Ráfagas de pasión. Madrid: Los Contemporáneos, 1925.
Muñecos de barro.
El amigo manso. Adaptación escénica en tres actos de la novela del mismo título de Pérez Galdós Madrid, 1917.










