Historia maldita de la literatura. La mujer, el homosexual, el judío, Hans Mayer, traducción de Juan de Churruca, Taurus, Madrid, 1999, 418 pp.
En 1975, el profesor Mayer se encaró con el tema de los marginales (Aussenseiter es el título de la obra en alemán) partiendo de una perplejidad ilustrada: la Ilustración peraltó una imagen homogénea e igualitaria de la humanidad, la cual deja de lado a los anormales, los monstruos, los individuos excepcionales, los genios, las minorías elegidas y nada menos que el «continente negro» de la especie, la densa y opaca mujer. O Mujer, si se prefiere.
Esta ambigüedad (lo anómalo como privilegiado a la vez que denostado) se vincula con la categoría de lo sacro y su ambivalencia, tan insistentemente estudiada por la sociología francesa.
Sin ir tan lejos, Mayer se limita a explorar incontables ejemplos literarios de tipificación: mujeres, homosexuales, judíos.
Como siempre en él, la erudición es generosa y la casuística, prolija.
Hay observaciones críticas agudas junto a simplificaciones sociologizantes, divagaciones y ejemplos de imprecisión.
El panorama de conjunto no es nítido, pues se mezclan personajes imaginarios y reales, sin distinguir lo que ocurrió en la vida fáctica y lo que cristalizó en el imaginario.
El balance no deja de ser curioso. Apenas se intenta una tipificación literaria de la mujer, por ejemplo, aparecen paradigmas que poco tienen que ver, desde Juana de Arco a Salomé, de la Virgen María a Débora, de Dalila a Marylin Monroe.
Lo mismo cabe decir de homosexuales (mayormente varones) y judíos. Dentro de estas categorías, tan fluctuantes de por sí, el centro y la periferia vuelven a reproducirse y la marginación se torna un proceso infinito. Siempre hay márgenes de márgenes y etcéteras de etcéteras.
En la actualidad, la sociedad permisiva ha abolido la posibilidad de marginarse y transgredir.
Quizá Mayer se haya dirigido al pasado, a las voces que enmudecieron con los siglos y ahora son letra, muda y elocuente letra.
Así, la Ilustración desarrolló las fuerzas humanas para dominar a la naturaleza y a los dioses, con lo cual aumentó el dominio humano sobre los hombres, divinizándolo y naturalizándolo.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos
30 días atrás
30 días atrás
46 días atrás
46 días atrás
134 días atrás
144 días atrás
148 días atrás
151 días atrás
151 días atrás
165 días atrás
165 días atrás
165 días atrás
165 días atrás








































































