Ozzy Osbourne: el príncipe de las tinieblas, el padrino del heavy metal –un título que se disputa con Alice Cooper y Ronnie James Dio–. Su vida podría resumirse con el estribillo de su himno Crazy Train: "Estoy a punto de descarrilar en un tren fuera de control" ("I´m going off the rails in a crazy train").
Así se condensa un cúmulo de experiencias sobre los que ahora nos regala estas memorias.
En el fondo, la historia de Ozzy es la de un tipo con suerte, mucha suerte. Nacido en el seno de una familia de clase baja en la Inglaterra de posguerra, disléxico, y bebedor, era un candidato perfecto a hooligan, pura carne de presidio.
Sin embargo, el destino le unió a otros tres tipos junto a los que formó una banda que, tras varias encarnaciones, fue conocida como Black Sabbath, y el resto es historia, con su reflejo en canciones como Paranoid, Iron Man y Sabbath Bloody Sabbath.
Tras ser expulsado de Black Sabbath, Osbourne tuvo la fortuna de que la manager Sharon Arden, con la que posteriormente se casó, cogiese las riendas de su carrera y le encarrilase hacia una exitosa y multimillonaria trayectoria en solitario, rodeado de excepcionales músicos como Zakk Wylde o los prematuramente fallecidos Randy Rhoads y Randy Castillo.
A lo largo de esa etapa, sobresalen álbumes como Blizard of Ozz (1980), No More Tears (1991) y Live at the Budokan (2002).
La última vuelta de tuerca de su carrera le convirtió en la estrella de un reality show sobre su vida y la de su familia, The Osbournes, emitido en la cadena MTV entre 2002 y 2005.
Pese a ser durante unos cuarenta años seguidos un politoxicómano (desde alcohol a cocaína, pasando por toda clase de barbitúricos), Ozzy tuvo la fortuna de no morir de una sobredosis, ahogado en su propio vómito o atropellado por dormir la mona en medio de una autopista. Es un milagro que la suma de sus adicciones no le provocase secuelas irreversibles, aunque el coste haya sido alto.
Hasta ahí la parte positiva. La oscura no le anda a la zaga: brotes psicóticos que culminan en intentos de asesinato y agresiones a sus parejas. Comportamientos escandalosos, como su detención por orinar en los muros de el fuerte de El Álamo (sí, ese mito fundacional de Texas) o su expulsión de una visita al campo de exterminio de Dachau por conducta violenta.
Todo esto y más cabe en estas memorias que publica con la ayuda de Chris Ayres.
Claro que siempre hay que acercarse con cierto grado de sano escepticismo a unas memorias, porque el género siempre tiende a los olvidos voluntarios, la parcialidad, las justificaciones o el embellecimiento del pasado. Recuerden que la historia la escriben los triunfadores.
I am Ozzy (Confieso que he bebido) es un texto hilarante, aunque muy a menudo deje un regusto muy amargo, precisamente por el patetismo de las situaciones en las que se ve envuelto el personaje.
En su primer tramo, el libro se centra en la carrera musical de Osbourne. Obviamente, son las memorias de un músico de rock. Pero ese interés por el espectáculo se va diluyendo paulatinamente, y la obra acaba centrándose en los comportamientos extravagantes y en los escándalos del artista.
Ahí va un ejemplo: Ozzy no se ha librado de controvertidas demandas por inducción al suicidio, a raíz de la muerte de un adolescente norteamericano.
También ha sido blanco de las iras de grupos de extremistas cristianos, por su presunta vinculación a sectas satánicas. En sentido contrario, ha irritado a las sectas satánicas, por intentar dejar clara su no vinculación a estas.
Asimismo, le han acosado grupos de presión de izquierdas, capitaneados por Tipper Gore, la ex esposa del ex vicepresidente norteamericano y ecologista multimillonario Al Gore. Dicha señora intentó labrarse una reputación, ejerciendo de azote de grupos de heavy metal o rap, en la California de los años ochenta, con una conducta que casi cabría tachar de censora.
Como decía, la segunda parte del libro se aleja de lo meramente musical, y pasa casi de puntillas por su carrera en los noventa. No obstante, hará las delicias de quienes busquen cotilleos e alto voltaje, al estilo del famoso libro de Kenneth Anger, Hollywood Babilonia. Al fin al cabo, de eso se trata en esta obra: sexo, droga y rock´n´roll, con murciélagos y palomas decapitadas incluidos.
En fin, ya ven que si no hubiese existido un tipo tan imprescindible como Ozzy Osbourne en el show business del rock, habrían tenido que inventarlo.
Sinopsis
«Mi padre –dice Osbourne– siempre pensó que yo haría algo grande: Tengo una corazonada, John Osbourne, me decía después de unas cuantas cervezas, o acabas haciendo algo muy especial o acabas en la cárcel. Y llevaba razón el viejo: antes de cumplir los dieciocho ya estaba en la cárcel.»
El máximo vocalista y bocazas de la escuela demente nunca terminó el bachillerato, pero posee tres títulos nobiliarios concedidos por aclamación: príncipe de las tinieblas, cafre laureado y padrino del heavy metal.
Lo que no tiene, sin embargo, es vergüenza ni cordura ni sentido del ridículo. Afortunadamente, cabría añadir, porque habría bastado una pizca de decoro o un poco de amor propio para que este divertidísimo libro no existiera: al fin y al cabo, nadie en su sano juicio confiesa con una alegre sonrisa que acabó en el talego por robar tres veces seguidas en la misma tienda, que en su juventud sólo fornicaba con mujeres feas, que orinó contra los sagrados muros de El Álamo y después contra su futuro suegro, que descabezó una paloma (viva) mediante un certero mordisco frente a un cónclave de ejecutivos horrorizados y repitió luego la operación con un murciélago para espanto de los presentes en uno de sus conciertos, que nada más llegar a una lujosa clínica donde se redimen borrachos arrepentidos preguntó por el bar pensando que en aquel sitio enseñaban a beber con elegancia, que su tarta de hachís rancio puso a un bondadoso párroco en los umbrales de la vida eterna, que se ha dedicado al exterminio de gallinas, que ha expulsado sus peores secreciones en los lugares y momentos menos oportunos…
Cosas tan delicadas no se le cuentan ni al confesor salvo cuando uno se ríe de todo y sobre todo de su sombra.
Ozzy Osbourne se crió en lo más inhóspito de la Inglaterra proletaria, pero consiguió escapar de ese agujero gracias a Black Sabbath, una banda de rock dura y presuntamente satánica.
Después siguió vendiendo discos en solitario (hasta acumular cien millones) mientras ingería cantidades industriales de sustancias tóxicas y se promocionaba como gran energúmeno y payaso a tambor batiente. Hoy es un millonario de dudoso gusto y humor incombustible que pasea su vida doméstica (sin duda pintoresca) por las pantallas de nuestros televisores.
Pero como ese bonito espectáculo sólo cubre tres años de jaleo, Ozzy ha decidido narrarle los episodios más jugosos de su vida a una cinta magnetofónica que su negro transcribe respetando escrupulosamente los curiosos giros orales o anales del narrador. Es imposible salir de este libro sin ganas de contar las anécdotas en él consignadas: porque de verdad te descojonas.
«La gente –dice– me pregunta cómo es posible que siga vivo y no sé qué responder. Si de niño me hubieran puesto contra un muro junto a mis amigos del barrio y nos hubiesen preguntado quién de nosotros iba a alcanzar los sesenta, quién acabaría con cinco hijos, cuatro nietos y una mansión a cada lado del Atlántico, no habría dado un duro por mí, ni de coña. Pero aquí me tenéis: dispuesto a contaros la historia por primera vez.
»Cada día de mi existencia ha sido un acontecimiento. Me entregué durante tres décadas al cultivo de la politoxicomanía con combinaciones mortíferas de drogas y alcohol. Me han detenido por un asesinato frustrado. He sobrevivido al choque de un avión con mi furgoneta, a sobredosis suicidas y a un largo menú de enfermedades venéreas, pero estuve a punto de perder la vida pilotando un quad que pasó sobre un bache a la trepidante velocidad de tres kilómetros por hora.
»Hablaré de asuntos no muy agradables: he cometido unas cuantas fechorías y siempre me atrajo el lado oscuro, pero no soy un demonio. En realidad soy un chico de familia obrera que dejó su trabajo en la fábrica para irse de juerga.»
Ficha editorial
Título: I am Ozzy (Confieso que he bebido). Memorias de Ozzy Osbourne.
Autores: Ozzy Osbourne y Chris Ayres
Editorial: Global Rhythm
Colección: Memorias
Nº Páginas: 350
Encuadernación: Rústica
Formato: 13,00 x 23,00 cm
PVP con IVA: 22,00 €
Tipo de edición: Primera edición
Fecha de publicación: 24-03-2011
Categorías: No ficción
EAN13: 9788496879546
Copyright del texto © José Luis González. Reservados todos los derechos.
Copyright de la sinopsis e imágenes © Global Rhythm Press. Reservados todos los derechos.








































































